Interesante historia nos acerca el escritor chileno Luis Sepúlveda en su libro titulado “Un viejo que leía novelas de amor”, un relato que surgió como consecuencia de la propia experiencia de este autor que convivió durante siete meses con los indios shuar en la Amazonia ecuatoriana. Gracias a él, el autor no sólo recibió el Premio Tigre Juan, sino que, hasta el momento, también ha llegado a vender casi veinte millones de ejemplares.

Si bien el nombre de esta obra permite obtener un dato importante sobre el contenido de esta propuesta literaria que ha sido traducida a más de veinte idiomas, leer cada etapa de esta narración que, finalmente, lleva a un “viejo” a disfrutar de las novelas románticas, representa un placer indescriptible para aquellos que aman los relatos de aventuras que incluyan alguans referencias históricas y geográficas.

El protagonista de esta historia es Antonio José Bolívar Proaño, un hombre que vive en el interior de la selva amazónica, en un pueblo conocido como “El Idilio”, donde conoce a los indios shuar y, gracias a ellos y a sus costumbres, aprende a sobrevivir en la selva.

Sin embargo, ese mundo que él disfruta no está libre del accionar del hombre. Producto de estas vivencias derivadas de la codicia y la injusticia de la “civilización”, es decir, de los cazadores que intentan destruir ese entorno, Bolívar Proaño decide refugiarse en la literatura, en especial, en las novelas de amor que, dos veces por año, le obsequia un dentista.

Así como Frances Hodgson Burnett transmite a través de “El jardín secreto” una profunda reflexión acerca de la importancia de proteger y fomentar el desarrollo de la naturaleza, Luis Sepúlveda utiliza la historia de “Un viejo que leía novelas de amor” para despertar en el lector un espíritu comprometido, respetuoso y solidario hacia el entorno selvático amazónico.