Los escritores más antiguos creían en la existencia de las musas, divinidades inspiradoras de las artes y las ciencias. Aunque su genealogía difiere según la fuente, la creencia más extendida señala que las musas son hijas de Zeus (dios del cielo) y Mnemósine (diosa de la memoria), nacidas en Pieria al pie del monte Olimpo.

MusasTampoco está claro cuántas son las musas. El consenso terminó por hacer referencia a nueve musas canónicas: Calíope (“la de la bella voz”), Clío (“la que celebra”), Erato (“amorosa”), Euterpe (“deleite”), Melpómene (“cantar”), Polimnia (“muchos himnos”), Talía (“florecer”), Terpsícore (“deleite de la danza”) y Urania (“celestial”).

En los poemas de Homero, las musas son diosas de la música y la poesía que viven en el Olimpo. Allí se dedicaron a cantar canciones en los banquetes de los dioses y lamentos en el funeral de Patroclo.

¿Cuál es el poder de las musas en la poesía? Se considera que las musas tienen la capacidad de presentarle al poeta los sucesos que va a relatar en sus poemas. En la antigüedad, los poetas creían realmente en la invocación a las musas y en el poder de ellas para inspirarlos.

El mencionado Homero, Virgilio, Dante Alighieri y hasta William Shakespeare han sido algunos de los escritores que se permitieron invocar a las musas en sus escritos.

En la actualidad, el llamado a las musas suele ser una imitación más que una verdadera creencia. Ya nos hemos referido en este blog a que la poesía no se limita a la inspiración y que requiere de trabajo y estudio para llegar a buen puerto. De todas formas, la actividad poética tiene una esencia misteriosa que nos impide precisar cómo se concreta. Hace falta algo que más que esfuerzo para realizar un buen poema. Tal vez, las musas estén rondando por nuestra mente, a la espera de ser invocadas.