«Observante», de Rocío Cerón —Ediciones Liliputienses—

Te recomendamos la lectura de «Observante» de Rocío Cerón (Liliputienses).


 
 

 
El lenguaje, como una forma de extraer del mundo lo que esconde. Esa parece la idea que subyace en «Observante» de Rocío Cerón (Liliputienses), una obra compleja y sumamente interesante por lo que tiene de inaudito y de novedoso. Encontramos una serie de poemas que parten de imágenes geográficas, paisajes, elementos del entorno para expresar la profundidad de la experiencia vital. Es un libro escrito con buen gusto y una idea estética bien definida que nos permite disfrutar del oficio sólido de esta autora mexicana.
 
  

La luz que inmortaliza contornos en la memoria

Lo primero que habría que señalar de «Observante» es que posee una poesía plástica. De la deformación de la mirada, de los objetos, de las personas, la voz poética llega a una nueva conciencia de la experiencia. Esta transformación va cobrando forma y vida a través de un fraseo que se apoya en la estructura aforística, en la ruptura constante del ritmo y que nos obliga a repensar las mismas ideas sobre las que se construye el mundo incesantemente.

La luz es uno de los elementos que va guiando el hilo de las frases. Las imágenes se van haciendo nítidas a medida que el ojo se acerca. El poema absorbe la luz y se materializa. A la invisibilidad sucede la luz y a ella, la deformación de las cosas, para adquirir una nueva imagen del mundo. La poesía actúa entonces como una extensión del tacto, que como sentido primigenio nos conecta con un conocimiento profundo de las cosas y su relieve.

En este punto entra en juego también la memoria, que es también la forma en la que la luz fija en nosotros las imágenes. La acumulación de figuras e imágenes sensoriales se van abriendo paso a través de la poesía dejando a la intemperie paisajes emocionales y físicos. En ese sentido estamos ante una memoria que se aferra a la materia para construir una poesía que tiene mucho de racionalista. De este modo, el conocimiento del mundo se transforma desde la experiencia y cambia la visión a medida que lo hace el entendimiento del afuera.

Todo es una imagen

Pero no hay que distraerse. En «Observante» todo es imagen. Y ésta o la sucesión de muchas imágenes, cobra sentido a través del lenguaje, y nos sacude. Hay una interesante búsqueda estética que pacta con esa lucha entre imagen y lenguaje, que es entre cuerpo y visión. La mayoría de los poemas se apoyan en esa disyuntiva e intentan ascender a un nuevo significado de ambos planos.

En ese sentido, me parece un libro potentísimo, capaz de jugar con esa línea que divide lo conocido de lo deseado, lo amado de lo inhóspito, lo pensado de lo observado. Y cabría agregar que la poesía de Cerón representa con maestría esa búsqueda del vuelo, de la libertad, el deseo de salir de ese cautiverio al que esa lucha de opuestos nos impulsa: entre lo material y lo imaginado. Vuelve aquí la memoria, como jaula a la que no podemos abandonar, como piedra que cargamos con pesar, y se vuelve necesaria la reapropiación del mundo a través de una nueva visión, de un renovado tacto. En este puntito radica la esperanza de todo el libro.

Remarco la idea de plasticidad en la poesía de Cerón porque noto un extraño y poderoso cruce entre lo material (que es paisaje, piedras, objetos del camino) y lo abstracto (imágenes y personas que no están presentes más que en la memoria y que la voz poética intenta recuperar a través de la anulación del tiempo). Para conseguirlo, Cerón se aferra a una mirada fotográfica y la intuición y las técnicas de la fotografía le sirven para reconstruir una imagen desde la memoria y el tiempo. El resultado es una imagen que pacta con lo eterno, con lo trascendente desde la poesía.

Aquí podríamos incorporar una lectura sobre la mirada arqueológica, tanto del paisaje como del tiempo. En ese sentido, caben muchos poemas en torno a la memoria de los lugares, de la tierra, de las rocas, de los árboles, donde Cerón nos invita a una reflexión más universal de la memoria. Otra vez la memoria. Llegados a este punto tendríamos que decir que quizá sea la memoria, después de la luz, otro de los elementos fundamentales que tejen palabras para ofrecernos esta extraordinaria poesía.

La escritura como búsqueda de vuelo

Seguramente uno de los puntos más interesantes de todo el libro es esa mirada sobre el mundo desde la escritura. La necesidad de explorar en las piedras, de sacar de la materia lo blando que hay en ella, lo no visible. Es seguramente uno de los empeños poéticos del libro más fascinante y que Cerón ha logrado con cierta maestría. Todo imagen se halla compuesta por dos planos: el visible, capaz de mantenerse permanente a lo largo del tiempo y el invisible, que se transforma según qué ojos y qué conocimientos. Cerón se interesa por esta segunda forma de mirar y entender el mundo en un libro que nos invita a observar desde la distancia de lo inaudito.

Esto podemos notarlo a medida que avanzamos en la lectura, al percibir que Cerón pone patas arriba todo su mundo para reconocer debajo de lo visible una nueva capa que permite una comprensión mayor de la creación, de la identidad de las cosas y de ella misma, como sujeto que observa y que cambia. Esta mirada tan literaria asimismo resulta muy útil desde la escritura porque la impulsa a apostar por un lenguaje donde las voces se cortan y las dudas controlan el pulso de las imágenes.

Un poemario para lectores experimentados

Estamos ante un libro fabuloso pero no apto para todos los lectores. Es que escarbar en el sentido para llegar a su matriz: como poeta observante, Cerón, no se deja encasillar ni conducir. Desde el título el libro nos está diciendo que lo que lo contiene es contradictorio y que no vamos a entenderlo en una simple lectura. Porque Rocío Cerón, en lugar de apalancarse en las voces y estructuras prefijadas como normas, va un poco más lejos, se sale del contorno y nos descubre una poética peculiar. Y ésto, que hace de este libro una obra de arte extraordinaria exige por otro lado, una predisposición lectora avispada. Un esfuerzo que vale la pena pero al que no todos intuyo hemos sido llamados.

«Observante» es, entonces, un poemario contundente y lleno de sentido que, intuyo, puede ser una lectura maravillosa para cualquier amante de la buena poesía. Un libro que se intuye desde el camino opuesto, desde la mirada dislocada y desde una visión asombrosa de la vida y de la poesía. Un libro que no has leído antes y que, intuyo, no volverás a leer. Un libro fabuloso para quienes disfruten de una poesía de la confusión y el choque. ¡Si eres un lector o lectora así, no te lo pierdas!

Y termino con este otro fragmento que también tiene mucho que ver con este libro, con el oficio de Cerón, con su posición estética. Y aprovecho para recomendarte esta tuittrevista de Verónica Gudiña a Rocío Cerón, para que puedas conocer un poco más a la autora.

 
 
 

OBSERVANTE
Rocío Cerón
Ediciones Liliputienses
978-84-949987-7-5
98 páginas
10,40 €
 
 
 
 
 
 


 

Mañana, jueves 10 de octubre, se presentará en Madrid «Observante» de Rocío Cerón. Acompañará a la autora la poeta Ada Salas. La cita será en la Librería Juan Rulfo a las 19.00. Si estás en Madrid, no te lo pierdas.



Debes estar registrad@ para poder comentar. Inicia sesión o Regístrate.