Las definiciones y clasificaciones en todo el ámbito de la poesía siempre son complicadas. La actividad poética no es un terreno fecundo para los límites y las precisiones exactas, más allá de que el consenso pueda distinguir entre movimientos literarios y corrientes de estilo.

Miguel de CervantesPor eso, al momento de hablar sobre la poesía clásica, es difícil encontrar un marco concreto. ¿Qué hace que un poema o un autor sean considerados como clásicos? ¿Se trata de una cierta época, de la repercusión obtenida o de los temas que tratan sus versos? Seguramente, la respuesta variará según se trate de un historiador del arte, de un profesor de literatura, de un escritor o de un simple lector.

En este pequeño artículo, vamos a quedarnos con la definición más básica (pero no por eso menos importante) de la poesía clásica. Algo clásico es, en muchos aspectos de la vida, aquello que logra trascender en el tiempo y más allá de las fronteras.

Así podemos decir, por ejemplo, que el español Miguel de Cervantes (1547-1616) es un autor clásico de la literatura universal. Lo mismo respecto a Francisco de Quevedo (1580-1645), Víctor Hugo (1802-1885), Miguel de Unamuno (1864-1936), Rubén Darío (1867-1916), Federico García Lorca (1898-1936), Gabriela Mistral (1889-1957) y Pablo Neruda (1904-1972), por ejemplo.

La propia lógica de esta clasificación (“trascender en el tiempo”) implica que los poetas contemporáneos o actuales no pueden considerarse como clásicos. Sin embargo, un pequeño juego imaginativo nos permite suponer que, el día de mañana, ciertos escritores formarán parte del mundo de los clásicos.

Si la justicia literaria no elude sus obligaciones, el uruguayo Mario Benedetti (1920) será incluido entre los máximos referentes de la historia de la poesía. Premios internacionales como el Reina Sofía, el José Martí y el Menéndez Pelayo, entre otros, ya dan cuenta del reconocimiento. Seguramente, el argentino Juan Gelman (1930) también lo acompañará en dicho selecto grupo.