Ayer hablamos sobre los poemas para conquistar. Hoy podemos pasar a la siguiente etapa, aquella donde la conquista rindió sus frutos y la pareja ya se ha formado. Es el turno, entonces, del enamoramiento.

Poemas para enamorados¿Qué es estar enamorado? Es vivir en un estado emocional que se encuentra marcado por la felicidad y la satisfacción de haber encontrado a otra persona que nos comprende y que nos permite compartir las vicisitudes de la vida.

Desde un punto de vista poco poético y nada romántico, la bioquímica asegura que el enamoramiento es un proceso que tiene origen en la corteza cerebral, luego pasa al sistema endocrino y finalmente se transforma en respuestas fisiológicas.

Eso no es todo: hay biólogos que afirman que el enamoramiento se produce simplemente por instinto para perpetuar la especie, ya que buscamos a la persona a la que consideramos propicia para mezclar nuestros genes.

Sin dudas, debe haber algo más que cuestiones biológicas en el amor. No importa que haya estudios que afirman que los seres humanos sólo pueden sentirse apasionados por un periodo de entre 18 y 30 meses. Ya sabemos que la realidad no está escrita y que cada persona es única.

Hay que decir que el enamoramiento y el amor suelen ser etapas diferenciadas o complementarias. Suele afirmarse que el amor verdadero comienza cuando finaliza el enamoramiento, y uno puede ver y aceptar los defectos del otro. Allí comienza un verdadero proyecto de vida compartida.

Ya sea por reacción fisiológica, por instinto biológico o por algo más abstracto, profundo e inexplicable, es hermoso sentirse enamorado. A continuación, algunos poemas para enamorados:

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
(fragmento de “Besos”, de Gabriela Mistral)

Párpado sobre párpado,
labio contra labio,
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente.
Hogueras,
eso haremos a solas
(fragmento de “Juego amoroso”, de Blanca Varela)

Hallé la miel oscura que conocí en la selva,
y toqué en tus caderas los pétalos sombríos
que nacieron conmigo y construyeron mi alma.

(fragmento de “Soneto XXX”, de Pablo Neruda)