Acerca de Silvina Ocampo

Silvina Ocampo no es la mujer de Adolfo Bioy Casares. ¿Por qué continuamos presentando a nuestras artistas de la mano de sus esposos? Es cierto que estuvo casada con él, sin embargo ella no fue «eso»; sino una magnífica escritora que, pese a ser hermana de Victoria, que siempre tuvo una mayor popularidad, supo hacerse su espacio en el mundo de las letras de forma indiscutible.

Sobre la autora

Silvina Ocampo es mayormente conocida por sus cuentos, sin embargo también ha escrito un magnífico número de poesías y se ha caracterizado por mostrar un estilo pulido y absolutamente entregado.

Era la menor de las «chicas Ocampo» y nació en Buenos Aires en 1906, en el seno de una familia relacionada con los círculos culturales argentinos.

A una edad temprana se sintió atraída por el mundo de las letras, incentivada por su hermana mayor, y comenzó a cultivar sus dotes literarias. Además, gracias a Victoria conoció a importantes autores como Borges y Bioy Casares, con quien se casó, pese a llevarle 11 años de edad.

La relación entre Silvina y Adolfo no era para nada convencional, ella sabía que él salía con numerosas mujeres y, pese a mostrarse celosa en reiteradas ocasiones, lo permitía y continuaba con su vida. Escribía, leía y tenía un mundo en el que Adolfo no entraba… y también amaba.

Durante años mantuvo una relación sentimental con Alejandra Pizarnik, a quien le dedicó cuentos y poemas y de quien recibió un afecto sin igual. Alejandra le escribía profundas y confesas cartas de amor donde mezclaba palabras en francés y le expresaba su calurosa pasión. En una de ellas le dice:

Los primeros cuentos que vieron la luz y que la colocaron en el epicentro del panorama literario argentino fueron «Viaje olvidado» y «Enumeración de la patria». Este último fue un libro de poemas donde se noto una clara tendencia de la autora por la poesía antigua; podríamos decir que en general su lírica se caracterizó por ello, por una férrea defensa de los modelos clásicos, así puede comprobarse en otras de sus obras como «Espacios métricos», «Poemas de amor desesperado» y «Los nombres».

La obra de Silvina Ocampo

Supongo que la obra poética de Silvina no recibió el espacio que se merecía, por eso su nombre siempre quedó ligado a la narrativa y posiblemente por eso tampoco cultivó en demasía el género lírico, siendo su último poemario «Amarillo celeste», publicado en 1972.

En lo que respecta a la narrativa, su aporte a la misma fue apostar por una ficción donde lo fantástico y lo policial confluyeran y le dieran a los relatos un carisma único.

Al igual que Silvina, otros autores contemporáneos a ella también apostaban por la narrativa fantástica, buscando nuevas formas de expresividad; entre ellos podemos mencionar a Adolfo Bioy Casares o Enrique Anderson Imbert. Por otro lado, junto a Bioy Casares y Jorge Luis Borges realizó una Antología de literatura fantástica que fue publicada en 1940. Además, con el primero colaboró en numerosas oportunidades, aportando ideas para sus historias y brindando su cuota de ingenio a la literatura de éste.

Sus cuentos se destacan por presentar numerosos seres fantásticos y hechos sobre naturales pero encarados desde un punto realista, lo que los vuelve más llamativos y atrapantes. Sin embargo, Silvina no se queda en contar historias con un tinte irreal, sino que a través de ellas ofrece una crítica tajante a los convencionalismos sociales y las normas literarias establecidas.

Entre Victoria y Silvina

La relación entre las hermanas Ocampo, según lo narra la historia, siempre fue estrecha pero regada de tiranteces. Había muchas cosas que las ligaba, el amor por la naturaleza, las viejas casonas de la familia tanto en Buenos Aires como en Mar del Plata, y, por supuesto, la misma pasión por la literatura.

Cabe mencionar que sus obras literarias fueron muy diferentes, así como también los gustos de cada una. Mientras Victoria siempre sintió admiración y atracción por la literatura francesa, a Silvina le atrajo la americana y, sobre todo, las historias con carácter fantástico o policial. Desde pequeñas fueron por caminos absolutamente opuestos.

Según lo han comentado diversas fuentes, tenían la relación típica de hermana mayor y menor; donde la segunda intenta bromear y tomarse la vida más a la ligera y la primera es tan exigente que, incapaz de expresar de verdad sus emociones, se recluye en la posición de proteger a la otra, como si todavía fuera una niña.

Se dice que cuando viajaban a Mar del Plata cada una se alojaba en su casa, las cuales se hallaban enfrentadas, y tan sólo se juntaban en contadas ocasiones de forma convincente, el resto de los encuentros parecían forzados, como si sintieran la obligación de estar juntas o unidas, pero en el fondo no se soportaran. De todas formas, las personas que las conocieron de verdad aseguran que ambas sentían admiración por la otra y un respeto sin igual.

Pocos días después del fallecimiento de Victoria, Silvina le dedicó unos extensos versos, titulados «El ramo», donde mencionaba ciertos elementos de la infancia y su amor, pocas veces asumido, hacia su hermana mayor. Algunas de sus palabras fueron:

Silvina Ocampo falleció el 14 de diciembre de 1993; después de padecer durante dos años una enfermedad que la separó rotundamente de las letras. Su obra es uno de los legados literarios más importantes del siglo pasado y su nombre figura entre los más indiscutibles de las letras argentinas.

Comentarios1

  • Raoul Shade

    ¿Por qué continuamos presentando a nuestras artistas de la mano de sus esposos? Porque la gran mayoría de los hombres latinos de Europa (sobretodo los Españoles, Italianos, Portugueses) y latinoamericanos, son esencialmente machistas y no aceptan la intelectualidad o la creatividad de la mujer.
    Hubo mujeres de gran talento o creatividad que quedaron en el olvido, tales como María Esther Vásquez (amiga de Borges) con Los Nombres de la Muerte; María Luisa Bombal, cuya obra maestra: “La Amortajada” (admirada por Borges, nunca se menciona, ni menos todavía se lee. Las surrealistas: Leonora Carrington, Claude Cahun y Remedio Baró, que se quejaban de ciertos hombres surrealistas que percibían a la mujer más como una musa (objeto) y no como un artista (sujeto). Peggy Guggenheim jugó un papel decisivo en el mundo del arte del Paris de los años treinta y en Nueva York después de la Segunda Guerra mundial. Fue la gran mecena y salvó a muchos artistas de las garras de Hitler en Francia.
    En la película "Henry and June", Anaïs Nin no sobresale como gran escritora, sino como gran libertina sexual, lo cual es una aberración estética.
    En 1919 Sylvia Beach fundó la Libreria “Shakespeare & Company” en Paris, lugar de reunión de Ezra Pound, Joyce, Hemingway, entre otros. Ella fue la primera editora en publicar el Ulises de Joyce, cuando ningún editor hombre se atrevía hacerlo porque esa obra maestra resultó ser una de las más censuradas de la historia.



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