Las fronteras en los márgenes de Arturo Borra I

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Las fronteras en los márgenes de Arturo Borra IHoy para muchos es un día festivo, así que para no desentonar he decidido también unirme a la fiesta. Y, qué mejor forma de hacerlo que publicando una reseña de un libro maravilloso. Yo no encuentro camino más decorado y placentero que ese; espero que su lectura les ayude a disfrutar de este y muchos otros días.

Para trazar lo (im)posible fue el poemario con el que conocí a Arturo Borra. Y me dejó una impresión tal su lectura que, aprovechándome de su gran simpatía, publiqué con su colaboración una entrevista que pueden leer en este enlace.

Lo que les traigo ahora es un trabajo posterior, recientemente publicado en la editorial 4 de agosto en una colección sencilla pero cuidada que se llama Planeta Clandestino. Un libro que se titula Anotaciones al margen y que contiene un conjunto de poemas que abrazan los límites no sólo de la realidad sino también del lenguaje; en la voz madura y fértil de un poeta que les recomiendo que no se pierdan.

Como su lectura ha sido tan enriquecedora y no quiero que se me quede nada fuera he decidido dividir la reseña en dos partes y así poder esbozar mínimamente el universo que se esconde en este librito. En esta primera parte voy a escribir sobre la denuncia social que se esconde en estas páginas, las alambradas antiinmigrantes (los márgenes visibles); en el segundo artículo encontrarán los otros límites, los de los roles que a cada uno le tocan y los propios del lenguaje (los márgenes invisibles). Espero que les guste.

Los individuos del margen

Si bien la esencia de la poesía de Borra es la denuncia social, en Para trazar lo (im)posible se podía hacer una lectura individual de la pérdida, de la extrañeza; pero en Anotaciones al margen la visión es ampliamente colectiva. Aunque existe la extranjería y la escritura como experiencia particular siempre parece estar enlazada hacia las vivencias sociales, o al menos permitir esa doble lectura constantemente.

La voz se alza por encima de sus propias miserias e intenta poner sobre la mesa las verdades de los olvidados, de los invisibles, de los que viven al margen. La fuerza de esta obra asombra y poco se condice con el tamaño del artefacto; porque, si bien es un poemario pequeñito (de dimensiones, digo), encierra tantas lecturas diversas y posibles caminos, que el diminutivo no lo acompaña más que en la primera impresión.

Su lectura nos introduce en la realidad de aquellos individuos que por determinadas circunstancias se han ubicado (o la vida lo ha hecho por ellos) en un rol o espacio específico. Nos internamos en una experiencia que se asemeja a uno de esos juegos de mesa en los que vas escogiendo (o el azar lo hace) posibles senderos y, dependiendo del camino trazado descubres o consigues unas cosas u otras. Y tocamos realidades que también han sido perjudicadas o eliminadas del mapa por obra del azar.

Ya sabemos eso que dicen de no juzgar a las personas por las apariencias, y como los libros tienen alma deberíamos contemplar este consejo en el trato con ellos. Anotaciones al margen es, sin lugar a dudas, una forma diminuta de elevar la voz bien alto.

Alambradas antiinmigrantes

La frontera que divide España y Marruecos, en la ciudad de Melilla, no es como cualquier otro paso fronterizo; es el muro de Berlín de la actualidad, construido a consciencia por los mismos que festejaron la caída de éste. Comenzó a construirse en 1998, según datos de la Wikipedia. Hace tan sólo dieciséis años, y quieren hacernos creer que las épocas de la conquista han terminado.

La frontera que divide España y Marruecos es un espacio donde se deja en evidencia que los humanos jamás aprendemos de los errores. Basta ver esa alambrada antiinmigrantes para saberlo. Un perímetro cercado de doce metros de longitud dividido en tres partes y construido con acero, redes antitrepa y toda serie de artilugios ideados para evitar el ingreso de extranjeros en España por la vía ilegal.

La frontera que divide España y Marruecos ubica de un lado la abundancia y del otro la pobreza extrema, trazando una línea rotunda y dejando en el desierto inhóspito centenares de vidas humanas que viven en condiciones infrahumanas. El hambre del otro lado de la valla (del otro porque nosotros estamos de este: eso no deberíamos olvidarlo jamás) es tal que muchísimas personas se aventuran; aunque saben que hay más posibilidades de morir en el intento o de volver derrotados, que de conseguirlo.

Esta frontera deshumanizada es un drama que se cobra cada año centenares de muertos y heridos; de personas que desean un mejor porvenir y que lo único diferente a nosotros que han hecho fue nacer del lado de la línea donde reside la pobreza. Es decir, que esa alambrada es una clara demostración de que el bienestar es sólo circunstancial, el azar nos juega a favor o en contra. Nacemos de un lado o del otro y eso nos convierte en personas libres o perseguidas.

Las fronteras en los márgenes de Arturo Borra I

Las esperancitas

Todos los poemas que se acercan a esta realidad, al dolor de esas personas que habitan en el margen real (podríamos decir, el margen visible de los seres imperceptibles), son de una profundidad que te pone la carne de gallina. Entre todos ellos hay dos que he leído ya unas veinte veces y que continúan produciéndome el efecto de las cosas nuevas.

Uno de ellos es el que abre el poemario y se titula «Hambre arriba». Un poema en el que Arturo nos introduce de lleno en las emociones de esas personas que soportan vidas de una tristeza que posiblemente no podamos llegar a comprender con nuestra experiencia. Pone en palabras el hambre y la tristeza pero agrega que pese a toda esa vida insuficiente empujan sus «esperancitas» hacia el alambrado, donde saben que empieza lo peor, la difícil tarea de luchar por una causa, pero están dispuestos a intentarlo.

De alguna forma la lectura nos permite llegar al siguiente mensaje detrás de esa insistencia por atravesar la frontera: ‘No somos inocentes, pero estamos vivos y por eso hay que cruzar la valla’. Y aquí quiero hacer un inciso porque en medio de toda la negrura (y valga este adjetivo) hay una luz: la esperancita. Es el único diminutivo que usa Borra en el poemario y me parece tan atinado. Es como si quisiera tratar con delicadeza la palabra para evitar que se esfume, que desaparezca con la violencia y la xenofobia. Y pienso que es un mensaje muy potente el que se esconde en esta simple palabra, en este trato cuidadoso: porque al fin y al cabo en el espíritu de esas personas dispuestas a enfrentarse a los límites, a mover las fronteras, reside la esperanza de toda la especie humana.

El otro poema es «Seis metros» y Arturo lo dedica a todos los vallados que fracturan el mundo. Un mapa de la realidad que identifica esta valla, o que la parte. De un lado, las casas obesas; del otro, la techumbre que deja pasar el hambre. De un lado, un porvenir asegurado lleno de farsa, negando lo verdadero; del otro, una luz diminuta que se ve colapsada por una valla. Es un poema sumamente intenso que hay que leer y leer, hasta que el alambre horada, hasta que realmente somos capaces de entrar en esas vidas y de hacernos UNO con esas personas condenadas por las circunstancias. Me quedo con un breve extracto. Y los invito a pasarse mañana para leer la segunda parte.

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