Poesía: Una cuestión de perspectiva

Las primeras palabras del poema no siempre indican el comienzo del poema.

Una ciudad detrás de una lente

De todos los géneros literarios, la poesía es el que más favorece el vuelo del lenguaje, la posibilidad de ampliar el sentido de las cosas y de dar nueva explicación a la vida, y al mundo. Ahora bien, ¿cómo se compone un buen poema? Si bien existen muchos caminos para conseguirlo, detrás de todo método hay una idea común: entrenar la mirada. Porque todo poema es una cuestión de perspectiva. En este artículo veremos el punto de partida que no debe faltar en la creación poética.

Entrenar la mirada

¿Por qué decimos que la poesía «es una cuestión de perspectiva»? Porque en la escritura poética la mirada puede ser determinante. No sólo es un punto de vista sino una forma de organizar los elementos en la escena y de decidir qué debe ser visto y qué no. Escribir un poema exige decidir cómo miramos, y ésta es una decisión que modifica el estilo pero también es un posicionamiento ético frente a la vida. La creación poética se construye con palabras pero también se expresa desde un lugar físico y simbólico.

Siguiendo en esta línea cabe hacerse la pregunta: ¿la poesía revela o inventa? Dependiendo de la forma de trabajar el arte creativo, podremos responder una cosa o la otra; no obstante, cualquiera sea la respuesta siempre exigirá una cuota de imaginación y de fantasía para jugar con el lenguaje y otorgarle misterio al decir.

En la Antigüedad el acto creativo estaba relacionado con ocuparse de la realidad y tratar de mostrar aquellos aspectos de la realidad que pudieran revelar una verdad escondida. Con el tiempo, aparecen numerosas corrientes que defienden la creación poética no como forma de contar el mundo sino de crear mundos distintos: que pueden ser interiores (como es la poesía de autores como Pessoa) o realidades alternativas colectivas complejas (como la poesía de Eileen Myles).

La verdad poética no depende estrictamente de su correspondencia con lo real, sino de su potencia para generar una realidad simbólica y alternativa, en cualquier caso. Al final, la poesía parece existir en el borde entre mundo e imaginación. Y se hace cuerpo a través de una mirada determinada.

Alguien observando el mundo

Todo poema empieza en la mirada

¿Dónde empieza y termina un poema?

Cuando nos sentamos a escribir lo primero que nos preguntamos es: ¿por dónde? Las primeras palabras de un poema son muy importantes, por eso hay que saber elegirlas. Sin embargo, no siempre lo primero que escribimos es el comienzo; a veces tenemos una idea, una frase, pero no sabemos cómo llegar a ella. Es importante sentirse libres y tratar de escribir interrumpiendo la lógica del lenguaje y la lógica del orden, porque la jerarquía de las frases en un poema es muy diferente a la que se establece en el proceso comunicativo y, del mismo modo, la forma en la que ese poema se nos presenta suele ser desorganizada y caótica. Y está bien que así sea.

Un poema empieza mucho antes de escribirse. El primer chispazo es una percepción, una incomodidad del lenguaje frente a lo real o una imagen que se nos aparece con insistencia. Decía Octavio Paz que el poema es “un organismo verbal”; esto significa que no nace de una idea previa sino de una tensión entre palabras. A veces es una tensión sonora, otras veces de sentido… Prestarle atención a ese temblor, a ese primer impulso, es importante. Ahí empieza el poema.

Aunque a nivel material los límites del poema estén claros: empieza donde empieza el texto y termina donde termina la página. En el medio, la disposición gráfica, los vacíos, los espacios de fractura, marcan el contorno general del lenguaje. Porque el poema no se limita a las palabras impresas, también está hecho de silencios, de interrupciones y de contradicciones. Dicho esto podríamos pensar que el final del poema no es su última palabra sino la levedad que deja en la lectura, el silencio que la sigue, la interpretación que hace quien lee.

Un poema es siempre una extensión de sentido
, de otro poema, de otra lectura, de otro lenguaje. Escribir poesía, por tanto es abrirse absolutamente al sentido y practicar otra mirada y otras formas de pensar el mundo. Hace falta la actitud de quien no teme a los límites. La mirada imprime en la escritura una experiencia única. Cuando la percepción es amplia y no se ajusta a la mirada normalizada, las posibilidades de intepretación se multiplican. No hace falta buscar grandes palabras sino plasmar en el poema nuestra singular relación con el mundo y el lenguaje. La complejidad en el poema se sostiene por la perspectiva.

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Máquina de escribir

Escribir un poema es atreverse a mirar de otra manera el mundo



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