El Hospital San Ignacio de Bogotá fue testigo del último suspiro de Jairo Aníbal Niño, un talentoso escritor colombiano que en el transcurso del pasado viernes había llegado al centro de salud por el agravamiento de una cruel enfermedad.

Jairo Aníbal NiñoApenas trascendió la triste noticia, varios de sus admiradores comenzaron a recordarlo desde la red social Twitter, espacio en el cual se pueden leer frases como “Es una lástima, los grandes están partiendo”, “Gracias por haber llenado las letras con los sueños de un niño” y “Nos inundan el planeta de gente enteramente inútil y se mueren los que sirven”, entre otras.

Como no podía ser de otra manera ante la pérdida de este gran dramaturgo y narrador de literatura infantil que había nacido en 1941 en el departamento de Boyacá, por fuera de ese sitio web también han comenzado a surgir voces que despiden con cariño y dolor al creador de propuestas como “El baile de los arzobispos”, “Las bodas de lata”, “Zoro”, “Toda la vida” y “La alegría de querer”.

En declaraciones efectuadas ante la Radio Nacional de Colombia, por ejemplo, Henry Villalba, quien se desempeña como coordinador pedagógico de la Fundación Rafael Pombo, expresó su consternación por el fallecimiento de este escritor que, valiéndose de los “elementos fundamentales de la vida”, había logrado comunicarse y llegar al corazón de los niños con una prosa “limpia y sencilla”.

No hay dudas de que el espíritu de Jairo Aníbal Niño permanecerá vivo para siempre en cada uno de los trabajos que le permitieron enriquecer a las letras de su país, pero resulta imposible por estas horas no lamentar la partida de un hombre de gran talento para la escritura que, a lo largo de su trayectoria, llegó a publicar más de cuarenta títulos, muchos de los cuales han sido traducidos a numerosos idiomas y le permitieron acumular prestigiosos galardones.

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