La palabra náhuatl deriva de nāhua-tl (“sonido claro o agradable”) y tlahtōl-li (“lengua”, “lenguaje”). Se trata de una lengua uto-azteca que se habla en Centroamérica y en México, donde constituye la lengua nativa con mayor número de hablantes (aproximadamente un millón y medio).

Poesía náhuatlEl náhuatl tiene una gran importancia histórica, ya que se utilizó como lingua franca en el Imperio Azteca desde el siglo XIII hasta su caída (1521). Incluso tiempo después fue aprovechado por los europeos con fines de conquista.

La actividad poética en náhuatl era conocida como in xóchitl, in cuícatl (“flor y canto”). De esta forma, la poesía náhuatl se presentaba con un diálogo con lo divino, con el mundo y con el pueblo. Los principales referentes poéticos de dicha sociedad eran los monarcas y los sacerdotes.

Aunque las historias y los cantos solían ser aprendidos de memoria por los pobladores, se utilizaban grandes carteles con diseños y signos fonéticos que permitían al sacerdote señalar cómo debía entonarse cada poema en los rituales.

La poesía náhuatl contaba con composiciones de distintos géneros: los Teotlatolli, que se centraban en el origen del mundo y el universo divino; los Teocuícatl, que eran himnos dedicados a los dioses; los Xopancuícatl, cantos a la alegría y la belleza; los Xochicuícatl, que exaltaban la amistad y la nobleza; los Yaocuícatl, con referencias heroicas y guerreras; y los Icnocuícatl, que expresaban angustia, tristeza y reflexiones sobre la muerte.

Nezahualcóyotl (1402-1472), monarca de la ciudad-estado de Tetzcuco, fue uno de los autores más reconocidos de la poesía náhuatl.

Estos son algunos ejemplos de la poesía náhuatl:

Me siento fuera de sentido,
lloro, me aflijo y pienso,
digo y recuerdo:
¡Oh, si nunca yo muriera,
si nunca desapareciera!…
¡Vaya yo donde no hay muerte,
donde se alcanza victoria!
Oh, si nunca yo muriera,
si nunca desapareciera.
(“Sed de inmortalidad”, de Nezahualcóyotl)

Amo el canto de zenzontle
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero más amo a mi hermano: el hombre.

(“Mi hermano, el hombre”, de Nezahualcóyotl)