Dicen los que saben que la poesía japonesa ya acumula más de dos mil años de historia. En su origen, se encontraba fuertemente influenciada por la literatura china pero, con el tiempo, Japón logró desarrollar su propio estilo distintivo. Un estilo que volvería recibir nuevas influencias a partir del siglo XIX, en este caso occidentales, cuando el país reabrió sus fronteras.

HaikuEntre los siglos VII y VIII, Japón desarrolló la colección de poesía Manyōshū, formada por escritos producidos entre los años 600 y 759. Sus veinte libros contienen 265 chōka (poemas largos), 4.207 tanka (poemas cortos), un tarenga, un bussokusekika, cuatro kanshi (poemas chinos) y 22 pasajes en prosa de origen chino.

Sin embargo, la forma más popular de la poesía japonesa es el haiku, composiciones de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas que comenzaron a surgir durante el siglo VIII. El haiku fue muy utilizado por el budismo zen para transmitir sus preceptos, pero su influencia llegó al mundo occidental y marcó a famosos poetas del siglo XX como Ezra Pound.

Los autores de haikus son conocidos como Haijin. Algunos de los más populares en la historia japonesa son Ihara Saikaku (1642-1693), Matsuo Bashō (1644-1694), Yosa Buson (1716-1784), Kobayashi Issa (1763-1827) y Masaoka Shiki (1867-1902). También se destacaron en este campo poetisas como Den Sute-jo (1633-1698) y Chiyo ni (1703-1775).

América Latina tuvo sus propios poetas que, en algún momento, experimentaron en el terreno del haiku, como el argentino Jorge Luis Borges o el uruguayo Mario Benedetti.

Algunos ejemplos de haiku:

A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma

(de Matsuo Bashō)

En una brizna
de hierba se aposenta
el viento fresco

(de Kobayashi Issa)

Cuando mi vida
atienda el crisantemo
se tranquiliza

(de Mizuhara Shuoshi)

Cae la nieve
ya tienen de qué hablar
padre e hijo

(de Shuson)