En 1961 apareció publicada por primera vez una conmovedora novela corta de Gabriel García Márquez que se dio a conocer bajo el nombre de “El Coronel no tiene quien le escriba”.

En esta obra, el Nobel colombiano refleja la historia de un coronel que vive con su esposa, una mujer enferma de asma, en una casa donde las condiciones no son precisamente las mejores.

La pareja no parece tener otra esperanza de progreso económico que el que puede darles un gallo de pelea protegido durante varios meses en el hogar familiar con el objetivo de poder llevarlo a pelear en enero y ganar en las apuestas. Mientras tanto, la vida del coronel se limita a caminar de forma semanal hasta el puerto y visitar la oficina de correo con la ilusión de recibir una carta que le permita acceder a la pensión de veterano de guerra.

Pero ese comunicado parece no llegar nunca, razón por la cual este hombre que ha convencido a su esposa de invertir el poco dinero que les queda en alimento para el gallo, decide enviar una carta al gobierno exigiendo su pensión.

Lejos de encontrar una solución para sus problemas económicos, el coronel comienza a tomar conciencia de que ya no tiene recursos ni para la enfermedad de su esposa ni para mantener a su animal, razón por la cual se ve obligado a reemplazar el maíz por habichuelas viejas como alimento y decide aceptar la propuesta de su compañera de vender un viejo reloj que, para ellos, significaba su más valiosa posesión.

En este contexto, ambos comienzan a desprenderse de objetos materiales hasta que el coronel, luego de charlar con su compadre (quien le dice que, podría llegar a recaudar 900 pesos) toma la determinación de venderle el gallo a él, pero pronto Don Sabas se arrepiente y le dice que, por 400 pesos, uno de sus clientes se lo compraría.

Sin embargo, al conocer esta propuesta, el médico que se encarga de controlar la salud de la esposa del coronel le aconseja no venderlo ya que, según sospecha, Don Sabas sacaría provecho de la situación y lo vendería a mayor precio. De todas formas, el coronel acepta el trato con Don Sabas, quien cerraría la negociación al regresar de un viaje.

La decisión del personaje principal es forzada, motivo por el cual no sorprende que el coronel, tras ver entrenar al gallo, se arrepienta de la posibilidad de venderlo y lo lleve de regreso al hogar familiar, aún cuando su esposa le reprocha su actitud.