Al hablar de la literatura inca, lo primero que hay que tener en cuenta es que los incas no tenían una lengua original, sino que apelaban a distintos dialectos nativos hasta que adoptaron al quechua como idioma oficial. De esta forma, fue impuesto en todo el imperio, aún en las regiones que hablaban otras lenguas.

AmautaEn la actualidad, el quechua todavía es hablado en distintas poblaciones indígenas de Perú, Ecuador, Colombia, el norte de Chile y el norte de Argentina.

Volviendo a la literatura inca, es importante destacar que no ha quedado ningún registro escrito de sus textos literarios. Los incas no contaban con un sistema de escritura ideográfica, sino que utilizaban los quipus (hilos de distintos colores que se anudaban de diversas formas). El sistema de los quipus permitía, por ejemplo, llevar la contabilidad del imperio, aunque no era útil para expresar ideas abstractas.

Por lo tanto, los testimonios de la literatura incaica que se conservan en la actualidad pertenecen a su tradición oral y a las transcripciones realizadas por los conquistadores españoles o a sus cronistas como Cristóbal de Molina (conocido como El Cuzqueño), el Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala.

La poesía de los incas se centraba en temas relacionados con la naturaleza, como las plantas, las flores y los animales. Los investigadores atribuyen esta tendencia a las actividades agrícolas que desarrollaban. Las poesías, por otra parte, solían ser acompañadas con música y danzas.

Pueden mencionarse distintos tipos de poesías: el wawaki, que era entonado por coros juveniles en las fiestas de la luna; el huahuay, un canto de lamento; el yaravía, un tipo de poesía lírica que trataba sobre el amor; el huaino, de contenido erótico; el triunfo, un canto a la victoria; y el aymoray, unos poemas que se inspiraban en la vida rural.

Por último puede mencionarse que los incas contaban con poetas oficiales de la corte, a los que denominaban amautas. Los poetas populares, en cambio, recibían el nombre de haravec.