«Los animales heridos», de David Eloy Rodríguez —Editorial Marisma—

El nuevo libro de David Eloy Rodríguez, «Los animales heridos» nos invita a reflexionar sobre nuestra huella en los otros y en el mundo. Un poemario con una fuerza colectiva arrolladora. ¡Nadie se lo pierda!

 
 
 

Con esta cita de Juan Benet arranca «Los animales heridos» de David Eloy Rodríguez (Marisma), un libro extraordinario que toca diversos temas, pero todos ellos relacionados con el paso (y el peso) de nuestra existencia sobre el universo que habitamos. Se destaca una escritura concisa que está a mitad de camino entre una voz narrativa y un registro filosófico y humanista.

 
 
 

La luz y la palabra

«Los animales heridos» comienza con una interesante pregunta en torno al conocimiento, esa arma utilizada por el poder para contenernos en un determinado espacio. Es sumamente interesante el camino de ida y vuelta que recorre David Eloy Rodríguez, para reconquistar los matices de la historia y tratar de encontrarle el truco a la realidad. La imposición de la luz, la desaforada fluidez con la que la información nos bombardea es uno de los temas sobre los que se extienden sus primeros poemas.

Caben en este espacio algunos poemas sobre la forma en la que la educación va reconduciendo nuestras pulsiones vitales hasta convertirnos en zombies, partes de un sistema en el que no creemos pero al que respetamos, lo asumamos o no. Y allí, donde somos animales quebrados por la rutina, abre una zanja de luz la palabra, la poesía, el lenguaje como espacio de búsqueda.

La luz atraviesa toda la poesía de David Rodríguez, pero en este poemario parece encubierta por un velo de tristeza, de opresión, el lenguaje se vuelve más tosco, más sintético, y nombra desde una construcción casi narrativa y reflexiva, componiendo una poesía que se abraza a la historia y a las teorías de la filosofía para explicarnos y brindarnos luz sobre el futuro.

La poesía de David Eloy Rodríguez

En cierta medida, la pregunta que se estira en todo el libro moldea lo que somos. Todos hemos cometido errores de los que nos hemos arrepentido profundamente; todos tenemos un lado de nuestro costado arañado, al que tememos mirar por si el derrumbe. Sobre esa idea de la herida que empuja hacia el hundimiento aparecen muchísimas preguntas sin respuesta; porque no es un libro para encontrar mandatos sino para meter el dedo en la llaga y dar vuelta las cosas; repensar lo que somos y por qué.

La poesía de Eloy Rodríguez es humanista. Y en este libro se nota todavía más. El peso de la historia se asoma constantemente para reescribir aquello que somos y la búsqueda de respuestas en la comunicación y la experiencia colectiva, desde el lazo intelectual y artístico, son elementos a destacar. Por otro lado, aparece una lucha quizá consciente entre el deseo de creer en fantasías y el racionalismo que siempre tira hacia lo gris. Por eso no es extraño que entre las citas se encuentren Imannuel Kant y Friedrich Nietzsche. No obstante, el deseo de la carne y la presencia del cuerpo y la sangre corriendo vena adentro, también ocupan un espacio importante; por eso, Charles Baudelaire y Celia Viñas.

En esa búsqueda el arte se aparece como una forma de contarnos, antes de que la verdad nos destruya. Es en ese sentido una invitación para la búsqueda de las emociones y del color, que se consigue a través de la conciencia humana y la observación del mundo. Pero sobre todo, desde la revisión de los errores y la búsqueda de nuevas y necesarias preguntas.

Dijo. La poesía de «Los animales heridos» se construye desde una estética coloquial pero que se abraza a ese buen gusto que caracteriza toda la obra de David. Una serie de sentencias, afirmaciones de unos y otros que van dibujando la historia de una España totalmente arrasada. El desdoblamiento de la voz de narrador a herido es sumamente interesante. Y hay un trabajo de concisión que es seguramente la mayor virtud del libro. El resultado de muchos años de trabajo, esfuerzo y dedicación a la poesía.

¿Qué somos? ¿Por qué hemos perdido nuestro rumbo? Son también algunas de las preguntas que tantean el borde de la herida. Sobre nuestra tradición y esa forma de mirarnos y perdernos también encontramos muchísimos poemas. En esa línea, caben maravillosas sentencias sobre la explotación, esa palabra que hemos llenado de inaudita tristeza. Explotación al resto de los humanos, a los animales no humanos, y a la tierra y sus frutos. Explotación que vacía las entrañas de la tierra y nos deja más a la intemperie de lo que pudimos imaginar jamás.


Los animales heridos

A través de su libro «Los animales heridos», David Eloy Rodríguez parece decantarse por una búsqueda de sentido mucho más precisa que en su poesía anterior. Después de haber subido y bajado escaleras y de haber trepado a la luna y otras galaxias, el poeta vuelve para pararse sobre el mundo, con los pies sobre las brasas y nombrar aquello que parte del silencio, irrumpiendo en las zonas de confort con preguntas que tememos hacernos.

Donde hay animal hay deseo. La búsqueda poética no se queda en la metáfora del cuento, va más al fondo, y sube a la superficie: sabemos lo que somos, porque tenemos la capacidad de sentir la pulsión del deseo. Y aunque a través de nuestra historia hayan intentado domarnos, nadie puede borrar lo que sentimos, la bilis subiendo desde el estómago, los gusanos sacudiendo nuestro estómago. Sobre esta naturaleza (y naturalidad) de la experiencia vital también hay aquí maravillosos versos.

En este punto hay que hacer una aclaración. Rodríguez busca ese vínculo irrefutable entre deseo y herida. Si donde hay animal hay deseo, donde hay pulsión hay herida. Esa resignificación de la herida, no desde la mirada que la justifica, sino que la entiende, me parece otro de los puntos fuertes del carácter reflexivo de este libro.

La memoria que vela por la luz

«Los animales heridos» es una lectura que nos propone mirarnos y revisar cuanto hacemos, cuando pensamos, cuanto queremos. Mirar nuestras heridas y pensarlas como parte de un camino que nos compromete con los otros. Reapropiarnos del lenguaje para contarnos, buscando una salida a tanta herida. Existe un entrenamiento para la crueldad, también para el silencio, también para la empatía. Quizá, esta última actitud es la que nos invita a adoptar Rodríguez.

Dice David que para no luchar hay que ser muy fuerte. En este momento en que el mundo entero se está levantando contra el capital, que nuestros hermanos y hermanas están reventando las plazas para decirle al mundo que están hartos de tanta herida abierta por el sistema, quizás resulte interesante entender esta frase. La necesidad de volverse contra un mundo que nos acogota es pulsiva, natural, y mientras consigamos mantener a raya a los que intentan domesticarnos, mayores serán nuestras posibilidades de vuelo.

Termino con esta sentencia que es prueba de poética y camino escogido.


 
 
 
LOS ANIMALES HERIDOS
David Eloy Rodríguez
Editorial Marisma
978-84-173182-8-4
128 páginas
16,00 €
 
 
 
 
 
 


 

No quiero olvidarme de invitarte a la presentación de «Los animales heridos» que tendrá lugar en el Museo Interactivo de la Música de Málaga (Calle Beatas, 15), el 9 de noviembre a las 19.00. Junto a esta maravilla presentaremos también «A mano alzada» de Esther Garboni (Libros de la Herida) y habrá un pequeño recital poética. ¡Ven a acompañarnos, que será una fiesta!



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