Uno de los autores más importantes de toda la historia de la Literatura es el inglés William Shakespeare. Un escritor que se ha convertido en el referente para otros compañeros y también para actores de todo el mundo que han encontrado en él su fuente de inspiración y su modelo a seguir.

Romeo y Julieta (1595), Hamlet (1601), Macbeth (1606) u Otelo (1603) son algunos de los trabajos más importantes que realizó aquel quien acometió obras de muy diversa tipología. Así, se movió con total soltura en el ámbito del drama, del género histórico e incluso en el fantástico.

Sin embargo, uno de los géneros que mejor dominó fue, sin duda alguna, el de la comedia. De ahí que podamos disfrutar de grandes trabajos que nos dejó en este campo como sería el caso, por ejemplo,  El sueño de una noche de verano (1595).

Para conmemorar el enlace entre Elizabeth Carey y Sir Thomas Berkeley escribió este libro que viene a plantear en clave de humor lo conflictivo de las relaciones de pareja. Eso lo consiguió a través de personajes de todo tipo como hadas y seres mágicos, al mismo tiempo que figuras de carne y hueso que pertenecían a la corte inglesa en ese momento y que consiguen despertar las sonrisas del lector.

En el año 1599 fue cuando, por su parte, vio la luz la obra Mucho ruido y pocas nueces. Un trabajo que comparte con el anterior el hecho de que gira entorno a personajes de la corte y a los conflictos que puede traer consigo el amor.

En este caso los dos protagonistas son Beatriz y Benedicto de Paula, dos enemigos irreconciliables que no se soportan pero que tienen en común su rechazo al amor así como su carácter mordaz. Sin embargo, con el paso de la historia, y después de múltiples enredos, empezarán a descubrir que quizás esa línea que les separa sea cada vez más delgada.

El fin justifica los medios

William Shakespeare fue pionero en algunas cosas y entre ellas en conseguir establecer sus obras en entornos hasta el momento dejados a un lado. Esto lo podemos ver en la comedia Las alegres comadres de Windsor (1599), también conocida como Las alegres casadas de Windsor, que tiene el honor de ser la primera comedia inglesa que no se desarrolla en el ámbito de la nobleza sino en el de la clase media.

La historia que se nos cuenta es la de Falstaff, un hombre que llega a Windsor sin dinero y decide cambiar su situación. Para ello lo que hará será intentar cortejar a dos mujeres casadas (Alice y Margaret) con una buena posición económica.

Su manera de enamorarlas será mandándoles cartas de amor idénticas a ambas, pero sus planes se torcerán cuando los criados de aquellas informen a los respectivos maridos de lo que está sucediendo y uno de ellos intente descubrir qué intenciones tiene Falstaff.

Precisamente el hecho de que el hombre utilice todos los mecanismos que tiene a su alcance para lograr sus fines es también el leit-motiv de otra de las comedias más interesantes de dicho autor. Nos estamos refiriendo a A buen fin no hay mal principio, del año 1601, que también es conocida como Bien está lo que bien acaba.

Una obra esta donde los protagonistas, Beltrán y Elena, emplean todos los recursos que pueden para conseguir sus objetivos, ya sea en el plano amoroso o en el del poder.