Una variedad o variante lingüística es una forma de referirse a las diferencias lingüísticas que existen entre los hablantes de un mismo idioma. Por ejemplo, un argentino puede comunicarse con un español, ya que ambos comparten la lengua española o castellana. Sin embargo, los códigos lingüísticos utilizados por cada uno de ellos presentan bastantes diferencias entre sí.

Las variedades linguisticasEn este caso, se trata de una variedad geográfica. Los cambios de este tipo que experimentan las lenguas pertenecen a la variación diatópica y suponen la existencia de variantes debido a la distancia geográfica que separa a los hablantes (en Argentina, se utilizada la palabra “computadora”; en España, el término “ordenador”).

La variedad geográfica suele generar lo que se conoce como dialectos, que es un concepto al que se le atribuye por error un sentido negativo (al calificar a las lenguas supuestamente simples como dialectos). Los dialectos son la forma particular con la que una comunidad utiliza una cierta lengua (inglés británico, inglés estadounidense, inglés australiano, el español de España, el español de Latinoamérica).

Otra variedad lingüística es la social, también conocida como diastrática, que se refiere a los cambios del lenguaje producidos por el ambiente en que se manifiesta el hablante. Esta variedad implica la existencia de sociolectos, producto de las diferencias de clase social, educación, procedencia étnica y otros factores.

Por último, la variedad situacional (o diafásica) contempla los cambios en el lenguaje a partir de la situación en la que actúa el hablante. Esto quiere decir que un hombre no habla de la misma forma en su trabajo, en su casa, con sus amigos o con sus hijos. Para cada situación, existe un cierto grado de formalidad según el respeto por las reglas, las normas y las costumbres de la comunicación lingüística.

La variedad diafásica supone la utilización de distintos registros o estilos (formal, culto, profesional, vulgar, coloquial), que se eligen de acuerdo a la situación.