En 1930, el escritor alemán Hermann Hesse, quien en 1946 fue distinguido con el prestigioso Premio Nobel de Literatura, escribió una novela basada en dos personajes antagónicos (uno idealista y ascético y otro, de espíritu más artístico y mundano, que experimenta una desmedida pasión por la vida) que, hacia el final de la historia, consiguen reconciliar sus diferencias.

Por sus características, puede decirse que los protagonistas simbolizan los aspectos esenciales de la personalidad del ser humano, donde existen impulsos instintivos y racionales, así como también reacciones conscientes y otras emotivas.

La acción de este clásico de la literatura ambientado en la época medieval gira en torno a la amistad que establece Narciso, un sabio monje novicio que ama las ciencias y el griego clásico tanto como a la vida espiritual, con su alumno Goldmundo, quien, a pesar de no evidenciar una vocación religiosa, ingresó al monasterio por un mandato de su padre.

Consciente del espíritu aventurero del aprendiz, Narciso comienza a animar al joven para que éste disfrute la vida más allá de las paredes del convento. Respaldado por el maestro, Goldmundo se convierte en escultor con el objetivo de hallar la belleza eterna e intenta localizar a una figura femenina para poder, a través de ella, sustituir a su fallecida madre. Sin embargo, esta búsqueda no lo acercará a ninguna persona y, hacia el final de su vida, sólo habrá acumulado una gran cantidad de experiencias dolorosas y difíciles. De todas formas, el destino le da la oportunidad a este hombre de reencontrarse, después de varios años de distanciamiento, con Narciso.

Por el interés que despertó esta obra en miles de lectores, la historia de “Narciso y Goldmundo” no sólo se mantuvo vigente como libro a lo largo de los años, sino que también fue llevada al teatro y a la gran pantalla.