«Canción de tumba», de Julián Herbert

«Canción de tumba», de Julián HerbertHoy en nuestra sección El desván de los libros perdidos nos dirigimos a México y hablamos de un autor cuyas obras pasan desapercibidas pero que tienen una fuerza espeluznante. Se trata de Julián Herbert y el libro escogido es Canción de tumba.

Con una escritura limpia que roza la crueldad Herbert nos encarama en una historia tragiquísima en la que la muerte se pavonea delante del protagonista y lo lleva a momentos de tensión extrema.

Pero en medio de la tristeza y la desesperación hay espacio para rescatar las cosas bonitas y sencillas de la vida cotidiana, lo que la rutina tiene de gusto; y Herbert lo escribe con la nostalgia paseándose por cada una de sus letras y con una maestría majestuosa.

Acerca del autor

Herbert nació en México en y pasó la primera parte de su vida viajando junto a su madre de pueblo en pueblo. Esta pobreza extrema no le quitó las ganas de convertirse en escritor, y en cuanto pudo estudió literatura y comenzó a desandar esta huella que hoy lo ubica entre uno de los autores mexicanos más inspiradores.

Entre sus obras publicadas podemos citar “Soldados muertos” (una recopilación de cuentos) y “Un mundo infiel” (su primera novela), también ha publicado numerosos poemarios; tal es así que en mucho lugares se le conoce más por su faceta poética que narrativa. También ha escrito ensayos de literatura y ha organizado antologías poéticas hispanoamericanas. Su obra ha sido premiada en varias ocasiones y traducida a numerosos idiomas. Entre sus principales galardones podemos citar el premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino, el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen y el Premio Jaén de Novela inédita, entre muchos otros.
A Herbert también le gusta mucho la música, tal es así que ha sido vocalista de dos bandas de Rock&Roll: Los Tigres de Borges y Madrastras.

«Canción de tumba», de Julián Herbert

Herbert y la fragilidad humana

La fragilidad es sin duda uno de los temas más difíciles de abordar y los autores lo hacen con más o menos precisión pero pocas veces se los nota inmersos en esa debilidad, dudando de la fortaleza; el caso de Herbert es uno de ellos. Al leerlo todo te tiembla, es como si el mundo tal cual lo concibes pudiera desaparecer de un momento a otro. En Canción de tumba esa fragilidad se ve acelerada por una enfermedad, la leucemia, cuya víctima es una mujer único puntal de un joven que ha encontrado en la literatura su refugio.

Guadalupe Chávez era una mujer guapísima que se ganaba la vida como prostituta. La noticia de su enfermedad la llevó de las calles a una cama de hospital. Allí, su hijo caminará con ella sus últimos instantes de vida, junto a montones de agujas y letreritos. Mientras la acompaña, los recuerdos se agolpan en su mente y lo obligan a escribir. Canción de tumba surge en ese encuentro donde la memoria ofrece un vínculo íntimo con el escritor para permitirle volcar su agonía sin reparos, en una narrativa sincerísima y redentora.

«Canción de tumba», de Julián Herbert

La honestidad como punto de partida

Con una escritura poética como pocas, Herbert nos cautiva, nos aprieta el corazón y nos lleva de la risa y el placer que las situaciones cotidianas nos generan, a la nostalgia y la agonía que nos provocan las cosas cuando se tuercen.

El protagonista de la historia es ese joven escritor, cuya madre enferma se desvanece; la nombra con tristeza y con ira, porque siempre que nombramos a nuestros padres algo de ambas cosas nos embarga: por todo aquello que pudimos tener y no nos dieron, por no haber podido disfrutar de ellos lo único que le hace falta a todo ser vivo: el cariño y la presencia insoslayable.

La literatura mexicana se encuentra pavimentada por grandes nombres y, sin duda, Julián Herbert es uno de ellos; quizás poco conocido de este lado del charco pero de una calidad en la pluma envidiable y digna de recordar. Sería imperdonable no traerlo a nuestro desván. Les recomiendo este libro y todo aquello que caiga en sus manos de Herbert, estoy segurísima de que no los defraudará.

En lo que respecta a esta sección que hemos titulado el Desván de los Libros Perdidos, les contamos que ya llevamos varias entregas y que nos está encantado la buena repercusión que ha tenido en los lectores. Entre las obras que hemos rescatado se encuentran El camino de las llamas, de Hugo Wast; Museo de la soledad, de Carlos Castán y Diloy el vagabundo, de la Condesa de Ségur. No dejen de visitar nuestro apartado de Especiales, donde encontrarán todos los títulos publicados en esta sección.

«Canción de tumba», de Julián Herbert


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