A— Frases del Refranero Popular

Frases del refranero popular ordenadas alfabéticamente. Refranes de la A a la Z. Letra A. [Aquí puedes encontrar más artículos sobre refranes]


 
Voy a seguir con esta línea de textos sobre el refranero popular pero voy a cambiar un poco el estilo para no ser cansina. El giro será comenzar a analizar frases siguiendo el abecedario. Comenzamos con la A. Van aquí una serie de dichos populares que empiezan con A.
 
 

Refranes con A

Este refrán, que se apoya en una costumbre muy antigua: la época de los barcos a vapor en el que los navegantes llegaban a un puerto para proveerse de leña antes de continuar el viaje. Debían planificar adecuadamente el viaje para tener la seguridad de que al llegar al puerto conseguirían la madera para continuar la travesía; es decir, arribar a los puertos donde supieran que podían aprovisionarse adecuadamente. En un sentido alegórico esta frase sirve para expresar que no hemos ido al lugar adecuado a buscar ayuda; una analogía de aquellos barcos que arriban a un puerto donde no pueden conseguir madera para continuar la travesía.

Con esta sentencia de la sabiduría popular se establece una analogía entre la vida cotidiana y el accionar de los ciudadanos en los tiempos monárquicos. Entonces, ni bien el rey fallecía, su sucesor ya estaba tomando el control, haciéndose cargo de las tareas y ocupando el trono. El significado de esta frase es que en las relaciones humanas nadie es eterno y cualquiera puede ser reemplazado rápidamente si la situación se acomoda para que así sea.

Esta frase tan común en la teoría y en la práctica hace referencia a cosas que se hacen sin prestar atención, con poco cuidado, confiando en la buena voluntad de un dios; de este modo, si las cosas salen mal el único culpable será ese dios.

Este refrán relacionado con el anterior, sirve para demostrar que es necesario tener una buena actitud frente a las cosas porque solas no van a resolverse. De este modo, se nos invita a trabajar mucho para conseguir nuestros objetivos sin dejarlo todo en manos del destino. Si bien la acción de la buena fortuna hay que aceptarla y disfrutarla, no se puede confiar ciegamente en ella, porque no siempre las cosas saldrán como deseamos.

Este es un dicho que me gusta mucho y que en lo personal me cuesta mucho llevar a cabo. Nos invita a poner todo de nuestra parte para superar los malos momentos de la vida. En ocasiones se interpreta como poner la otra mejilla, sin embargo, el fuego de esta frase es intentar levantarse y no pensar en lo que ha ido mal sino ver la luz que se filtra detrás de lo que escuece.

Esta frase que ya se está perdiendo, quizá porque hemos perdido nuestra capacidad para aceptar o asumir nuestros errores, hace alusión al buen accionar de alguien que es capaz de asumir sus errores en público.

Esta frase muy popular nos presenta una alegoría entre nuestro comportamiento y el que demuestran los tomates durante su crecimiento. Para que una tomatera sea productiva deben colocarse guías que sirvan de apoyo para la planta y dirijan su crecimiento; sin ellas la planta se dirige (agarra) hacia cualquier lado. Esto es porque estas plantas por naturaleza crecen de forma desordenada. Este dicho entonces se apoya en la naturaleza de esta planta, y se utiliza para referirse a alguien que no es capaz de seguir el hilo de una conversación y termina hablando de cualquier cosa menos del tema del que se estaba hablando.

Esta frase tiene sus detractores. Hace referencia a que si no sabemos qué hacer ante un hecho trascendente, lo ideal es no hacer nada para evitar cometer un error irremediable. Quienes se oponen a esta sentencia aseguran que siempre es preferible cometer errores y haberlo intentado que quedarse de brazos cruzados mientras las cosas siguen en su línea torcida.

Esta sentencia sirve para advertir a alguien que si no hace las cosas de forma precavida las consecuencias pueden ser negativas. Se dice que en tiempos antiguos un vendedor ambulante de sartenes tenía por costumbre estropear algunos de sus productos y venderlos para gastarles bromas a los clientes. Cuando éstos se iban de su tienda él les gritaba desde su comodidad esta sentencia. Su suerte se torció cuando alguien le pagó con monedas falsas, es decir, con su propia moneda y remató su interacción con la frase

Teniendo en cuenta esta situación, el refranero nos invita a pensarnos muy bien las cosas antes de ejecutarlas, sobre todo si deseamos mofarnos de la suerte de otro, porque una mala acción siempre tiene su contrario y éste puede despeñarnos como una roca que parecía completamente arraigada al suelo, de un momento para el otro.

Esta frase sirve para expresar que ya no queda por hacer en un lugar. Existe una variante de esta frase un poco elíptica que dice «el último, que apague la luz…» y es muy usada para dejar en evidencia que no tenemos pensado continuar en un lugar o situación. Al día de hoy la frase también adquiere otros matices dependiendo de quién la pronuncie.



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