Rafael Alberti
A FEDERICO GARCÍA LORCA
Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;
que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.
Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.
Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras,
ciervo de espuma, rey del monterío.
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La vivacidad y la corta vida de nuestro amigo Fedérico García Lorca, en Alberti, uno de sus grandes amigos, le dan a entender por su su severa juventud, que era éste un gran personaje y en este poema lo demuestra con claridad, devolviéndolo al lugar de procedencia, para su eterno descanso y su paz.