No somos buenos amantes (#DíadelaPoesía)


Hoy se celebra el Día Mundial de la Poesía. No debo (ni quiero) dejarlo pasar sin invitarlos a conversar sobre ella. Y voy a escribir sobre la poesía no sólo como arte sino como bandera despojada de ismos que intenta construir desde el margen, sobre esa poesía que nos cambia, quiero decir.
Aprovecho el momento para recomendarles también cuatro poemarios maravillosos que giran en torno a la experiencia poética como espacio para poner patas arriba el sistema y reescribir la historia.

La poesía que no vemos

Escribimos porque un día leímos a Fijman, a Vallejo, a Zamudio, a Storni, y algo cambió en nosotros para siempre. Porque aprendimos de memoria un verso que nos cambió la vida y eso nos llevó a preguntarnos: “si la poesía ha sido capaz de cambiar mi vida, ¿por qué no proponerme cambiar con ella el mundo entero?” Y así nos lanzamos a escribir versos adolescentes llenos de rabia y de rebeldía, con la pulsión siempre a flor de piel.

Pero llegó la madurez, intentando arrasar con todo lo bueno que poseíamos. Y nos perdimos. En ese punto tuvimos dos opciones: convertirnos en poetas que escriben para agradar o devenir en seres pensantes que dan su opinión a través de su poética. Ahí nos dividimos. Es posible que todos hagamos poesía, pero a unos pocos, los del segundo grupo, yo les llamo poetas. Esos son los verdaderos amantes; los otros, y pienso en el fascinante Federico, son adeptos.

Se publica en la actualidad muchísima poesía. Eso es innegable. Pero se lee poco. Y se lee mal. Por eso necesitamos del Día de la Poesía. Porque debemos ejercitar el músculo de la comprensión lectora para entender que realmente la palabra puede ser un arma cargada de futuro. Y no sólo eso, acercarnos a libros que nos obliguen a pensar, a toparnos con formas nuevas de decir las cosas, que nos exijan un esfuerzo mental si queremos tener una vida plena. Acercarnos a esos libros escritos por los que no se rindieron ante el sistema llegado el momento.

Siempre existió una poesía invisible, escrita por autores distintos, buscadores de forma, de sentido, poetas contra el sistema opresor. Y vuelvo a Vallejo, a Zamudio, a Gelman, a Fijman, pero también en autores contemporáneos que escriben a la intemperie. Poetas que construyen miradas sobre la experiencia de la migración. Es ésta una poesía que tiene voz propia pero pocos lectores y que sin embargo, se abre camino, trepa por los túneles y se aparece en las plazas. Que se levanta contra el racismo y que visibiliza la realidad de los desplazados, de los NN, de los caídos en un sistema corrupto que aplasta y que construye con ruido una estructura cada vez más sólida y más retorcida.

Para leer esta poesía, sin embargo, necesitamos del silencio, que cada vez parece más raro y extravagante. Porque es importante detener el tiempo, concentrarse y permitir que las palabras nos transformen. Algo así como tener que olvidarnos de que hay mundo para entender y cambiar el mundo. Leer con la conciencia de formar mundo. Leer con la intención de que la lectura nos cuestione y nos obligue a repensar incluso aquellas cosas que creemos obvias, lógicas, irrefutables.

Pero la cosa no termina ahí. Para formar lectores de poesía también es necesaria una crítica especializada que pueda servir como espejo y réplica del panorama poético actual. U cada vez se hace más evidente que no existe crítica poética en España porque no existe la necesidad de cuestionar lo que se publica, sino más bien el deseo de aplaudir y agradar. Igual también quienes trabajamos en este campo reflexivo deberíamos repensar nuestra forma de hacer las cosas, quiero decir, preguntarnos si estamos o no siendo buenos amantes.

Que escribir sirva para algo

Ayer conversaba con un amigo acerca de lo que es poesía y lo que no. En su opinión se queda fuera de la clasificación todo lo panfletario, lo que dice poco, lo que no cuestiona las convenciones sociales. Yo también cada día comulgo más con esa idea. La poesía quizá, es aquella que no terminamos de definir, la que se escapa (o mejor, contradice) el canon, la que crece en las cunetas, en los pozos olvidados de la memoria colectiva, la que se nutre de la historia para devenir en formas nuevas, la que hurga y daña, aunque no podamos explicar bien por qué o cómo.

Hasta hace unos años, y quienes me conocen lo saben bien, estaba convencida de que la literatura en general y la poesía en particular no tenían un objetivo, que escribíamos por curiosidad, para explorar los límites del lenguaje pero no teníamos que exigir de la palabra que fuera instrumento de crítica o cambio. Hoy mi forma de mirar y entender la escritura es bien diferente. Sí que creo en la utilidad del arte como motor del cambio y, es más, me inclino por lecturas que vayan más allá de las cosas y quieran construir algo.

Y en ese sentido, pienso que la poesía es (o debería ser eso) un chute de energía que nos recuerde quienes somos y hacia dónde deseamos ir como individuos, pero también un espacio de contradicción en el que pongamos sobre la mesa los aciertos y los fracasos que hemos cometido en nuestra construcción social. Y en ese construir, ella nos ofrece a cambio algo maravilloso: la posibilidad de acercarnos a otras personas que denuncian, gritan, abren llagas, de cruzarnos con poetas que tienen sus propias búsquedas y que escriben para salvar lo que pueda salvarse del fuego. Saber leer también puede permitirnos entablar lazos más firmes y, por ende, sentirnos menos solos.

Y termino recomendandoles cuatro libros que se retroalimentan, que reflexionan en torno a problemáticas similares: la extranjería, el feminismo, la guerra de los hombres, el clasisismo, y cuyas lecturas podría ser la mejor forma de terminar este día.

* “Réquiem” de Anna Ajmátova.

*“Migrante” de Giovanni Collazos.

*“Los sonidos del barro” de Olalla Castro Hernández.

*“Todo tanto” de Arturo Borra.

¡No dejen de leerlos! Y a ver si de una vez por todas podemos convertirnos en buenos amantes que, por cierto, es una de mis palabras favoritas.

Comentarios1

  • pani

    NINGUNA RAZÓN EXCLUYENTE TIENDE A PERDURAR... LA POESÍA, ES EL ALMA DE LAS COSAS...



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