Carlos Fuentes es un escritor nacido en Panamá en 1928. De chico vivió en varios países latinoamericanos dado que su padre era diplomático y lo enviaban a diferentes destinos. A los 16 años se radicó en México, donde vive actualmente. Se lo conoce como uno de los escritores mexicanos más reconocido, en lo que respecta a la segunda mitad del siglo XX. Ha escrito múltiples novelas, ensayos y cuentos cortos. Entre sus obras fundamentales destacan: “Aura”, “La muerte de Artemio Cruz”, “Terra nostra” y “La región más transparente”.

Se trata de un escritor que a la hora de escribir ficción no ha dejado de lado su faceta de cronista y periodista y que sabe dirigirse de una manera clara y eficaz.

Su nuevo trabajo, titulado “La gran novela latinoamericana”, es una obra orientado hacia lo periodístico, mejor aún, se trata de una tesis literaria, donde el autor regresa a las viejas pero eternas lecturas que han sido vitales para su crecimiento y para el de miles de personas. Una recapitulación de todas esas buenas lecturas que no deben escaparse de cualquiera que sea un apasionada de nuestro idioma.

Texto con carisma universitario

De hecho en la primera parte del libro puede encontrarse el material que cualquiera que haya estado en la universidad ha tenido que leer, acerca de autores y de literatura universal. El tono en el que está escrito tiende a ser el de un curso de novela latinoamericana, pero redactado con suma fluidez, la que caracteriza a este autor, muy ameno para leer y donde no se encuentran los habituales enredos lingüísticos, gramaticales y verbales, muy propios de los catedráticos de esta área.

Podría decirse que se trata de una obra con un tinte universitario pero escrito por alguien de verdad ama las letras, y sobre todo, que desea que los lectores capten no sólo la esencia del contenido, sino cada una de sus palabras. Todo está escrito por algo, nada es en vano, por eso es importante realizar una lectura profunda y aferrarse a cada expresión para poder encontrar todo lo que el autor nos ofrece, que es mucho.

El eje teórico del análisis parece difuminarse cuando avanza la lectura, sin embargo es importante que lo rescatemos pues, la intención de esta tesis no parece ser otra que la de entender la historia a través de las lecturas e imaginar el Mundo a través de los autores, entendiendo que el mundo es un espacio limitado y un tiempo sin límite.

Según Fuentes la creación de esa cronotopía -tiempo y espacio- que tiene su origen en América, es lo caracteriza a la narrativa de esa región; es por comprender esos límites que imponen el tiempo y el espacio que los autores se lanzan a la aventura de escribir, de crear historias que los ayuden a captar ese tiempo en el que existen.

Autores que se rescatan

En la segunda parte de la obra el autor presenta una serie de artículos que se asemejan a una reseña sobre la narrativa actual, gira en torno a los cuarenta últimos años de la literatura.
En esta parte se pierde un poco la personalidad del autor, parece el texto escrito por otra persona; parece hablar desde un espacio objetivo acerca de lo que significa la literatura contemporánea.

En el texto aparecen alusiones a textos de Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Alfonso Reyes y otros autores que han sido o son contemporáneos a Fuentes.

Algunos capítulos dignos de ser leídos son los que hablan de Machado de Assis, Juan Rulfo y Pedro Páramo. Y, por supuesto su manera de pintar la figura de Cortázar, donde el humor, la ironía y su gran imaginación fueron las responsables de que pudiéramos acceder a la lectura de una obra maestra como lo es “Rayuela”. Según Fuentes este autor es fundamental a la hora de hablar de la tradición de la literatura hispanoamericana.

Autores que debieron ser mencionados

Pese a lo magnífica que es esta obra en muchos aspectos, peca ferozmente en ciertas amnesias, el nombrar muy al pasar a un autor como Ernesto Sábato, fundamental de la literatura argentina, a la que en ocasiones Fuentes describe como “la más rica de latinoamérica”, o de Manuel Puig, deja mucho que desear.

Cierto es que a nivel mundial autores como Borges o Cortázar han tenido un mayor renombre, este último bien merecido desde mi punto de vista, sin embargo no son los únicos peldaños de la obra argentina y el olvido sobre las mentes brillantes, entre las que también se encuentra Héctor Tizón, con un estilo más tradicionalista, más campestre, creo que es un punto en contra de esta monumental obra.

De todas formas Fuentes siempre nos ofrece buenas obras, así que, pese a este punto flojo de su última creación, hay muchos otros por los que vale la pena leerla.