Así como el idioma permite comunicar hechos o situaciones a través de las oraciones enunciativas (“Leonardo DiCaprio es una estrella de Hollywood”, “Los perros son animales domésticos”), unir conceptos con significados opuestos por intermedio de las oraciones adversativas (“Mi hermano había estudiado pero el exámen era difícil”), dar órdenes o establecer prohibiciones mediante los enunciados imperativos (“Se prohíbe el ingreso con animales”), expresar emociones por intermedio de las construcciones exclamativas (“¡Qué bien te queda ese vestido!”, “¡Qué lástima!”) o hacer preguntas a través de las oraciones interrogativas (“¿Dónde queda el restaurante que me recomendaste?”, “¿Cómo se llama tu hermano?”), también ofrece la posibilidad de que el hablante pueda dar a conocer su vacilación o duda respecto a un determinado acontecimiento.

De esa circunstancia surgen entonces las oraciones dubitativas, un grupo de frases que tienen como fin comunicar una alternativa o un hecho de realización incierta, tal como se puede apreciar en expresiones como “Quizá llegue a tiempo”, “Tal vez la semana que viene viaje a España”, “Acaso el médico sepa cómo tratar tu enfermedad”, “Tal vez Daiana pueda resolver el conflicto”, “Acaso ella no esté al tanto de la situación”, “Tal vez se arrepienta de lo que ha dicho”, “A lo mejor mañana se comunica contigo”, “Quizá sea cierto lo que informaron los periodistas” o “Probablemente necesites ayuda profesional”.

Como se desprende de cada una de las oraciones publicadas a modo de ejemplo, esta clase de construcciones que, a pesar de estar consideradas como dubitativas, se articulan con una entonación enunciativa, reflejan dudas por intermedio de una serie de adverbios y expresiones adverbiales que se ubican antes de un determinado verbo en modo subjuntivo o indicativo. “Quizá”, “tal vez” y “acaso” son, por lo general, las palabras más utilizadas a la hora de crear una oración dubitativa.