Además de haber quedado en la historia por su sensibilidad artística, la estadounidense Charlotte Perkins Gilman consiguió que su figura quedara asociada a la lucha feminista, ya que sus ideas y su estilo de vida poco ortodoxo sirvieron de ejemplo para muchas generaciones de mujeres.

Charlotte Perkins GilmanEsta escritora que sedujo desde novelas, cuentos y poesías nació en la ciudad de Hartford el 3 de julio de 1860.

Su niñez fue difícil, ya que no sólo sufrió el abandono de su padre, sino que soportó también fuertes carencias económicas, inestabilidad familiar (ya que con frecuencia ella y sus hermanos eran enviados por su madre a la casa de algunas tías del lado paterno) y condicionamientos por parte de su progenitora, una mujer para nada afectuosa que le prohibía leer ficción y establecer vínculos fuertes de amistad.

Al cumplir sus primeros dieciocho años de vida, Charlotte asistió a la Escuela de Diseño de Rhode Island y comenzó a ganarse la vida como creadora de tarjetas comerciales. Por algún tiempo, además, se desempeñó como tutora.

En 1884, la estadounidense contrajo matrimonio con el artista Charles Walter Stetson y, un año después, trajo al mundo a Katharine, su única hija. Tras el parto, la flamante madre primeriza experimentó una profunda depresión de la que sólo pudo salir una vez que se divorció de su compañero.

Ya separada, Charlotte se instaló junto a su pequeña en California y comenzó a participar de forma activa en diversas organizaciones feministas y reformistas, así como también se encargó de escribir y editar “Bulletin”, un periódico que con el tiempo se transformaría en el semanal literario “The Impress”.

En 1900, la creadora de “El empapelado amarillo” y “Las mujeres y la economía”, entre otras obras, abandonaría la soledad para casarse en segundas nupcias con su primo Houghton Gilman, un abogado que encontraría la muerte de forma repentina en 1934.

La mujer que a lo largo de su trayectoria publicó también títulos como “El hogar”, “Versos y canciones sufragistas”, “Despedida” y “Si yo fuera un hombre” decidió quitarse la vida el 17 de agosto de 1935, tres años después de haberse enterado de que padecía un incurable cáncer de mama.