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14
Nov

De Canciones y soliloquios a Loliloquios

Publicado por Teresa Domingo Català

Teresa Domingo CatalàConozco a Teresa Domingo desde aquella lejana Mostra Oberta (1998) convocada por la Tertulia de Poesía Mediona 15. Nos dimos allá cita casi un centenar de poetas del más variado pelaje. Tere Domingo, entonces muy joven, ya emanaba un aura poética que se ha ido confirmando. Alberga en ella una variedad de registros que denotan que para ella la escritura es algo más que una afición, es una pasión, un modo de vida.
Se produce un viaje desde Iris de sombras a Loliloquios, un viaje arriesgado ya que los tonos, de uno y otro poemario, son diametralmente opuestos. El primero es lírico; el segundo, épico; el segundo es lúdico; el primero, serio;… Es como desplazarse de San Juan de la Cruz a lo más juguetón de Quevedo, y es que nuestras mentes albergan –y lo tendrían que hacer con elegante comodidad– un sagrario y una taberna.

Cortázar, en un poema, que ha pasado por bastantes escenarios, sacaba de sus casillas a unos cuantos/ que todavía creen en la poesía/ encasillada en su vocabulario/ lleno de compromisos con lo abstracto. Y se mofaba de aquellos que veían a la literatura como una dama muy seria. Traigo a estas líneas sobre la obra de Tere Domingo las de Julio Cortázar por rendirle tributo a los veinte años de su muerte que se cumplen en este febrero en el que escribo y por destacar la potencia de juego del poemario al que preceden mis palabras.

Se habla de poemas menores, de divertimentos,… He leído estos poemas como si Martirio me los estuviera cantando, como en “La sevillana de los bloques” con mi chandal y mis tacones/ arregla’ pero informal; como si escuchase en un cabaré “La diva del Empire”; o a la Nacha Guevara dando guerra; supongo que Kurt Weil y todo lo demás; la Massiel que envenenó a los tres maridos; la Guillermina que quiere que Johnny le haga daño; Gloria Fuertes y sus ripios; convertir el “Fumando espero”, del manlleuense Viladomat, en “El fregando espero”.

Este poemario hace comunidad, con bastante más trabajo, con un libro mío inédito aunque ya público “El pez en la chistera” (El título es del amigo, y riguroso poeta, Juan González Soto). Son muchas las conexiones que adivino, los dos manifestamos un conflicto con los números romanos. En un momento dado mi pez (no llamado Wanda, ni hombre pez) dice: En lo único que se parecen mis poemas/ a las rimas de Bécquer/ es en los números romanos. Decididamente antirrománticos los dos. Eso sí, Teresa Domingo conoce y domina el soneto, sabe ser sutil si quiere, y sabe andar con las patas de elefante del ripio, ese tono popular, ese registro vulgar, vulvar, que nos puede enviar su resina si estamos desprevenidos.

Teresa Domingo, Licenciada en Ciencias Políticas, conocedora, por tanto, del análisis marxista de la realidad nos envía términos como “Relaciones objetivas” que, tan inmersos como estamos en este capitalismo fagocitante, nos deja perplejos porque poca es la esperanza de que advenga algo distinto. El discreto encanto del consumo nos atrapa a todos y hasta los submundos están conectados vía satélite. En definitiva, ES DURO TENER PROBLEMAS Y/ QUE NADIE TE LOS RESUELVA.

Habrá quien lea estos poemas sin escucharlos, frunciendo el ceño, yo alabo el riesgo por el que transcurren y porque pueden ser el garfio que enganche –como a mí me engancharon ciertos poemas de Alberti a la poesía– alejados de la encorsetada y abstracta poesía que dicen no entender.

Por fin, pa’ empeza’ a lee’ lo’ Loliloquios de Tere Domingo Catalá recomiendo tene’ puesto en laparato de música, uséase, el loro, la versión de l’Alber’ Pla del “Walk on the wilde side”, de Lu Rid.

Tomàs Camacho Molina

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14
Nov

Poeta de estos tiempos

Publicado por Delfina Acosta

António SalvadoEl escritor y poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart ha hecho una de las mejores traducciones al español de la obra Los dominios de la mirada (Antología y homenaje al poeta portugués António Salvado.) Puesto en contacto con el espíritu de los versos, que tan fluida, como clásicamente le salen de las manos a este poeta portugués, la traducción es excelente. Hay, desde luego, audaces bellezas en la obra de António Salvado, que nos llevan a pensar en su lenguaje poético dotado de toda armonía, con una finalidad dirigida hacia el arte y hacia el hombre de este tiempo.

Bien se nota que Pérez Alencart ha trabajado en la traducción de los versos con amor y constancia. Estamos, en definitiva, ante una apasionada reverencia del vate hacia la figura de Salvado. ¿Y qué nos dice Salvado? Pues que su verso tiene rigor, tiene historia, tiene enlace sin pausa con el mundo doloroso de todos los días.

Todo en su quehacer es voz profunda y afirmación de su presencia humana en un lugar, en varios lugares, donde sea que el hombre trabaja, camina, ama, y sueña. Los requisitos que se consideran indispensables para la traducción -desde siempre -, como la significación intrínseca y objetiva, están totalmente manifiestos en el texto. Esto es, señores lectores, beber de la misma fuente fresca y viva del texto original. Yo he leído muchos poemas de autores nacionales y extranjeros. Me suenan verdaderos los poemas de Josefina Plá, la poetisa española paraguaya, y me suenan -también- verdaderos los poemas de António Salvado. La poesía, que también tiene rostro (y se pretende de ella un rostro hermoso, misterioso) acusa grandes y contemplativos ojos en el libro Los dominios de la mirada. Eso conforta al lector, y por supuesto, al autor de la obra.

Escrito por Delfina Acosta en el Suplemento Cultural del diario ABC (Paraguay)

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13
Nov

La ciudad es un pregón

Publicado por María Eugenia Caseiro

La ciudad es un pregónLa ciudad de miel y de canela palpita en la antesala del recuerdo; se desnuda, hembra de cadera suelta y se estremece, bajo sus cabellos hilados de fuentes en el anuncio que inunda el corazón. Se mueve la ciudad de ardiente seno como maraca zumbadora agitando su collar de insólita semilla.

Consagrados en evangelio de juerga y de matices, entre reyes y reinas de dulzor; los hombres y mujeres, los niños, los ancianos y los perros, fulguran al calor de una gran cesta continente de luz. Tangible es ya el milagro; el mango soberano como el sol que dicta el alba, el mamey califa de la juerga, la fruta bomba venerable; deidades que surgen en el tiempo, bullen en un halo iridiscente, coronan la ciudad con efusiones, y va la tierra; voz de cada origen arropada de parques, de estatuas, de plazoletas y castillos, de antiguas iglesias…, a encender el color en los vitrales.

La magia se propaga en el mantel del día, en la generosidad de los balcones. La codicia por la piña impecable, alegre y compartida, se apuran en el amanecer para acunar color y aroma hasta rescatar el sabor que se desviste de antiguas humedades y se regala en cestas y carretas con el arpegio frutal del cronista elegante, blanco y descalzo como una nube que se deja llevar; apasionado, empalagoso, por plazas y callejones dejando atrás la huella de su voz y llevándose consigo, los pasos olorosos a pregón.

La guanábana altiva y caprichosa de púas que incitan al placer llega al corazón de las muchachas y estalla, semillero de fertilidad, a la puerta del amor. La guayaba es de una calidad vehemente, esencia mágica, incienso germinador de árbol, que se trae prendido en la memoria. El canistel dúctil y aromático, bálsamo que alivia de amargores. La ciruela que enamora, la mandarina que acicala toda mesa y destapa el universo en flor, la naranja que calma la sed del cuerpo, y el melón que deja en los labios su candor.

Tragaluces, rosetones, puertas y ventanas, patios y corredores…, toda la ciudad, aguza sus oídos receptivos al pregón. El solar se despereza, se reanuda de jolgorios en la travesía del pregonero que va chorreando almíbares hasta el anochecer…

Detrás de las mamparas, de las selváticas horas del amor, se agitan bocas como tabernáculos dispuestos a recibir el dios del sabor. La ciudad es una enorme contextura de gargantas como templos, de caderas excitantes, de narices que devoran el aroma almizclado…, se deleitan los dedos en las definiciones, en el acto santificado del roce, en el contacto irracional con la fruta delicada y dichosa, con el plátano que llueve sus delicias a la hora sagrada de la fiesta; con el anón sereno y tangible. Y los ojos, ¡ay! los ojos poblados de altares descubren el color, aguardan en el amanecer hasta la nueva hora de apetencia en que el eco y el reposo amalgaman un racimo de alucinaciones.

La ciudad es una diosa codiciada bajo la luna, bajo el sol. En los jardines perfumados, en las plazas en que un viejo amor aún fulgura, en la cornisa en que la sombra exhuma sus fantasmas oxidados y prorrumpe en los rincones del tedio con la música ardiente del bongó, la ciudad, es un pregón.

Por María Eugenia Caseiro ©

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9
Nov

Astrolabio Siete

Publicado por André Cruchaga

Astrolabio sieteMe gustan los pueblos que tienen en sus entrañas la inquietud del ajetreo diario. Me gustan los pueblos poblados de silencio y olvido. Pueblos que encienden lámparas de bálsamo. Pueblos que se abren a contraluz. La única luz que los prologa es la campana: Cascabelea en su propio respiro hasta perderse en pequeños abanicos etéreos. Así son San Ignacio, La Palma y montañas de titubeante caligrafía.

En estos pinares de pájaros el aire que se respira lo envuelve a uno con sus manos de misterio. Las lámparas del verde llenan de completa emoción el hálito sublime del sol que acaricia los pórticos de la boca con la policromía rebelde de los ojos.

De noche puede oírse, todavía, la guitarra del río. El paraje como el alma se visten con la fuerza melancólica de una noche infinita. Hay una fuerza plomiza que cubre las casas. Las sombras en el silencio chocan como transeúntes desorientados. Columnas de neblina como combatientes anónimos van rasgando el follaje de la noche.

Cuando calla el viento, se puede oir la orquesta de los insectos y el titubeo del reloj de puño esmaltado con el sudor aceitoso de la trementina. Los caminos se deslizan suavemente por la mente. Hay, en estos pueblos, esa sensación de lejanía y de uncidos chupamieles. Hay, en estos pueblos, una melancolía entrañable transparentando la severidad de convulsos calendarios…

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9
Nov

Turquía

Publicado por Alfredo Lavergne

TurquíaEn la terraza del Bogaz Hatti, me junto con colegas todas las mañanas a ordenar el trabajo, cambiar periódicos, chacharear de noticias nacionales y beber un áspero café turco.

Todas las mañanas en la vereda del frente, al abrigo de una de las pocas sombras del lugar, un hombre con un harapo alrededor de su cabeza, se instala a pedir algunos dinares de lata y dormitar. Es de los humanos que de vez en cuando, dejan escapar del paladar a la tierra un hilo hacia la libertad primaria despreciada por los transeúntes.

Hace tres días no lo observo porque me he dedicado a captar aquellos que no lo ven, a esos que le dicen loco, a los que le gritan tonto, a los que lo saludan como retardado, a los violentos que lo empujan, a los asustados que lanzan pequeñas monedas y a mis colegas, que lo comparan con los diálogos políticos de este país.

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