Por sus aptitudes literarias y las características de sus obras, el escritor Italo Calvino logró convertirse en una de las figuras más destacadas de las letras italianas del siglo XX.

Si bien la producción de este autor es extensa, a nivel popular su trabajo más reconocido es “El barón rampante”, la segunda entrega de una trilogía que el novelista creó con el objetivo de ofrecer desde las páginas de un libro una descripción alegórica sobre el hombre contemporáneo.

En este caso, la acción tiene como protagonista al barón de Rondó, Cosimo Piovasco, quien supo demostrar desde pequeño sus ideales y actuó con rebeldía frente a la tiranía familiar.

El joven aventurero basó su vida en una disciplina que él mismo se ha impuesto y que comenzó a desarrollar en 1767, cuando le juró a la descendiente de los marqueses de Ondarivia que jamás bajaría de los árboles.

Inspirado en esa filosofía, el protagonista participó en la revolución francesa y en las invasiones napoleónicas, pero nunca traicionó esa postura personal que le permitía estar, al mismo tiempo, distante e involucrado en una determinada situación.

Pese a su decisión de permanecer en las alturas, Cosimo Piovasco no resulta excluído de la sociedad ni se convierte en un hombre salvaje: este personaje que se anima a mostrar que otra forma de vida es posible, vive como cualquiera de sus pares, con la diferencia de que su casa no es tradicional, sino que su refugio son los bosques.

A medida que uno, como lector, se deja atrapar por esta narración, va descubriendo en “El barón rampante” una apasionante y entretenida historia, marcada por el realismo mágico y las aventuras, capaz de convencer a cualquier persona sobre el poder revolucionario de la imaginación, la rebeldía y el inconformismo humano.

Por la maestría con la cual fue escrito este libro, en 1957 Italo Calvino fue distinguido con el Premio Viareggio.