Sobre cómo la Generación Beat se convirtió en aquello contra lo que luchaba

La cantidad de movimientos y generaciones poéticas declaradas son tantos (y mi memoria tan blanda) que siempre tengo dificultades para recordar sus nombres. Hace poco, charlando con la poeta María Ramos, cuyo libro “Metalingüística en vena” reseñé hace poco, me nombró a la ‘Generación Beatnik’. Me quedé sorprendida, ¿no era Beat simplemente? Por curiosas razones, en cuanto hube llegado a mi casa me puse a indagar sobre el asunto y lo que descubrí me resultó ciertamente interesante. Un peculiar caso (uno más) en los que publicidad, medios de comunicación y prejuicios se unieron para colapsar (una vez más) un movimiento con un potencial extraordinario. Sobre esa variopinta generación y sus aportes a la literatura escribo hoy. Y aprovecho para dedicarle este texto a María, con un gracias inmenso: ¡qué lindo es que nos inspiren a aprender cosas y a leer más!

La semilla de la Generación Beat

Surgida a mediados de los cincuenta, la Generación Beat, se caracterizó por ser contestataria, revolucionaria y por hacerse eco desde diferentes disciplinas artísticas de las sensaciones de una buena parte de los jóvenes americanos, que se hallaban disconformes o desilusionados con ese falso Estado de Bienestar. “En el camino” de Jack Kerouac, “Aullido” de Allen Ginsberg y “El almuerzo desnudo” de William Burroughs fueron los tres libros que se opusieron al canon y plantaron el punto de partida para una nueva forma de mirar la vida y la literatura.

Aunque los beats vivían contra el sistema y buscaban una existencia al margen, con ciertos valores propios (que eran contravalores partiendo de los criterios convencionales de esa época) no pudieron mantenerse firmes en ello, porque esos tres libros rompieron todos los esquemas y en breve cientos de personajes de todo tipo y color se sumaron al movimiento. El resultado fue devastador: un movimiento contracultural que de pronto se volvió el referente cultural indispensable de las nuevas generaciones, el nuevo canon.

La mirada del sistema que ahoga

Pese a que la historia les negó su lugar, hubo muchas mujeres que se sumaron al movimiento beat. No quiero dejar de mencionar a Joan Vollmer, Leonor Kandel, Carolyn Cassady o Denise Levertov. Aunque sobre ellas volveré pronto, porque quiero hablar específicamente sobre sus poéticas, y no quisiera extenderme demasiado en este artículo. Pero ¡estén atentos!

Los autores (y aquí van muchas autoras, insisto) de la Generación Beat se identificaron con una estética de lo cotidiano y de lo social. Las ideas destacadas del movimiento eran la independencia moral y estética de los valores estadounidenses y capitalistas. Y, pese a que fueron los primeros en impulsar y promover la idea del amor libre y el consumo de drogas y alcohol, lo más importante fue su empeño por buscar nuevas formas de decir, más coloquiales, bruscas y directas. De hecho, esa visión contracultural, sería el origen en el que posteriormente se apoyaría el movimiento hippy.

En 1958, el periodista Herb Caen acuñó el concepto Beatnik, en un artículo en el que intentaba ridiculizar las ideas difundidas por los beats. Esta palabra surgía de la fusión de beat con Sputnik (nombre que tuvo un satélite artificial soviético) y con ella intentó expresar la cualidad antipatriótica del movimiento. Por otro lado, dejó en evidencia su temor de que la nueva literatura se apoyara en estos nacientes referentes para volcarse por una estética sucia. El eterno miedo a los cambios, tan viejo y tan predecible.

Este artículo peso tanto que en poco tiempo los beats pasarían a ser los beatnik y aunque los propios creadores del movimiento no se sintieran identificados con esa idea, no pudieron evitar que con ella se los confundiera y mencionara al grupo. Quedaba establecida la parodia sobre una línea de pensamiento que podría haber cambiado el rumbo de la sociedad, y se quedó sólo en una corriente estética, arrolladora, pero confinada al mundo del arte (y del consumo).

Lo que ha sido de las ideas-beat

La Generación Beat intentaba representar una búsqueda individual que se volvía colectiva. La cual consistía en darle una importancia mayor a la evolución emocional e intelectual, más allá de las imposiciones del sistema. Si bien al día de hoy se los relaciona únicamente con un estilo de vida donde se destaca la práctica del sexo libre y el consumo de drogas y alcohol, la columna vertebral de aquel sueño era mucho más sólida y estaba enlazada en una rebelión contra el sistema materialista y burgués (y en ellos, al arte desarrollado en América durante esa época) que se había instalado como referente unívoco de la realidad.

El término beatnik, por el contrario, hacía referencia a la identidad de aquellos artistas que abrazaban una tendencia antiamericana y un estilo de vida vinculado a la holgazanería y en ocasiones, la delincuencia. Su invención fue catástrofica y catapultó al olvido las verdaderas ideas del movimiento. Sobre ello escribió Kenneth Rexroth (al que muchos consideran el padre de los beats). Y termino con sus palabras que son lucidísimas:

Pese a haber surgido como un movimiento antisistémico, capaz de poner en palabras las miserias de un mundo consumista y violento, los beats fueron devorados por ese mismo sistema contra el que luchaban y puestos en los escaparates como jugosos dulces, y alejando nuestra mirada sobre los verdaderos motivos que dieron vida al surgimiento de esos autores.



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