Cuando el chileno Pablo Neruda redactó aquello de puedo escribir los versos más tristes esta noche, posiblemente no supiera que acababa de resumir con maestría una de las tantas facetas del poeta. ¿Quién puede negar que las poesías son un reflejo del alma? Los sentimientos del escritor siempre se trasladan al papel. Y el dolor y la tristeza son parte de la vida.

Poemas de dolorPor lo tanto, la poesía puede cumplir con un papel casi terapéutico, tanto para el autor como para el lector. Escribir acerca del dolor es una forma de exorcizar los demonios y de sacar al exterior muchas situaciones y hechos que perturban la conciencia del escritor. Para comenzar a superar un trance difícil, primero hay que lograr ponerlo en palabras. Y en este proceso, nada mejor que un poeta.

Gracias al talento de numerosos escritores, muchos poemas de dolor logran ayudar a quienes los leen. Siempre es importante sentir que no estamos solos, que en algún momento de la historia hubo otra persona que ha pasado por lo mismo que nosotros.

El nicaragüense Rubén Darío, por ejemplo, ha reflejado en su obra el dolor por el final del primer amor. El español Manuel Altolaguirre, por su parte, supo referirse a la inmensidad de ciertos dolores, que hacen que el mundo parezca pequeño para contener tanto sufrimiento. La argentina Alfonsina Storni, quien ha escrito mucho acerca de estos sentimientos, incluso ha mostrado como el dolor puede transformarse en desesperación.

Los ejemplos siguen y siguen, tanto en el caso de poetas famosos a nivel internacional como en otros que no lo son tanto. Los pergaminos del escritor no determinan nada aquí: lo único que vale es la capacidad del texto para transmitir emociones. Los poemas que logran llegar al corazón son verdaderos bálsamos y pueden cambiarle el día a una persona afligida. Y eso no es poco.