Desde que en 1554 apareció “La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades”, una obra española anónima de la que poco se sabe de sus orígenes, este relato que está considerado como el precursor de la novela picaresca consiguió captar la atención de miles de lectores y especialistas alrededor del mundo.

Tal como mencionamos en el párrafo anterior, nadie sabe a ciencia cierta quién fue el creador de este texto que, valiéndose de la mirada crítica y la capacidad irónica de su autor, retrata a la sociedad de la época y expone la hipocresía de algunos integrantes del universo religioso. Para el fraile jerónimo José de Sigüenza, por ejemplo, “El Lazarillo de Tormes” pertenece a su colega Fray Juan de Ortega, mientras que, en 1607, el catálogo de escritores españoles asoció a dicho trabajo con el poeta Diego Hurtado de Mendoza.

Otros estudiosos, en cambio, se la adjudicaron a Juan y Alfonso de Valdés, tiempo después se sumó a esa creencia la idea de que, en realidad, haya sido Sebastián de Horozco y hasta se pensó en el dramaturgo Lope de Rueda como el padre de esta criatura que logró traspasar las fronteras geográficas y temporales por mérito propio, es decir, sin el respaldo de un novelista de renombre.

En relación a las características de este libro que, con el tiempo, se ha convertido en un clásico de la literatura universal, puede decirse que su narración está realizada en primera persona y su estilo es epistolar. En él se cuenta la historia de Lázaro de Tormes, un niño que creció en el siglo XVI y que, de forma autobiográfica, cita las aventuras y desventuras vividas desde su nacimiento, marco en el cual este hombre que compartió experiencias con un ciego, un clérigo, un escudero, un fraile y un alguacil, entre otros, recuerda su mísera infancia y revela aspectos de su etapa como adulto.