Como indica la definición del término, para ser un maestro sólo basta con tener la capacidad de enseñar. Pero no necesariamente el rótulo es aplicable sólo a aquellos adultos que, uniformados con guardapolvo blanco, intentan educar y enseñar en un ámbito académico: todos, en cierta medida, tenemos la posibilidad de convertirnos en maestros de algún aspecto o ámbito de la vida.

Poemas para el maestroSe puede ser maestro de escuela, maestro en el ámbito artístico o deportivo, maestro espiritual y, por qué no, maestro de la vida. Lo importante es convertirse en un modelo a seguir, cualquiera sea la disciplina desarrollada.

Lamentablemente, la figura del maestro escolar ha ido perdiendo valor con el tiempo. No es un dato menor recordar que, mientras en gran parte del continente americano todos los 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro en recuerdo del fallecimiento del argentino Domingo Faustino Sarmiento, ser docente en la actualidad se ha transformado en una actividad desprestigiada y repleta de obstáculos a causa de los salarios insuficientes, la violencia escolar y la pérdida del respeto hacia los educadores, entre otros motivos.

Ajena a esta clase de inconvenientes, la literatura de todos los tiempos siempre ha guardado un espacio para homenajear a los maestros: desde el empleo del término para distinguir a ciertos autores u obras, o bien para tenerlos como inspiración, tal como hizo la poetisa chilena Gabriela Mistral al escribir “La maestra rural” y “La oración de la maestra”.

“Maestra vieja”, “Adiós a la maestra” y “Maestro” son otros ejemplos de poemas y creaciones literarias relacionadas con esta palabra tan hermosa. Un ser humano nunca debe dejar de aspirar a ser un maestro para las nuevas generaciones, al menos respetando aquello de “predicar con el ejemplo”. Pero tampoco, por supuesto, debe olvidar a quienes lo han formado y lo han ayudado a convertirse en una persona íntegra. Por eso, a todos los maestros de cualquier ámbito de la vida, les debemos nuestra eterna gratitud y respeto.