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En Poemas del Alma te proponemos un juego. Elige al autor correcto de 10 poesías famosas elegidas aleatoriamente y clasifica en nuestro ranking. ¿Qué esperas? Comenzar!

6
Mar

Escrivisiones III

Publicado por María Eugenia Caseiro

Albert EinsteinESCRIVISIONES. Por María Eugenia Caseiro [3]

Continuación:

¿VIAJAMOS BIEN EQUIPADOS?

I. El Reloj Biológico.

El Reino Animal, al cual pertenecemos, posee un ritmo interior para medir su tiempo. Cada individuo de cada especie posee un reloj biológico. La generalidad de los relojes biológicos funcionan con un ritmo de 24 horas: el ritmo circadiano (del latín, cerca de un día) que gobierna funciones como el dormir y el despertar; el descanso y la actividad; las regulaciones de: la temperatura corporal, del balance de líquidos, del rendimiento cardiaco, de la secreción de las glándulas endocrinas y del consumo de oxígeno.

Los componentes principales del reloj biológico en los mamíferos, se encuentran en las células en el núcleo supraquiasmático (SCN, por sus siglas en inglés) del cerebro. Dentro de estas células, los componentes moleculares del reloj son “reacomodados” diariamente por los efectos de la luz y otros estímulos.

II. El Computador Biológico.

“El hombre es la medida de todas las cosas.” Protágoras.

Hablemos en términos científicos de la manera más sencilla posible: el encéfalo es el conjunto de centros nerviosos, cerebro, cerebelo y tronco cerebral, contenidos en la cavidad craneal de los vertebrados. El centro nervioso encefálico situado debajo del cerebro detrás del tronco cerebral y que interviene en el control de las contracciones musculares y el equilibrio es el cerebelo. El cerebro es el centro nervioso encefálico, muy desarrollado en el hombre, que se compone de dos hemisferios que poseen numerosas circunvoluciones. El tronco cerebral conecta entre sí la corteza con el cerebelo y la cuerda espinal, y contribuye en la regulación de las funciones involuntarias del cuerpo (viscerales y faciales) y las habilidades motrices cognitivas (habilidades que exigen pensar, como la dactilografía); comparte muchas de las funciones de la cuerda espinal y está formado por el bulbo raquídeo, la protuberancia anular (metencéfalo) y el mesencéfalo o pedúnculos cerebrales. Sin embargo el término cerebro, parece imponerse a toda opción posible ya que el cerebro propiamente dicho, es la porción pensante y de la cual parece depender el grado de inteligencia aparte de constituir el 85% del peso encefálico. Debemos entender que realmente el encéfalo es el conjunto al cual pertenece el cerebro, unido a los restantes centros nerviosos cuyas funciones, estrechamente vinculadas entre sí no pueden separarse. Pero el término cerebro posee las condiciones para fusionar a aquellos otros términos que nombran los miembros de la cavidad craneal y que en apariencia abandonan su identidad orgánica para crear una nueva identidad, reagrupando el producto.

Cuando se habla de Computador Biológico, estando en presencia además de la obra de ingeniería de orden natural más perfecta, hablamos de un total contenido en la cavidad craneal al que, por fusión acreditada, llamamos cerebro. A pesar de haber penetrado en el conocimiento de muchas de las funciones del cerebro, la ciencia admite que la ignorancia es aún muy grande acerca de tantas otras.

Puntualizados estos escuetos pero elementales aspectos, hablaremos de la trascendental repercusión del pensamiento en el término cerebro, que usamos de manera habitual para nombrar al conjunto contenido en la cavidad craneana, incluyendo las facultades mentales como el pensamiento y la memoria; la inteligencia y hasta el talento entre sus funciones.

Llamamos mente al entendimiento como tal; llamamos entendimiento a la inteligencia, que es la facultad de comprender y conocer; la aptitud que tenemos para este comprender. El ser humano es la única criatura que tiene conocimiento de su existencia y lo debe a un estado de la mente, la conciencia.

“La luna ignora que es tranquila y clara / y ni siquiera sabe que es la luna;”
Jorge Luis Borges

Tratamos de establecer diferencias entre pensamientos, basados en la individualidad de criterios, así como hablamos de pensamiento mágico y pensamiento científico refiriéndonos a analogías divergentes. A pesar de la individualidad en materia de cerebro y también de la individualidad del pensamiento; a diferencia del primero, el segundo puede ser compartido o simultáneo. El pensamiento puede ser uno para muchos cerebros aunque cada cerebro, ajustado a los factores de los que ha dependido, o no, el desarrollo de su inteligencia y la porción heredada por genética, piense de manera diferente y enfoque el análisis limitado a una fuente de datos.

Einstein donó su cerebro para ser investigado después de su muerte que ocurrió el 17 de abril de 1955. Este cerebro conservado y estudiado desde hace casi medio siglo comenzando con la primera investigación del Dr. Thomas Harvey, quien al practicar la autopsia, lo extrajera con fines científicos, arrojó la similitud del cerebro del sabio con el de la mayoría de las personas, salvo que las áreas cerebrales relacionadas con el cálculo (lóbulos parietales) presentaban hasta un 15% más de desarrollo que las de los controles. La profesora Sandra Witelson, del Departamento de Psiquiatría y Neurociencias del Comportamiento, de la Universidad McMaster, Canadá, dirigió nuevos estudios macroscópicos del cerebro de Einstein en 1999. Halló además, que la parte inferior de esta zona de los lóbulos parietales, no estaba separada por una hendidura denominada cisura de Silvio, que suele localizarse allí, por lo que pensó que dichas regiones pudieron tener un mayor número de neuronas y conexiones entre ellas al tiempo que ello facilitaría su función.

Sería bueno preguntarse si ese genial pensamiento matemático es innato, producto de las peculiaridades anatómicas congénitas; o adquirido, obra de la utilización sistemática y aprovechamiento al máximo de dicha área.

¡Opine usted!.

continuará…
Adelanto para la próxima entrega:
IIa. El Pensamiento. y III. El Fichero Personal.

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6
Mar

Llanero (VI)

Publicado por Teresa Domingo Català

LlaneroSexta parte de la novela corta “Llanero”, por Teresa Domingo Català.

VI

La segunda niña muerta apareció en el cementerio. Antes no hemos hablado de la ubicación del camposanto. Estaba a muchos kilómetros del río, bajando la ladera hacia ninguna parte, según los habitantes de Llanero. Una parte de la ladera bajaba hasta el río Seco, donde habían encontrado el primer cadáver. Otra, bajaba hasta los campos cultivados y el río Negro. Las otras vertientes tenían un destino ignorado por las gentes, así que para ellas no llevaban a ninguna parte. El cementerio se extendía sin cruces, con tumbas cavadas en el suelo, y sólo un palo de madera, grueso, y un grabado con el nombre del muerto, para no confundir las tumbas donde los vivos iban a recordar a sus parientes y amigos. No había flores ni ningún tipo de ornamento.
Cuando la pequeña Gira desapareció, los hombres casi enloquecieron. Temían encontrar otra vez una niña muerta y mutilada. Fue la madre quién dio la voz de alarma. La niña había ido a por agua y no había vuelto. Hace más de una hora, le explicó al marido, que casualmente estaba en la casa. El marido, antes de nada, fue a la plaza de la fuente, preguntó a unos niños si habían visto a Gira, no, no la hemos visto, miró por los alrededores. Como la niña no aparecía se puso cada vez más nervioso. Decidió ir a ver a Gaz, el alcalde. Organizaron una partida de hombres en poco menos de media hora, hombres dispuestos a buscar a la niña en los alrededores del pueblo.
Como eran pocos, no se dividieron. Primero buscaron por el río Seco, pero no encontraron nada. Fue Nozh quien dijo de ir a buscar al cementerio, y Gaz estuvo de acuerdo. Y allí estaba, sobre la tumba de Geda, la primera niña muerta. Desnuda, con los pezones arrancados y una rama seca penetrando su pequeño sexo. El padre gritó de horror y se revolvió contra los otros hombres; no quería que vieran a su hija de aquella manera tan horrenda. Como si la niña estuviera viva y sintiera la desnudez de su carne ante las miradas horrorizadas de los hombres vestidos de un luto permanente.
Gaz trató de calmar al padre de la niña muerta, la segunda en un lapso de tres semanas, y al final él y Nozh lo consiguieron. El hombre no pudo evitar verter alguna lágrima, al fin y al cabo era humano, no era una máquina programada, y sus lágrimas cayeron sobre el pelo de la infeliz y desgraciada criatura.
Las mutila estando muertas, aclaró Nozh. Lo veis, está claro. Primero las asfixia y luego las mutila. Todos pensaron lo mismo. ¿Quién era el asesino? ¿Quién podía mutilar y matar a las niñas? Debía ser alguien conocido que atraía a las pequeñas, se las llevaba y luego las asesinaba sin dejar rastro. Uno de los hombres balbuceó la necesidad de investigar el asunto, no podían resignarse a llevar a la niña al pueblo, prepararla, enterrarla y olvidarse del asunto. Gaz, ofendido, explicó que desde la alcaldía había dado órdenes de vigilar el pueblo. No había sido suficiente, otra niña aparecía muerta, vilmente asesinada. El asesino era cruel e inteligente. Todos sabemos que la inteligencia no siempre se usa para hacer el bien, comentó Nozh, que no me interrumpa nadie dijo el hombre que hablaba con el alcalde, el asesino debe ser apresado y ajusticiado y no debe perderse el tiempo. Hay que apostar vigilantes en cada casa si es necesario.
Los hombres discutían, el padre envolvió a la niña con su chaqueta, como había hecho el alcalde con Gedda, y no permitió que ningún otro hombre la tocara.

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26
Feb

Escrivisiones II

Publicado por María Eugenia Caseiro

El camino recorrido ESCRIVISIONES. Por María Eugenia Caseiro [Entrega #2]
Continuación:
EL CAMINO RECORRIDO.

¿Qué sabe el pez del agua en la que nada toda su vida?” Albert Einstein.

Para llegar a conclusiones acerca de cualquier proposición o dilema, se necesita de antecedentes que fundamenten la investigación y nos inviten a la reflexión. La vida es nuestro fundamento substancial para incursionar en las profundidades del conocimiento, nos proporciona toda la materia prima necesaria para establecer el debate entre la razón, y la magia de la vida. Cada fenómeno, cada evento, actúa como agente propulsor de la inquietud humana. Todo elemento es causa y móvil que incita la curiosidad y motivo para aspirar al descubrimiento de su cause y origen. La correspondencia y el intercambio ilimitado que nos ofrece la naturaleza en conexión con el desarrollo de criterio y pensamiento, nos abren las puertas al extraordinario universo del conocimiento.

La necesidad de conocimiento, ha llevado al ser humano por la vía de sondeos, de pragmatismos y finalmente al discernimiento, a la articulación exhaustiva de cada mecanismo a nuestro alcance para explicarnos el mundo que nos rodea en conjunción con la existencia, el comportamiento y la muerte.

I. Retrospección.

Toda la historia de los progresos humanos no es más que la simple imitación del genio. ” Don Domingo Faustino Sarmientos.

Gracias a los descubrimientos arqueológicos hemos llegado a poseer una enormidad de data a lo largo de todo el avance de la humanidad hasta nuestros días. A través de los primeros códigos de escritura que aparecieron entre el V y el IV milenio a. C., en Egipto, Mesopotamia y China, además de otras escrituras ideográficas, como la hitita, la cretense y la cuneiforme de los sumerios; hasta la utilización del actual código fonético (el alfabeto), hemos podido recibir información muy valiosa acerca del desempeño social y cultural de las antiguas civilizaciones del planeta. El hombre utilizó la filosofía en un principio, como reflexión científica sobre la naturaleza y las causas que provocan la existencia del universo, el hombre y la sociedad. Grecia ha dado a la historia de la humanidad un gran número de filósofos, historiadores, escritores, artistas y pensadores cuyas obras aún son reconocidas en todo el mundo. En el siglo VII antes de J.C. persistiendo aún la influencia de Homero y Hesíodo, reconocidos como los grandes educadores del pueblo griego, existía además de la gran superioridad del pensamiento mítico y religioso, el predominio de la aristocracia y la nobleza terrateniente. Para comienzos del VI se observa un creciente influjo de la poesía, la filosofía y las matemáticas; Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímides, Heráclito, Parménides, Protágoras y Pitágoras, Sócrates, el gran maestro e inspirador de Platón, hasta llegar a quien posiblemente fuera el sabio magno del mundo helénico, Arquímedes de Siracusa.(“ Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo”, dijo al descubrir los efectos de la palanca). Así se fue constituyendo una de las grandes escuelas de la humanidad: la filosofía, y preparando el camino hacia el mundo de hoy.

Aunque mejor conocido por su obra filosófica, Platón tuvo considerable influencia en las matemáticas helénicas; creía imposible estudiar Filosofía sin el conocimiento previo de las matemáticas. A la entrada de la Academia, su célebre frase: “No entres aquí si no eres geómetra”, y proposiciones como: “los números gobiernan al mundo” que supone una influencia directa de las teorías pitagóricas; y Aristóteles quien fundamentaba su especulación en el realismo basado en el sentido común y la experiencia, se instituyeron ambos como predominantes figuras de esta reflexión: la filosofía, que con el curso del tiempo y la historia ha ido rebasando diferentes niveles de complejidad y profundidad al tiempo que ha servido de trampolín para que diversidad de campos investigativos, hayan ido alcanzando paulatinamente su propia voz gracias al desarrollo del conocimiento y al trascendental aporte de muchos otros grandes pensadores e investigadores a lo largo de la historia.

Alegoría del Arte y la Ciencia. Siglo XVI
Cherubino Alberti y Giovanni Alberti

Con la llegada del cristianismo que logra consolidarse como religión acreditada en el período del 50 al 250, la filosofía comienza una separación gradual de la teología. Galeno de Pérgamo, eminente médico griego (129-199) fue quien primero tomó en serio el cristianismo como escuela filosófica. Gradualmente los cristianos fueron olvidando su hostilidad hacia la filosofía, al ser tomados en cuenta como escuela, y ya para mediados del siglo II se atreven a exponer su religión como tal. Con el tiempo, Tomás de Aquino, quien siempre puso la filosofía al servicio de la teología; San Agustín, quien desarrolló la concepción cristiana de la historia mundial, entendida en un sentido fatalista como resultado de la predestinación divina, y San Juan de la Cruz, el poeta de España; entre otros, dieron fe de ello.

Nicolás Copérnico, astrónomo polaco cuya teoría del movimiento de los planetas revolucionó el pensamiento científico de fines del siglo XVI, y René Descartes (1596-1650), matemático, filósofo y fisiólogo francés, al que debemos la primera explicación sistemática de las relaciones entre la mente y el cuerpo, preparan el camino para la autonomía de la ciencia a partir de cuyas ideas crean una escuela: el cartesianismo. En Holanda, Spinoza, de origen judío y de una tendencia extremadamente racionalista y matemática es considerado el principal filósofo de dicha escuela; en Alemania, Leibniz, descubridor del cálculo infinitesimal al tiempo con Newton.

Los sistemas de Leibniz y Spinoza (partiendo de reflexiones sobre el hombre, su moral y su libertad) se encaminan a determinar la autonomía de la filosofía con respecto a la metafísica (especulación acerca de lo que va más allá de la experiencia), proceso que finalmente se instaura gracias a Inmanuel Kant, catedrático de lógica y metafísica alemán, quien presenta una disertación en latín sobre la forma y los principios del mundo sensible y del inteligible, que intenta aclarar porqué la metafísica se hallaba en un callejón sin salida.

A Hegel, quien describió el desarrollo de un principio único que engloba al ser y al pensamiento por medio de la dialéctica, de la que no solo hizo un método racional de pensamiento, sino sobretodo la vida misma del concepto y de su trayectoria, correspondió crear una nueva forma de aproximación a la historia, mientras que Marx, dotado de sorprendente integridad y coherencia de concepciones (cualidades reconocidas incluso por sus adversarios), cuyo conjunto constituyen el materialismo y el socialismo científicos, provocó una verdadera revolución en la ciencia económica y se propuso transformar el mundo en lugar de interpretarlo.

Una teoría explicativa de la evolución, “El origen de las especies” fue publicada en 1859 y su autor, el naturalista Charles Darwin, se vio inmerso en incesantes debates, críticas y enfrentamientos con numerosos científicos. Nietzche hizo de la filosofía un medio para escapar a todas las servidumbres del espíritu, y es en este momento que se separan de la filosofía y a su vez se constituyen, las ciencias que tratan del hombre: la psicología y la sociología. Al mismo tiempo que nace el psicoanálisis, con Freud; la lógica se constituye como disciplina independiente con Frege, Hussert se encarga de sentar los fundamentos de la fenomenología y Heidegger llevó su reflexión hacia la ontología.

El individuo, que representa el elemento activo de la sociedad, comienza su ardua batalla por subsistir desde el instante en que nace; crece y se desarrolla en medio de una combinación entre esa lucha y la de dar respuesta a cada manifestación o evento de su propia existencia, enlazada al mundo y los seres que lo rodean en su recorrido por la vida y, finalmente, se apresta a un combate tenaz por la prolongación de la existencia. El caudal de fenómenos y la prodigiosidad de la naturaleza en sus diversidades, combinaciones y enlaces de toda magnitud y origen, lo llevan a intentar explicarse el porqué de la existencia y la interpretación de su papel en tan milagroso engranaje al tiempo que debe descubrir su enlace cósmico al conjunto.

Aunque científicos y pensadores, sin duda grandes hombres, nos han dejado como legado toda esta maravillosa y vasta gama de proposiciones, descubrimientos y grandes logros, su mayor aporte al conocimiento del hombre y su historia, y que han contribuido al desarrollo de la sociedad actual, además de haber brindado amplitud de perspectivas y la promesa de grandes expectativas al futuro de la humanidad, no por ello podemos pretender que todos y cada uno de nosotros, en nuestro diario vivir consigamos lo que queremos alcanzar como individuos, a través del estudio de tan voluminoso material, pero si debemos aprovechar al máximo la capacidad que, como seres racionales, tenemos de discernimiento para no desaprovechar el momento que nos ha tocado vivir, y de tal forma, ayudados por los aportes del intelecto universal (de los que debemos proponernos saber un poquito más cada día) y toda experiencia que podamos compilar en nuestro paso por la vida, elegir una mejor forma de existencia y renovar el concepto que tenemos de la misma persuadidos por voluntad propia.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO.

El tiempo encuentra su sentido en la eternidad, entonces habrá que comprenderlo a partir de ésta. ” Martin Heidegger.

¿Tenemos acaso una definición capital para el vocablo tiempo? Es lo que sucede con muchas palabras en todas las lenguas. Palabras en las que el sentido capital cohabita con un séquito de valores relativos. Esta condición de un vocablo se denomina polisemia. La voz procede del latín tempos y además de las frases hechas, los ingredientes de espacio y materia, y los factores como la velocidad y el clima con los que se le considera relacionado. Si el tiempo representa el devenir como sucesión continuada de momentos, ¿cómo explicar que una cosa que damos por establecida no es la verdad absoluta que parece?
¡Qué mezquino, qué torpe, qué difícil balbuceo el nuestro para expresar este deleite de lo inefable que reposa en todas las cosas con la gracia de un niño dormido! ¿Con cuáles palabras decir la felicidad de la hoja verde y del pájaro que vuela? Hay algo que será eternamente hermético e imposible para las palabras. ” Ramón María del Valle Inclán

En la antigüedad el tiempo, testificado por el lenguaje de la naturaleza con su continuo suceder entre el día y la noche, hablaba de una medida representativa en la que el hombre, junto a toda criatura viviente era espectador sujeto a los designios de ese lenguaje. Hubo un momento en que el hombre cambió su posición de espectador al darse cuenta que el tiempo lo afectaba de diferentes maneras y entendió que éste podía ser tanto su mejor aliado como su peor enemigo.

El Tiempo. Miguel March

Llega un momento en la historia de las antiguas civilizaciones, en que se hace menester comenzar a medir ese tiempo del cual todo parecía estar en dependencia. De las condiciones naturales relacionadas con el tiempo (clima) dependían los momentos adecuados para la siembra y la cosecha, la pesca y otras actividades vitales. El hombre comienza entonces a dividirlo en intervalos y de esta forma a medirlo; primero utilizando relojes de agua, de sol, de arena y hasta de fuego, pero no por ello la naturaleza dejaba de imponer las pautas. Solo a través de la naturaleza se obtenían los transcursos de tiempo, ingénitos y contiguos como el gotear del agua o el movimiento de la luz solar. La aparición del calendario juega un papel importante en la disposición del hombre para medir el tiempo, pero hasta ese momento, sin mayor control de las condiciones climáticas, era necesario ajustarse al dominio de la naturaleza.

Con la invención del reloj de ruedas, entre los siglos XI y XII el hombre se atribuye por primera vez la creación de una máquina capaz, ignorante de los intervalos naturales, de marcar el paso del tiempo. De esta forma el hombre, colocado fuera de lo natural, se siente capaz de marcar lo cotidiano y periódico, no obstante el poder del tiempo sobre el ser humano continúa ejerciendo esa influencia que hasta nuestros días no ha dejado de subyugarlo, precisamente por la evocación de caducidad que el tiempo representa para nuestras vidas y que persiste en su constante anuncio de vencimiento de un plazo. Si medimos la vida a partir del tiempo y dividimos el tiempo en plazos, subconscientemente concluimos que la vida es una sucesión de plazos. Lo mismo que medimos el tiempo para saber en qué instante nos encontramos, lo hacemos con la oculta intención de deducir cuánto tiempo nos queda para el siguiente plazo.

Antes que el tiempo Absoluto de Isaac Newton se expresara en idea, ya Galileo contaba con una brillante teoría postulando que la naturaleza solo podía ser explicada por medio de espacio matemático y velocidad. Para Galileo la naturaleza estaba escrita en un lenguaje de figuras geométricas sin cuyo entendimiento era imposible el entendimiento de la propia naturaleza, por ende del tiempo. Newton afirmaba que era cualidad del tiempo y el espacio absolutos el ser invariantes, es decir, que sus partes no tenían movimiento. El primero deriva su carácter de su orden y el segundo de su posición. Lo cierto es que la propia ciencia, al renovarse, desplaza teorías con aparente facilidad. Fue así que este tiempo absoluto del que hablaba Newton y que se enfrascaba en constante pugna con el concepto del tiempo relativo para Descartes, quedó inhabilitado al salir a la luz la Relatividad de Albert Einstein. Según Einstein una prueba de que la dilatación del tiempo es algo real nos la proporciona la propia naturaleza al hacer que las partículas de la radiación cósmica choquen contra los átomos de la estratosfera terrestre. En estos choques surgen nuevas partículas, los muones, de vida extremadamente corta: tardan 1.5 microsegundos (millonésimas de segundo) en desaparecer. A pesar de que viajan a una velocidad muy cercana a la velocidad con que viaja la luz, prescindiendo de la existencia de la relatividad, en ese tiempo sólo llegarían a recorrer 450 metros. Teniendo en cuenta que dichos muones se originan en la estratosfera jamás llegarían a la superficie terrestre. En un mundo con dilatación del tiempo, por el contrario, la corta vida de los muones basta para llegar hasta la superficie de la Tierra, como realmente sucede. Para poder referirnos a la velocidad que es exclusiva de los muones, el factor gamma vale veinte, lo que significa que el tiempo transcurre veinte veces más lento que lo normal. Los 1.5 microsegundos se convierten, por lo tanto, en treinta microsegundos, permanencia relativista del muón que de esta manera si le alcanza para realizar un viaje de 9.000 metros.

La teoría de la Relatividad resuelve interrogantes tales como que el curso del tiempo es más lento sobre una gran masa como puede serlo una galaxia, que sobre un elemento menor como podría serlo un átomo. Que la velocidad del tiempo puede parecernos inmutable, aunque esto sea solo en apariencia, ya que el tiempo corresponde en medida con revoluciones periódicas por lo que si se aminora el ritmo, también se aminora el tiempo. Al descubrir que la materia es un espacio vacío puntuado de electricidad: electrones, y conjugar aspectos tan fundamentales como los expuestos, nos vemos conceptuando una verdad científica que para nada resuelve nuestra necesidad vital, o sea aquella de establecer conclusiones prácticas que nos conduzcan a sacar partido del tiempo, no solo del tiempo finito, sino del Tiempo, de ese que encierra en sí mismo, como dinamismo cósmico, su razón de suceder.

Puede que el plantear diferencias dentro del mismo tiempo nos ayude a comprenderlo como una unidad que articulada por factores físico-matemáticos, depende además de las diferentes connotaciones dadas por la interpretación del ser humano, pero puede que este intento de comprenderlo resulte en un caos para quien lo entiende a partir de su derivación cronométrica, o como mecanismo aislado y regulador de la vida.

El concepto tiempo plantea una enormidad de dudas. Primeramente las civilizaciones, según sus creencias y tradiciones culturales, conceden al tiempo un carácter de especificidad al adjudicarle un ritmo determinado, o lo que es igual, la cosmovisión del tiempo cambia de acuerdo con cada contexto. En segundo lugar; ni lo que todo el mundo cree saber acerca de éste, ni lo que la ciencia trata de conceptuar, ni las reseñas filosóficas, aportan la visión condensada que del tiempo se presume, como realidad aparentemente inexplicable desde el punto de vista de definirlo cabal y adecuadamente a los ojos del hombre común y corriente, de ese hombre o mujer que va cada día de su casa al trabajo, que hace los mandados y que recoge los niños de la escuela y mira el reloj con miedo de que se le haga tarde para cualquiera de sus plazos, con la misma inocencia que un pajarito ve una nube posarse sobre su árbol; o con la alegría de quien espera que el reloj dé la anhelada hora del almuerzo, del recreo o de salida de la escuela o el trabajo.

Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí. ” José Martí.

El tiempo tiene sus embozos y como las suertes, se confrontan y nos desafían en perenne controversia: positivo-negativo; blanco-negro; día-noche. Todo en la vida parece sometido a su enigmático poder. En la mitología griega se encuentra caracterizado lo terrible del tiempo en el trágico mito del Dios Crono, o Cronos, quien a partir de dar muerte a su padre, continua dándola a sus hijos, comiéndoselos recién paridos por su esposa: cuadro siniestro del tiempo que se devora a sí mismo y que nos descorazona a partir de una imagen sobreentendida del tiempo que se sucede de manera invariable dividido en fracciones, que constantemente nos estremece con la implícita percepción de un tiempo finito (permanencia) que se agota sin remedio.

Es a propósito del Dios Cronos, que hablamos del sentido cronológico del tiempo, sentido que afecta la vida del hombre y que denota temporalidad. El tiempo cronológico es el que regula la fluencia de los instantes sucesivos. Si el hombre está emplazado en el tiempo y éste delimita su permanencia en la vida, no todo es negativo. Tomemos como ejemplo una pintura emplazada en su lienzo; puede pensarse que dicha superficie la contiene y la limita a una porción específica igual a dicha superficie (así como se piensa que el tiempo limita al hombre), no obstante le posibilita el ser, permitiéndole salir de la nada, existir, al ser emplazada en ese plano que le concede la individualidad y una vez que le proporciona expresión y certificación propia, la vincula a su hermenéutica aunque la libera para el tiempo y la interpretación según el tiempo, hasta de su propio creador. Pensemos que el tiempo posee indicadores muy especiales para el ser humano quien es la única de las criaturas vivientes que puede razonar y tener conciencia que le permite conocer y valorar el sentido que para él tiene ese tiempo y de cómo vivir ese período que nos concede la individualidad, por lo que podemos, además de entenderlo como factor de temporalidad o caducidad, intentar valorar como la vía que para alcanzar madurez, conocimiento para el progreso y perfeccionamiento de la propia existencia en lo que tomamos experiencia del pasado y nos dedicamos a ser protagonistas de nuestro presente, sirviendo como ejemplo al futuro.

Cada uno debe estar contento en el espacio de tiempo que se le da para vivir. El breve tiempo de la vida es suficientemente largo para vivir bien y con honradez.… La naturaleza nos dio una posada donde parar, no para habitar en ella definitivamente… ” (Fragmento del diálogo De Senectude de Cicerón)

Si el tiempo puede contarse a partir de la división de sus magnitudes, puede medirse por intervalos; cortos o largos. Si el tiempo juega un papel fundamental en la existencia, sumado a los factores de espacio y velocidad, y a pesar de ello no corre sino que es la materia, por un lado, y la conciencia por el otro, la que se mueve a través del espacio-tiempo; puede ello mantenernos en la falaz idea de que el tiempo: vuela cuando somos felices y se detiene cuando no lo somos. Según San Juan de la Cruz, quien quiera certidumbre en su camino ha de avanzar a oscuras. Este paradigma, desde su visión teológica y/o posición geométrica, parece comparar la ignorancia del hombre en relación con los misterios que encarna la existencia. Y es ese hombre precisamente, el hombre común que a veces anda a oscuras, que no disimula lo que ignora, quien unido en inmensa masa viviente a todos los demás hombres, desde su sitio en el TREN, se encarga de mover, La Máquina del Tiempo.

El tiempo es una imagen móvil de la eternidad. ” Platón.

Continuará….
Adelanto para la próxima entrega:
¿VIAJAMOS BIEN EQUIPADOS?
I. El Reloj Biológico.

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26
Feb

El poeta y Dios

Publicado por Delfina Acosta

Dámaso AlonsoDámaso Alonso pertenece a la generación de los poetas españoles del 27. Nació en Madrid en 1898. Se destacó como filólogo, investigador, crítico literario, poeta y catedrático. Su poesía es apasionada. Con un pensamiento diríase incendiado, el poeta habla a Dios.

Dios es el gran tema de Dámaso Alonso. Este vate madrileño, penosamente, tristemente, encendidamente, le escribe al Dios de sus noches desamparadas, invadidas por “pesadillas”, y a veces por “insectos”, en su libro capital: Hijos de la ira.

El poemario causa enorme impacto. Y no puede ser de otra manera, pues en los versos del texto se nota el drama existencial que le tocó vivir a Alonso cuando la Guerra Civil española estalla, cegando vidas inocentes.

Leer Hijos de la ira es comprobar cuán enormemente Dios, mete su dedo, vuelto fuego, en la carne y en la conciencia de Dámaso. Él quiere creer en Dios; desea pensar en su existencia, o en alguna forma de oración nocturna. Difícil tarea. Pretensión demasiado elevada porque a menudo le sobrevienen las muy humanas dudas, y sus versos, encolerizados, se levantan, como olas infestadas de tiburones, contra Él. A veces, el hastío, la desolación de una Madrid que “es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)”, la soledad de hierro, le muestran la indiferencia de Dios, y se hunde en una suerte de versos que navegan usando como remos el dolor, el horror y el desencanto.

Pero hay momentos dentro del texto poético que nos revelan un sentimiento de mansedumbre, de entrega casi, de Dámaso. Como cuando dice, por ejemplo: …¡Ay, Dios,/ cómo me has arrastrado,/ cómo me has desarraigado,/ cómo me llevas/ en tu invencible frenesí,/ cómo me arrebataste/ hacia tu amor! En este combate intelectual y moral que propone la magistral obra, no hay nada librado a la simple intuición. Dios, el mundo por él creado, los insectos y los monstruos a los que dio vida, son observados, como a través de una ira y de un amor contenidos por el colosal poeta.

En algunas líneas de Hijos de la ira, puede entreverse, sin embargo, cierta seducción que en él ejerce El Hacedor. ¿Por qué? Pues porque su creación poética pareciera crecer a la sombra del Señor, por cierto sumamente “exigente”, ya que una ira “virgen”, recién estrenada, es la que se halla presente en su obra.

Nunca he leído versos tan iracundos; ellos se presentan como si acabaran de bajar de un pasado animal, y despiertan, enceguecidos, ante un mundo donde la vida causa terror, asco, locura, alguna pequeña dulzura y desamparo. El interés genuino, sin lugar a dudas, de Alonso, por razonar en la figura del Creador, es también común en poetas anteriores y posteriores a él.

Pero la fuerza con que opera en su ánimo la figura de una deidad tiene alturas pocas veces vistas en otras obras.

Madrid es una ciudad de más de un millón
de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me
incorporo en este nicho en el que hace
45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán,
o ladrar los perros, o fluir blandamente
la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente
de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente
mi alma,
por qué se pudren más de un millón de
cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren
lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra
podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales
del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

Poemas de Dámaso Alonso

Escrito por Delfina Acosta en el Suplemento Cultural del diario ABC (Paraguay)

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26
Feb

Llanero (V)

Publicado por Teresa Domingo Català

LlaneroQuinta parte de la novela corta “Llanero”, por Teresa Domingo Català.

V

Después del entierro, que fue tan silencioso como era debido, Nina fue a casa de su hermano. Vivía con él desde la muerte de sus padres. Primero murió la madre, de pena, según decían las buenas gentes. Dos años después murió el padre, dijo el médico, o el que hacía de médico, mejor dicho, que había muerto de un fallo en el corazón. Nadie comentó en voz alta, no hubo rumores, ni siquiera susurros quedos, pero sí hubo miradas reprobatorias, miradas acusatorias que señalaban a Nina como la culpable de la desgracia. El hermano, Niah, nunca la culpó directamente, pero su actitud para con ella era fría y distante. En Llanero, la gente en general era fría y distante, pero como todo en este mundo es cuestión de grados, así que su relación con su hermana era todavía más helada. Nina soportaba todo con resignación, como si estuviera conforme con su destino, y todavía más, como si estuviera de acuerdo con unas leyes tácitas que la condenaban a un ostracismo acompañado.
La cuñada de Nina, la madre de Jika, Pav y Ñol, y esposa de Niah, era una de las mujeres más afortunadas de Llanero. Tenía a Nina como a una nueva Cenicienta, que fregaba y barría, cortaba leña, iba a por agua, cocinaba, lavaba, y, en general, ejecutaba con precisión toda clase de tareas domésticas. Ese era el castigo, no nombrado, tácito, que se imponía a Nina por los pecados juveniles que casi habían arrastrado a la familia por el fango.
Nina entró en la casa, conmocionada por el asesinato de la pequeña Geda. Los padres velarían a la niña muerta toda la noche, acompañados de antorchas y de algún habitante del pueblo que se dejara caer por allí.
La casa de Niah era austera. La limpieza era la divisa de la casa, la mesa, las sillas, los muebles en general estaban impolutos. En el suelo se podían comer huevos fritos con patatas, la cocina era pulcra y bien ordenada. Nina se esforzaba en las labores como si quisiera con toda la fuerza de su alma hacerse perdonar, pero era una carrera perdida de antemano, una carrera que no podía ganar, como un jugador de baloncesto que, en el partido de la gran final, se hubiera roto la muñeca.
La vida de Nina consistía en trabajar. Su alegría eran los tres sobrinos, que la adoraban, pues Nina, como buena tía, les consentía y mimaba.
Nina era pelirroja y por ese motivo llevaba el pelo cortado al cero. Para los supersticiosos habitantes de Llanero, el pelo rojo era motivo de escarnio, una señal del demonio, un signo del mal. Fue el pelo rojo, decían, cuando querían nombrar los excesos producidos años antes, de los que Nina fue protagonista.
Nina estaba alterada por algo más que por el entierro. Nina sospechaba. Nina recelaba. Algo en su interior le decía el nombre del asesino. Una voz, una voz insistente, paranoica, que acaso no fuera una voz suya propiamente hablando, le enloquecía repitiendo un nombre, el nombre de una persona que fue querida alguna vez, el nombre de quién la condujo a su estado de soltera, sin tener hijos propios, ni casa de su propiedad. Nina creía saber quién había matado a la pequeña Gedda. Pero no diría nada, no, antes debía asegurarse.

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