«Montaña adentro» de Marta Brunet


Un día como hoy, 9 de agosto, pero del año 1897 nació Marta Brunet, una figura fundamental de la literatura latinoamericana. Uno de los rasgos principales de su obra es la apuesta por un lenguaje nativo y por una estética criolla sumamente colorida. Hoy, en el desván de los libros perdidos, escribo sobre una de sus obras más relevantes dentro de esta corriente estética «Montaña adentro».

Del campo a la ciudad

Marta Brunet pasó sus primeros años en el campo, observando el arduo trabajo de los campesinos, aprendiendo a comunicarse con un lenguaje propio. Esta experiencia le sirvió para componer una obra sólida donde se deja en evidencia su preocupación por el lugar que ocupa la mujer en la sociedad y por las diversas problemáticas de las zonas rurales. A lo largo de toda su obra son numerosas las historias que se centran en la problemática rural. Además, impregnó su poesía de elementos rurales y de un lenguaje que se acerca a los detalles de la naturaleza para expresar nociones filosóficas con un absoluto acierto.

«Montaña adentro», sobre la que hoy escribió, vio la luz en 1923 y para muchos es la obra más contundente y mejor acabada de la primera etapa de Brunet. El uso de un lenguaje tradicional que se alimenta de las historias populares y procura resaltar en escena el lugar que ocupa el hombre de campo son algunos de los elementos que vuelven a este libro interesante e impresionante. En cuanto comienzas a leer te zambulles en un terreno diferente, donde los hechos van siendo llevados por la comunicación de los personajes, realistas y en ocasiones crueles, y que nos permite disfrutar de ella como si de una leyenda se tratase.

En Brunet el escenario y los personajes ocupan un lugar prioritario. Se esmera especialmente en el desarrollo psicológico de los personajes. Sin duda, ya en esta primera parte de su creación literaria se iba encaminando hacia la contundencia de su época madura, en la que la estructura emocional y psicológica de los personajes es fundamental, y a través de ella transmitía el motor vital de sus historias. En Brunet encontramos nuevas formas de contar las cosas, donde lenguaje y personajes conviven de forma armónica y otorgan a la narrativa el detalle de autenticidad que se le exige a toda obra.

El corazón rural en la montaña

En Brunet todo es natural, fluye como si fuese un río, se impregna de la naturaleza del escenario y se inmiscuye en nuestros asuntos. Los personajes, campesinos que viven sometidos a trabajos durísimos y a merced de propietarios adinerados que exigen más de ellos sin darles a cambio una vida digna, nos dan la mano y nos invitan a pasear por un territorio desconocido que de pronto se vuelve un poco propio y querido. Esa es otra de las grandes cualidades de Brunet, que consigue que nos sintamos en casa al leerla.

En «Montaña adentro» nos encontramos con la lucha silenciosa de clases; con la ambición de los terratenientes que tienen a su cargo a muchos peones por salarios escasos. Mientras unos gozan de hogares confortables, los otros viven en chozas donde las inclemencias del tiempo y de la naturaleza son más difíciles de afrontar. Brunet nos pinta un cuadro por momentos grotesco y en ocasiones doloroso sobre la vida de los campesinos, abandonados a su suerte, sometidos a unos señores que viven en cuerpo pero carecen de alma y no son capaces ni siquiera de entender las necesidades mínimas, como la educación de los hijos, que aprenden en el campo lo que pueden pero no lo que deben, lo que puede servirles para salir de allí. Hay una denuncia clara y potente en toda la obra a la que podemos aferrarnos para sentir en profundidad la existencia de los personajes.

Hay también en esta historia mucha violencia, por si no fuera suficiente la del clima y los patrones. Se suma al conjunto de personajes un pequeño grupo de carabineros que responden a las órdenes de los estancieros y que tratan con fuerza bruta a los campesinos. Pero aquí, un detalle. Para Brunet en medio de la oscuridad hay luz: lluvias abundantes que potencian el surgimiento de la vida, paisajes naturales maravillosos e interminables, bosques, animales. Todos ellos vienen a otorgar equilibrio a la historia e impulsarla hacia adelante.

Sin duda, «Montaña adentro» es una obra inolvidable que nadie debería dejar de leer. En el 120 aniversario de su nacimiento he querido traerla al desván de los libros perdidos, con la esperanza de que alguno se tiente a leerla.

 



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