3 mujeres de la Generación Beat

Retomo el universo de la Generación Beat.

Hace unos días publiqué una breve introducción sobre las bases sobre la cual se construyó (y extinguió) aquello que surgió como un interesantísimo movimiento contracultural para convertirse en una bandera más. Un movimiento que provocó, sin embargo, profundo cambios en la estética literaria, aunque no en la sociedad.

Hoy escribo sobre tres mujeres sin las cuales es posible que no haya existido esta revolución.

1- Joan Vollmer

Vivía con Edie Parker en un piso de New York que se convirtió en uno de los puntos de encuentro de la Generación Beat, al que acudían Allen Ginsberg, Kerouac y William Burroughs, entre otros para divagar en torno a la literatura pero sobre todo a pasar un rato agradable. Joan solía ser el centro de esas conversaciones; de hecho, para muchos, fue ella el fuego que iluminó a su generación y la ayudó a nacer y catapultarse como una de las más significativas de la literatura americana.

La vida de Joan se torció mucho durante su juventud en New York, el abuso de las anfetaminas combinadas con altas dosis de alcohol, fueron mermando sus capacidades intelectuales y llevándola por un camino del que jamás podría salirse. Se casó con William Burroughs, hicieron de las suyas, teniendo que huir varias veces de la justicia para que no se los condenara por tenencia ilegal de drogas. Una tarde decidieron jugar a Guillermo Tell, ella se puso un vaso con agua en la cabeza y él tenía que romperlo. William disparó y la bala impactó en la frente de Joan. La tragedia no había terminado: Burroughs fue condenado por homicidio involuntario y el hijo de ambos, enviado a vivir con sus abuelos.

De Joan todos se olvidaron. La figura de Burroughs creció y creció después de aquella tragedia. La literatura, una vez más, se olvidó del fuego y observó el humo. No hay datos sobre su obra, si la tuviera, sobre su escritura, aunque muchos aseguran que sin ella no habría existido Burroughs ni Generación Beat.

2- Leonor Kandel

Deslumbró a todos los beats por su impresionante memoria; según Kerouac, «Leonor lo sabía todo». En cuanto puso sus pies en el apartamento de Edie Parker, todos volvieron la mirada, porque era difícil resistirse al desparpajo intelectual y físico de Kandel. Lamentablemente la tragedia también se ceñiría sobre ella, un accidente de moto le dejó profundas secuelas físicas y ya nunca volvió a ser la misma.

Pero antes había habido poesía, y dos libros publicados. Una poesía intensa y erótica que la crítica dilapidó y que desapareció en poco tiempo de los escaparates de las librerías. Leerla es como enfrentarnos a una luz cegadora que nos quita el aire, hay en su mirada sobre las cosas un dejo de tristeza pero a la vez un grito de guerra audible y claro, ¡no van a matarme! Quizá fue gracias a esa fuerza valiente que supo volcar en su poesía que es una de las pocas mujeres beats que continúan siendo leídas y alabadas.

 

3- Denise Levertov

A Denise la recordamos como una de las precursoras de la escritura femenina de la Generación Beat. Fue una de las primeras en ser reconocida como parte de aquel grupo genial, durante años reservado para nombres masculinos, y sin duda, fue responsable también de lo escrito por los grandes promotores de la estética de la generación.

Aunque nació en Inglaterra, se nacionalizó americana y se sintió firmemente identificada con las ideas que defendían los beats. Levertov aparte de poeta era activista; estaba convencida de que otro mundo era posible y no sólo lo expresaba a través de su escritura, sino también por medio de la acción. Antibélica y enemiga del régimen neoliberalista, nos dejó contundentes imágenes sobre lo que nos conviene que sea (y que no) el mundo.

Además, la poesía de Levertov se encuentra en la de Kandel, y en ella con la estética de la generación, en la forma directa en que plantea las imágenes y en el uso de una cierta sensualidad que convierte sus palabras en agujas que provocan nuestro interés. En su erotismo podemos hallar una fusión entre sangre, pulsiones carnales y misticismo, lo cual le otorga a sus poemas un carácter único, inquietante y cautivador.



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