El 1 de marzo de 1791 el matrimonio conformado por el comerciante Antonio José Carpio y Josefa Hernández tuvo a Manuel Eulogio, su octavo hijo, quien, por compromisos laborales de su padre, creció en la ciudad de Puebla.

Durante su juventud, este joven que, a lo largo de su vida, logró destacarse en el ámbito literario, médico, docente y político, ingresó en el Seminario Conciliar de Puebla. Al terminar el curso de Teología, Carpio prefirió alejarse del camino religioso y así fue como optó por cursar Derecho, aunque esta carrera no colmó sus expectativas y la reemplazó por la medicina.

Una vez que comenzó a asistir al curso que impartían dos cirujanos en la Ciudad de Puebla para aquellos que no tenían acceso, por cuestiones económicas, a la Universidad de México, el joven, que se caracterizó siempre por su formación autodidacta, decidió formar junto a un grupo de compañeros una academia particular que tenía como fin reforzar los conocimientos adquiridos en el Hospital de San Pedro.

Poco tiempo después de haber obtenido el grado Bachiller en Medicina, Carpio publicó la traducción al español de los Aforismos y Pronósticos de Hipócrates. Una vez recibido de médico, formaría parte del Establecimiento de Ciencias Médicas (donde se desempeñó como responsable de la cátedra de Fisiología e Higiene), integraría la Primera Academia de Medicina y sería vicepresidente del Consejo Superior de Salubridad.

Con el objetivo de generar hábitos de higiene y educar a la población, Carpio publicó el libro “Medicina Doméstica”. Sin embargo, su consagración en el plano literario estaría vinculada a la poesía. “El río de Cosamaloapan”, “El Turco” y “La cena de Baltasar” son algunos de los títulos de su autoría.

Este hombre al que muchos autores señalan como al Padre del Romanticismo mexicano, falleció el 11 de febrero de 1860, víctima de una enfermedad cerebral.