Se dice del cuento que es el género menor, en comparación con la novela. Este es un dicho demasiado popular pero muy poco razonable. El cuento es muy diferente a la novela pero no puede ser considerado menor, ni menos capaz un escritor que cultiva este género que el otro; son cosas totalmente diferentes y en este artículo hablaremos sobre las cualidades de cada uno.

Contar historias es un deseo que nace de las profundidades del ser y se vuelve tan necesario que culmina en obras buenas o malas, pero sin lugar a dudas imprescindibles para quien las escribe. Ser escritor de cuentos o novelas es una tarea muy gratificante y ninguno de los géneros debe menospreciarse.

Diferencias fundamentales entre géneros

Las diferencias del cuento y la novela residen básicamente en el efecto que se desea causar en el lector.

Según Marina Mayoral: “La novela es como un veneno lento y el cuento, como un navajazo.” Estas palabras pueden entenderse si se comprende que en una novela se cuenta con un factor que no existe en el cuento, el tiempo, el cual permite que podamos explicar con paciencia cuanto deseamos, sin temor a que suene una alarma que diga Game Over; en el cuento debemos ser sumamente cuidadosos al narrar, utilizando el escaso tiempo con el que contamos para ofrecer una historia concisa y que deje satisfecho al lector.

Otra de las características de los cuentos es que son intensos, que presentan las cualidades de las personas impulsivas, sumamente apasionados y bruscos y que taladran por un momento la mente del lector pero no permanecen allí por mucho tiempo.

La novela, por su parte, es estable, exige constancia y una permanencia larga del lector, no puede leerse rápidamente, entonces determina una relación más íntima con el público, se mete en la vida de estos, los acompaña, los apoya, los revuelca.

La importancia del tema escogido

Lo fundamental en ambos géneros es el tema que se aborda. Es necesario escogerlo detenidamente y saber exactamente cómo se realizará el trabajo sobre dicho tema.

Según Borges un escritor no debía explayarse y escribir gruesos libros si lo que tenía para decir consistía en una exposición de pocos minutos. Aquí reside uno de los aspectos fundamentales para un escritor, si vas a escribir una novela que el argumento sea lo suficientemente atractivo como para que de aquel trabajo salga algo bueno; si vas a escribir un cuento, intenta ser claro y breve, pero sin escatimar en recursos literarios.

En un cuento es de vital importancia que el escritor sepa hacia donde va y recuerde que todo lo que se dice debe ser relevante. Horacio Quiroga dice que son tan importantes las tres primeras como las tres últimas líneas, tener en cuenta este consejo puede ser de mucha utilidad para los cuentistas.
En cuanto a la novela, el autor puede desvariar un poco más, dejar cuentas pendientes que atará quizás en el último capítulo y ser detallista y decorativo.

Los límites

En un cuento sorprender al lector puede ser una de las armas principales. La mejor forma de hacerlo es narrando un acontecimiento puntual y darle un rotundo giro en forma inesperada, que deje boquiabiertos a los lectores.

Los límites del cuento son implacables, no pueden descuidarse, y si tan sólo una frase se escapara de esos límites, conseguiría desarmar nuestra obra, podría incluso lograr que el cuento se viniera abajo.

En cierta ocasión Julio Cortázar, uno de los grandes cuentistas, estableció una analogía entre cuento y fotografía, y novela y películas. Explicó que el cuento se parece a la fotografía porque se limita a mostrar una sola secuencia, en cambio la novela muestra una sucesión de ellas.

Por otro lado una fotografía se ciñe a un orden estipulado, cerrado y coherente como lo son los cuentos, mientras que una película posee un “orden abierto”, que permite volar por espacios diversos, divagar, explayarse cómodamente.

El reducido tiempo presente en el cuento, impide que este pueda pecar de amplio, al igual que en una fotografía no puedes ubicar diferentes escenas una encima de la otra.

Los elementos accesorios no deben formar parte de un cuento, no los necesita y hasta podrían resultar molestos. El cuento se basa en hechos o acciones contundentes que son sumamente relevantes para el tema tratado.

Todos los elementos presentes en un cuento tienen una función principal, ahí reside una de las mayores dificultades del cuentista, saber qué elementos son indispensables y cuáles no, a fin de no dejar ninguno que forme parte del relleno, sino que todo tenga un buen acabado. Debe recordarse que en el cuento existe una acción que transcurre hasta desembocar en la resolución, posee un sólo núcleo en torno al cual se desarrolla la historia.

La importancia de los diálogos

El diálogo es uno de los elementos más importantes de la narrativa, conseguir que sean espontáneos y frescos es todo un trabajo al que se le debe dedicar mucho tiempo. Por eso, antes de empezar a escribir es necesario saber cuál es la importancia que ese elemento tiene en el tipo de obra que se desea encarar.

En un cuento, al tener un tiempo limitado, es necesario calibrarlo todo y determinar qué cosas y cuáles no son relevantes. En lo que respecta a los diálogos, en un relato breve aquellos que aparezcan deben ser de suma importancia, estar especialmente relacionado con el acontecimiento principal, subordinado a la trama y hallarse amalgamado íntimamente con el desarrollo de los hechos.

En una novela, en cambio, no todos los diálogos son imprescindibles o reveladores, de hecho, en muchas casos ninguno de ellos lo es; sin embargo el talento del escritor en lo que se refiere a diálogos, radica en saber cuáles son aquellas conversaciones que están de más.

El sobrante en una novela no está dado por la irrelevancia o no de lo que se dice, sino por la repetición o lo reiterativo. Es importante no cansar al lector y por eso llenar páginas con diálogos que no aporten más que ideas ya explayadas, sólo conseguirá alejarlo de la lectura y aburrirse soberanamente.

Les dejo un vídeo de uno de los cuentos de Andrés Neuman, perteneciente a su último libro “Hacerse el muerto”.