Los jóvenes, al igual que los niños y los adultos, tienen a su disposición una enorme cantidad de títulos que han sido creados, por diversos autores, para satisfacer cada una de sus preferencias literarias.

Como ya hemos tenido oportunidad de comprobar en Poemas del Alma, la literatura juvenil ofrece novelas de amor, relatos de perfil policial, dramas inspirados en problemáticas reales y hasta cuentos de terror y narraciones llenas de suspenso.

Al ser una oferta muy amplia, en esta ocasión sólo haremos referencia a un libro que consigue atraer a los amantes del misterio y las historias algo tenebrosas.

Su nombre es “Cartas de invierno” y forma parte de la muchas veces premiada producción literaria de Agustín Fernández Paz, un escritor español que se ha licenciado en Ciencias de la Educación.

En esta novela, la acción comienza a desarrollarse una vez que Teresa recibe correspondencia de parte de su hermano Xavier, de quien hacía tiempo que no tenía noticias.

Por medio de esos mensajes, la protagonista se entera de la peligrosa y misteriosa realidad a la que está expuesto su hermano. Según le cuenta Xavier, el exitoso pintor Adrián Novoa, quien en algún momento de su vida mantuvo un vínculo afectivo con Teresa, había adquirido una casa colonial en una aldea gallega.

Hasta ese dato, las novedades parecían ser del montón. Sin embargo, la revelación también incluía una información inquietante: la vivienda tenía un extraño sótano que, de forma literal, logró tragarse al artista y hasta allí decide ir Xavier.

Tras esa notificación, Teresa ya no tuvo noticias de su hermano, razón por la cual ella decide viajar hasta esa antigua residencia y averiguar por sí misma lo que ha ocurrido. Al llegar, descubre una cripta de la cual surgen unas extrañas fuerzas y, ante semejante panorama, admite que ya no existen posibilidades de volver a ver a los hombres que ha ido a buscar.

De todas formas, la recién llegada cree saber la forma de ponerle fin a esas maléficas fuerzas. Según sus creencias, sólo al quemar el libro de grabados que le había enviado su hermano podría llegar a lograr que, tanto él como Adrián, pudieran descansar en paz.