En 1917, el escritor español Miguel de Unamuno dio a conocer una obra enmarcada en el género de la novela que recibió el nombre de “Abel Sánchez” pero se subtituló “Una historia de pasión”.

En este trabajo donde no existen las referencias cronológicas ni geográficas y el lector conoce la trama a través de un narrador, los diálogos entre los personajes y hasta por una confesión, el destacado autor consiguió brindar un panorama completo de lo que la envidia genera en los seres humanos a través de un relato protagonizado por Joaquín Monegro y el carismático y exitoso Abel Sánchez, dos hombres que se conocían desde que tenían uso de razón.

Si bien ambos lograron que su vínculo de amistad surgido en la infancia continuara vigente en todas las etapas de sus vidas, Joaquín nunca pudo evitar sentir envidia hacia su compañero, en especial a partir de la confirmación del casamiento entre él y Helena, una vanidosa muchacha que le quitaba el sueño a Joaquín y que, al convertirse en la esposa de Abel, generó en él una obsesión.

Años más tarde, Joaquín decide casar a su hija Joaquina (fruto de su amor con la dulce Antonia) con Abelín, el descendiente del matrimonio Sánchez. Con el tiempo, la familia se agranda con la llegada de un bebé al que bautizan con el nombre de su abuelo materno pero, pese a ese homenaje, el envidioso hombre, impulsado por el rencor, no deja de sentir ganas de ver destruído a Abel, a quien mata en presencia de su nieto.

Como podrá sospechar más de un lector al leer el argumento y conocer a los personajes involucrados en esta historia, a través de “Abel Sánchez”, Miguel de Unamuno nos ofrece una versión renovada y novelada de la leyenda protagonizada por Caín y Abel.