“Réquiem” de Anna Ajmátova

Hay libros a los que siempre regresamos, con una necesidad casi desesperante. A mí me ocurre con el “Réquiem” de Anna Ajmátova, a través del cual podemos acercarnos al compromiso moral y social de esta poeta rusa. Recientemente he caído nuevamente bajo el influjo de esta obra fabulosa, así que he pensado que no estaría nada mal en las recomendaciones de nuestro ciclo del desván de los libros perdidos. Se trata de una obra imprescindible para cualquiera que desee conocer a fondo el universo y el simbolismo en la poesía de Anna Ajmátova, a la vez que es un ejemplo alucinante de cómo se puede experimentar el propio dolor desde fuera, para convertirlo en historia, en poesía, en palabra.

La memoria que edifica

Mientras hacía cola junto a la prisión de Leningrado para informarse acerca del estado de su hijo, detenido sin causa alguna durante el régimen stalinista, Anna Ajmátova conoció a una mujer en una situación similar a la suya, que le preguntó si sería capaz de contar lo que estaba ocurriendo. “Puedo”, respondió Anna. Tiempo después veía la luz su “Réquiem”, un libro durísimo que da cuenta de lo que la violencia institucionalizada causa en la vida de los que ven llenos de impotencia cómo son tratados y desaparecidos sus seres queridos sin poder hacer nada para evitarlo.

La vida de Ajmátova estuvo marcada profundamente por la violencia. Su primer esposo fue fusilado y el siguiente llevado a un campo de trabajo, en el Gulag, donde falleció. Pero sin duda el dolor más grande se lo causó la detención de su hijo, que pasó diez años en la cárcel de Leningrado. Anna no podía verlo pero durante dos años fue cada día junto a la puerta de la prisión para exigir explicaciones, sin recibir noticias.

Muchísimas otras mujeres acudían en busca de respuestas, y volvían a sus casas con la misma desesperación ante la indiferencia institucional. Sin duda, desde ningún otro dolor se podría haber escrito una obra como “Réquiem”, que desde aquel que sufre quien mira a los ojos al verdugo sin poder hacerle pagar por las injusticias que comete. Es este uno de los libros más sentido, desesperante y humano que ha dado la poesía universal.

“Réquiem” es una obra de arte que permite comprender a fondo la forma en la que reacciona nuestra psique frente a un dolor insoportable. En español contamos con varias ediciones. La de Cátedra es una de mis favoritas, que viene con “Poema sin héroe”, otro poemario de Anna que merece muchísimo la pena y que no se parece en estructura ni un poco al Réquiem pero que comparte con él el sudor, la desesperación, aunque presenta una madurez poética y estética innegable.

La distancia del dolor

Entre las cosas a destacar de “Réquiem” cabe señalar el esfuerzo de su autora por mirar la experiencia desde otra perspectiva que la propia. Cuando el dolor llega a niveles estratosféricos, y parece que el cuerpo no podrá soportarlo, es necesario crear una disociación del mismo respecto a uno mismo, un mecanismo de defensa natural muy frecuente en personas que han sufrido situaciones traumáticas, generalmente vinculados a violencia.

dice Anna, y así consigue escribir, contar, dar testimonio de uno de los hechos más dramáticos de la historia de Europa. Escribir desde otra perspectiva para entender la realidad. Un gesto similar al que ejecutamos cuando ficcionamos hechos de nuestra propia historia para canalizarlos. Mirar desde fuera de uno para entender lo que corroe dentro.

La noche, la muerte, el terror son algunos de los elementos que se aparecen constantemente en la obra, a través de los cuales, Ajmátova va dibujando el mapa de una época crucial para occidente pero también para la vida de miles de personas, muchas de ellas mujeres, como aquéllas que iban cada día junto a las puertas de la cárcel de Leningrado para tener noticias de sus hijos, padres, amigos.

La búsqueda del hijo que se intuye que ya no regresará, este es el eje principal de “Réquiem”, y sirve para simbolizar en la suya otras muchas vidas y en ellas el dolor inconmensurable de la pérdida. En varios pasajes Ajmàtova escribe acerca de la necesidad de aprender a vivir de nuevo, es decir, reconstruirse, lo cual exige matar la memoria. Una imagen que se repite bastante es la de la casa vacía, como metáfora del olvido, de la limpieza absoluta de los recuerdos.

“Réquiem” es un poemario absoluto que da cuenta de los límites que dibuja el dolor y la violencia en quienes tienen que padecerlos. Anna Ajmátova es una de las poetas más grandes de nuestro siglo y mi favorita entre muchas, y su “Réquiem” no tiene comparación; de ahí que haya querido traer este impresionante libro a nuestro desván de los libros perdidos. ¡No dejen de leerlo!

 



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