Gustavo Adolfo Bécquer
Rima XXXIV
Cruza callada, y son sus movimientos
silenciosa armonía:
suenan sus pasos, y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica.
Los ojos entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día;
y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
arden con nueva luz en sus pupilas.
Ríe, y su carcajada tiene notas
del agua fugitiva;
llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita.
Ella tiene la luz, tiene el perfume,
el color y la línea,
la forma engendradora de deseos,
la expresión, fuente eterna de poesía.
¿Qué es estúpida? ¡Bah! Mientras callando
guarde oscuro el enigma,
siempre valdrá lo que yo creo que calla
más que lo que cualquiera otra me diga.
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Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer
Poemas del Alma
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29 del 9 de 2012 a las 21:53
Este poema de Bécquer me recuerda una frase célebre que leí hace mucho tiempo escrita por no recuerdo quien. La frase dice algo así como “No todo lo que brilla es oro, es verdad; pero agregad además: hay oro que no brilla”.
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