Un signo lingüístico es una realidad perceptible por los sentidos que remite a una realidad que no está presente. Estos signos están formados por un significante, un significado y un referente, vinculados por una relación inseparable que se denomina significación.

Monosemia, polisemia y homonimiaEsta asociación es la más importante en la comunicación humana, pero no siempre acontece de la misma forma. Esto quiere decir que no todas las palabras presentan el mismo tipo de relación entre el significado y el significante.

La monosemia supone una única asociación posible entre el significado y su significante. Por lo general, las palabras monosémicas pertenecen a los términos científicos o técnicos, donde no puede existir la ambigüedad y se busca la mayor precisión posible. Un ejemplo de palabra monosémica es “meningitis” (inflación de las meninges, según el diccionario de la Real Academia Española).

En cambio, el fenómeno de la polisemia se produce cuando existen palabras en las que, a un significante, le corresponden dos o más significados. Por ejemplo, la palabra “clave”, que puede hacer referencia al código de signos convenidos para la transmisión de mensajes secretos o privados, al conjunto de reglas y correspondencias que explican este código, a la noticia por la cual se hace comprensible algo que era enigmático y al signo (o combinación de signos) para hacer funcionar ciertos aparatos, entre otros significados.

Hay que tener en cuenta que la polisemia no representa una dificultad para la comunicación o para el entendimiento. Una persona logra comprender el significado adecuado de cada término gracias a los datos que le proporciona el interlocutor en medio de la conversación.

Por último, la homonimia sucede cuando dos significantes diferentes terminan por coincidir en una misma forma gracias a su evolución fonética. Las palabras homónimas pueden ser homófonas (aquellas que tienen la misma pronunciación pero distinta ortografía) u homógrafas (las que tienen la misma pronunciación y la misma ortografía).