En 1953, el escritor estadounidense Ray Bradbury publicó una novela titulada “Fahrenheit 451″ que, años más tarde, alcanzó una mayor difusión al ser adaptada a la pantalla grande.

El nombre elegido para esta obra distópica hace referencia a la temperatura en la cual el papel de los libros se inflama y arde. A partir de entonces, comienza a relatarse la historia de Guy Montag, un bombero poco tradicional que, en vez de combatir incendios, se dedica a quemar material literario ya que, según el gobierno, leer atenta contra la felicidad de la sociedad por llenar a la gente de angustia.

En una oportunidad, el voluntario conoce a Clarisse McClellan, una joven de 17 años, quien le revela que tanto ella como sus familiares son tildados de “antisociales” por su tendencia a formular preguntas en vez de responder las inquietudes de su entorno.

En un principio, Montag la tacha de loca pero, con el tiempo, la existencia de esa muchacha genera en el bombero la incertidumbre de saber si es, o no, feliz y lo inspirará sobre la importancia de la libertad y la espontaneidad del pensamiento. Sin embargo, su actividad lo lleva, una vez más, a escuchar de boca de su jefe que los libros sólo consiguen hacer sentir mal a las personas, razón por la cual es enviado a quemar la casa de una anciana donde existía una biblioteca.

Lejos de actuar como lo había hecho hasta ese momento, Montag toma uno de los libros que debía destruir y lo esconde bajo sus ropas para llevarlo a su casa. A partir de entonces, el protagonista comenzará a leer, primero con miedo pero cada vez con más entusiasmo, y ya nunca volverá a ser el mismo. Su experiencia, por lo tanto, dejará al lector con la esperanza de que, algún día, el conocimiento pueda imponerse por sobre la ignorancia.