Cuando ayer nos referimos a los poemas para el maestro, hicimos mención a ese sentimiento que experimentamos hacia la persona que nos ha formado y que nos ha permitido convertirnos en seres íntegros: el agradecimiento. Todos somos lo que somos en la vida gracias a otros individuos, más allá de los méritos y de los fracasos propios. Y en especial, nos debemos a aquellos que nos han educado y que nos enseñaron a dar los primeros pasos de la vida.

Poemas de agradecimientoComo dijo el poeta español Francisco de Quevedo, el agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien. Es reconocer nuestro pasado, nuestro origen. Sin embargo, la condición humana parece inclinarnos en forma casi natural hacia el rencor en lugar del agradecimiento. Es más fácil recordar a aquel que nos ha dañado en lugar de tener presente a quien nos ayudó.

El poeta irlandés Thomas Moore fue muy claro al respecto: “Los hombres suelen, si reciben un mal, escribirlo sobre el mármol; si un bien, en el polvo”.

También suele ocurrir que sintamos que alguien nos debe su gratitud: en ese caso, nuestra buena acción se habrá transformado en algo interesado. Séneca reflexionó sobre esta cuestión: “Para obrar, el que da debe olvidar pronto, y el que recibe, nunca”.

Johann Wolfgang Goethe tampoco obvió escribir al respecto. El autor alemán resaltó que es muy común recordar que alguien nos debe agradecimiento, pero es más común no pensar en quienes le debemos nuestra propia gratitud.

Afortunadamente, los escritores nos han regalado numerosos poemas de agradecimiento para que los hagamos propios y los retransmitamos. “Gratitud”, de Oliverio Girondo, y “Otro poema de los dones”, de Jorge Luis Borges, son dos ejemplos de poetas agradecidos. Imitémoslos y dediquemos bellas palabras a quienes se las han ganado con su bondad y con su solidaridad.