El mundo propio de Ramón Gómez de la Serna

Vida y obra de un escritor imaginativo y vanguardista.

Ramón Gómez de la Serna

Algunos escritores nacen tocados por una estrella, que les permite devolver intensamente el brillo sobre aquello que tocan. Escritores con la suficiente capacidad para hacer de su singularidad un territorio colectivo. Es lo que pensamos al acercarnos a la vida y la obra de Ramón Gómez de la Serna, quien nació un 3 de julio de 1888. En el día de su aniversario queremos recordarlo y vamos a hacerlo pensando en ese fascinante mundo que puso en palabras. Su obra tiene la peculiaridad de trabajar con una mirada deconstruida sobre el propio mundo para darle la vuelta a las cosas e imponerles una nueva lógica. El inventor de la greguería consiguió crear una obra que está a medio camino entre fantasía y realidad, y que sigue fascinándonos más de un siglo más tarde.

Fuera de lugar para estar en el centro

Ramón Gómez de la Serna nació en Madrid en 1888. No era un buen momento para convertirse en escritor: en medio de la transición cultural de la crisis del 98 y el surgimiento de las nuevas generaciones intelectuales del siglo XX en España. Aunque se lo suele vincular a la Generación del 14, esta clasificación podría no ser del todo exacta, dado que su figura está más allá de los bordes de toda generación. No obstante, comparte con sus congeneracionales el interés por la modernización cultural, cierto entusiasmo europeísta y un fuerte convencimiento a favor de la renovación estética.

La gran peculiaridad de Gómez de la Serna es que, pese a esos ideales renovadores, se volcó por una escritura que se alejaba de lo que estaban haciendo otros escritores de su generación. Su inclinación por la experimentación extrema lo podría vincular, ciertamente, con las vanguardias europeas y alejarlo severamente de la seriedad de sus contemporáneos españoles. De hecho, mientras autores como Ortega y Gasset intentaban construir obras sostenidas por marcos filosóficos despampanantes para pensar el avance de la modernidad, Gómez de la Serna se inclinó por la fragmentación, el humor como método y la construcción de obras que impusieran la imagen como forma de conocimiento.

Ramón Gómez de la Serna fue un escritor prolífico, que cultivó la novela, el ensayo, la biografía, la greguería y la memoria. Entre sus títulos más conocidos podemos encontrar Greguerías, El Rastro, Pombo y Automoribundia. En ellos dejó plasmada una manera de mirar la realidad, sobre todo una atención obsesiva al mundo material. Algo sumamente interesante es que en sus textos los objetos dejan de ser pasivos y pasan a convertirse en entidades con voluntad, ironía o pensamiento propio.

Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna, pura imaginación

El creador de la greguería

Su gran aporte a la literatura es el invento de la greguería, un género breve que llegaría para quedarse. Se trata de una forma de pensamiento aforístico que condensa humor y metáfora en una sola idea. Una composición que se sostiene no desde el punto de vista del género sino desde la defensa de una forma cuidadosa de mirar el mundo. Él mismo la definía así: “El humorismo más metáfora”.

Además de haber sido un escritor prolífico, Ramón Gomez de la Serna fue un gran conversador y es recordado por haber creado y organizado durante un tiempo las tertulias en el Café Pombo de Madrid, una especie de círculo literario donde se reunían personas afines a las artes escénicas y a la literatura a disfrutar de tardes de tertulia y teatro informal. Figuras ilustres de la literatura española pasaron por esta tertulia, donde Gómez de la Serna, con su capa y rodeado de objetos excéntricos, cultivaba una imagen de autor total, en la que la vida y la obra estaban tocándose todo el rato.

Durante la Guerra Civil Española, Gómez de la Serna se ve empujado a trasladarse a Buenos Aires huyendo de la dictadura de Franco. Pasará gran parte de su vida como extranjero en esta ciudad y el exilio marcará notablemente su obra: se volcará por un trabajo más reflexivo desde la memoria, la autobiografía y la consolidación de su figura literaria. Falleció en Buenos Aires el 12 de enero de 1963, a los setenta y cuatro años, tras pasar casi tres décadas en el exilio. Tendría que pasar bastante tiempo para que recuperara su lugar en la literatura española, donde al día de hoy se le reconoce como un precursor de la sensibilidad contemporánea y de los géneros breves, donde la imaginación y la delicadeza en la mirada sobre lo cotidiano se percibe como una forma de conocimiento.

Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna, el inventor de la greguería



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