Llanero (VII)

Séptima parte de la novela corta «Llanero», por Teresa Domingo Català.

VII

El vagabundo llevaba tres semanas en casa de Kara. Le arregló las vigas interiores, que eran de madera vieja. Fortaleció la puerta de la entrada y reforzó los porticotes de las ventanas. Limpió cristales, tiró muebles y los convirtió en madera. En aquellos momentos se estaba dedicando a construir una mesa con unos tablones viejos que encontró en el desván. Kara le alimentaba. Desayunaban café y pastel de manzana, comían verdura y hortalizas, y cenaban caldo y puré de patatas. El hombre no dormía en casa de Kara. Ella le había prohibido descansar bajo su techo. Kara no quería a ningún hombre en su casa. El vagabundo dormía al raso, junto a Joe, que había hecho una gran amistad con la mujer. Pero el perro se quedaba con el vagabundo cuando Kara salía. Era un buen perro, que hacía honores a la proverbial fidelidad canina.

Al vagabundo no le importaba dormir fuera de la casa. Se acurrucaba debajo de una manta que le prestó la mujer, pues en lo alto de la montaña, a pesar de estar en pleno verano, hacía algo de frío por las noches. Pensaba que dormir debajo de las estrellas era un lujo que pocos podían permitirse.

Nadie sabía que el vagabundo estaba en casa de Kara. Ella no se lo había contado a nadie, y su casa estaba tan a las afueras que pocas personas pasaban por allí. Para ir a los campos cultivados los hombres elegían otro camino, que no tenía piedras ni zarzales. Preferían cubrirse de polvo antes que de espinas.

Los horarios de Kara eran extraños. Se levantaba a las siete de la mañana, se acostaba al mediodía, comían, se acostaba a media tarde, y luego, por la noche, hablaba con el vagabundo a ratos, como si no se acabara de decidir a contarle lo que pesaba en su corazón.

Sus salidas al pueblo eran escasas. A veces llevaba un canasto con huevos y volvía con algo de carne de pollo para hacer el caldo. Otras veces salía sin nada y sin nada volvía. Sin avisar. El vagabundo encontraba agradable su compañía y por eso se había quedado tanto tiempo, ya que debemos considerar que él era un hombre de pasar pocos días en cada sitio.

Ese día Kara había salido con una gallina muerta. Volvió con unas alpargatas y un vestido nuevo. Kara tenía pozo propio de agua, así que sacó un cubo lleno y con esa agua se lavó. Agua y jabón hecho con grasa. El vagabundo estaba distraído con las maderas y ni por un instante se le pasó por la cabeza ir a espiar a la mujer, que estaba desnuda detrás del corral. Cuando vio a Kara limpia, con las alpargatas y el vestido nuevo, el vagabundo sintió que el corazón le empezaba a latir. No era tan vieja como él había pensado. Y sin el pañuelo en la cabeza podía admirar la melena rubia que le caía sobre los hombros.

Han matado a una niña, le dijo Kara, una niña pequeña, de unos siete años. Se llamaba Gira. Era la hija del herrero. ¿Un asesinato? Inquirió el hombre, sorprendido. Sí, es la segunda niña que aparece muerta. Se ve que el asesino las asfixia primero y después las mutila. No han querido decirme cómo, se ve que es demasiado horrible para ser contado. Mejor que no te dejes caer por el pueblo, si ven a un forastero pueden pensar que es el asesino. En toda mi vida no he matado a nadie, afirmó el hombre, que había dejado en el suelo las tablas de madera con las que estaba trabajando. La otra niña, ¿también tenía la misma edad? Casi, respondió la mujer, un año más, creo. ¡Qué cosa tan horrenda! Exclamó el vagabundo. Ya sabes, si quieres quedarte en mi casa un tiempo más, puedes quedarte. Pero ten en cuenta que algún día pueden venir a fisgonear por aquí.

Esa noche comieron huevos duros y sopa de pollo. La sopa era aceitosa pero estaba buena. Kara la servía muy caliente, casi ardiendo, y el hombre esperaba unos cincos minutos antes de comérsela. La mujer acabó antes de cenar y esperó a que el hombre terminara para recoger la mesa. Cuando él finalizó, ella se puso en pie y llevó a la cocina los platos, vasos y cubiertos. El hombre se estiró en la silla, cerró los ojos y comentó: Es hora de irse a dormir. Kara le dijo que tenía ganas de hablar y le pidió que no se fuera. Saldremos los dos, adujo, a disfrutar de la noche de verano. Habrá que ponerse alguna chaquetilla, porque por la noche refresca.

Salieron los dos, Joe se les unió, y se sentaron sobre sendas piedras, uno junto al otro. Al vagabundo le gustaba el aroma de Kara, mezcla de humo de leña y de jabón, y le apenaba un poco que ella fuera tan fría en lo que respecta a los asuntos de la cama.

¿Por qué eres tan distante? Preguntó el hombre, sin esperar en realidad ninguna respuesta. Sorprendentemente Kara sí le respondió. Así me educó mi madre. ¿Cómo era tu madre? Volvió a preguntar el hombre, y Kara quedó unos segundos en silencio. Era una mujer extraña. Extraña quiere decir casi cualquier cosa, es una palabra indefinida, añadió el hombre con la voz pausada. ¿Quieres que te cuente? Preguntó la mujer, Sí, dijo el hombre, con el laconismo que le era propio.

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Comentarios10

  • angel duque

    es muy interesante tu historia

  • sombra

    de acuerdo, es muy interesante, pero no le encuentro sabor porque me han olvidado y no he recibido las 6 partes anteriores, espero me permitan leer los capitulos que siguen, les suplico me permitan seguir disfrutando de sus lecturas, porque como ya les dije antes, deje de recibirlas.
    Quedo en espera de lo solicitado.

  • Julian Yanover

    Hola sombra, es raro que no te hayan llegado las anteriores. Quizás te registraste recientemente al boletín... De cualquier modo, puedes encontrar las demás partes en: http://www.poemas-del-alma.com/blog/category/novelas/

  • humberto reyes rios

    HOLA, HE LEIDO EL VII CAPITULO DE LA OBRA "EL LLANERO" Y LA ENCUENTRO SIMPLE Y LLANAMENTE SENSACIONAL, PERO OCURRE QUE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES NO ME HAN LLEGADO,¿CÓMO PUEDO OBTENERLOS?

    DEBO FELICITARTE E INVOCARTE A QUE CONTINUEN ENVIANDONOS OBRAS COMO ÉSTA QUE NOS INVITAN A SER MÁS ADICTOS A LA LECTURA Y POR ENDE A MEJORAR NUESTRA CULTURA.

    ABRAZOS FRATERNALES, HUMBERTO REYES RIOS

  • Julian Yanover

    Humberto: lee arriba de tu comentario y verás el enlace para leer los demás números.

  • ana karen hernaes

    me nekantaria ke me enviaras las demas partes ya ke por algun motivo no me las enviaron plis me gustaria leerlo comletose me ace muy interesante

  • humberto reyes rios

    Hola, ubiqué todos los capítulos de El llanero, me dispongo a leerlos, oportunamente enviaré comentarios, que sigan los exitos y mil gracias.

  • NNENNA. MALPIKA

    MUY INTERESANTE LA HISTORIA...ME ENCANTO.!! HUGS AND KZZ..".NNENNA MALPIKA"

  • Fernando Gonzalez

    Es muy interesante la novela. Les suplico enviar los capítulos anteriores.
    Con un lenguaje llano y directo, mantiene al lector sumergido en la historia. Muchas felicidades. Espero pueda compartir los capítulos anteriores y siguientes.

    Saludos

  • Adriana Cashman

    Me gusta lo que he leido. Quisiera poder leer el libro entero: es posible?
    Gracias.



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