Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

Horacio Quiroga es seguramente uno de los mejores cuentistas latinoamericanos. Además de haber sido un apasionado de la vida salvaje; cosa sumamente atractiva para quienes nos volvemos locos ante la presencia de animalitos de otras especies.

Creo que no hace falta más presentación; todos conocemos su maestría y hemos disfrutado, y seguimos haciéndolo, con sus historias. Pero debemos recordar que, además de cuentista, era periodista y escribió interesantes notas acerca de la vida en la selva, entre otros tópicos.

Y entre sus escritos se encuentran muchos textos relacionados con el arte de escribir. En este artículo hablaremos sobre dos de ellos: su decálogo del perfecto cuentista y un artículo en el que escribe acerca de la retórica del cuento. Espero que les resulte interesante.

El decálogo del perfecto cuentista

Si bien este decálogo escrito por Quiroga puede tener un tinte de ironía y de humor, los consejos que presenta no son necesariamente desechables. El propio Horacio aceptó que no había sido escrito con una completa seriedad, pero que sí creía en muchas de las cosas que en él expuso.

La ironía lo lleva a presentar el decálogo de una forma que emula la lista de los 10 mandamientos. Tal es así que comienza diciendo que es necesario creer en un maestro como si se tratara del mismo dios. Entre los posibles autores en los que está convencido que hay que creer se encuentran Poe, Kipling, Chejov y Maupassant.

Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

Y la forma en la que recomienda adherirse a esos autores es considerando que nunca llegaremos a alcanzar su maestría, que no dominaremos el arte como ellos lo hacen. Asegura que solamente pensando de este modo podremos conseguir un estilo literario sólido. Y descubrir, en un determinado momento (sin siquiera buscarlo), que lo hemos conseguido; que somos capaces de escribir casi como ellos, y que no lo sabíamos.

Más adelante recomienda que amemos nuestro arte como a nuestra propia novia, ofreciéndole todo el corazón y confiando no en nuestra capacidad para triunfar sino en ese ardor que nos sobrepasa y que nos motiva a desear dicho triunfo. Teniendo en cuenta estas dos cosas: una dedicación absoluta y una pasión irrefrenable, podemos ponernos en camino.

Expresa también que es fundamental comenzar la historia sabiendo hacia dónde nos dirigimos; porque, dice, en un cuento, las tres primeras palabras son tan relevantes como las tres últimas.

Es gracioso cuando recomienda evitar las adjetivaciones sin necesidad, porque expresa:

Gracioso pero muy atinado; es necesario encontrar el adjetivo preciso que vendrá con su propio color y no tendremos que ponernos en su búsqueda. Y también recordar que ciertas palabras no necesitan un énfasis que afirme sus características, se representan perfectamente a sí mismas en solitario.

Continúa recomendando que evitemos las distracciones y que tengamos siempre presente que un cuento es una novela depurada de ripios, aunque no sea del todo así…

Y concluye diciendo que es importante encerrarse en uno mismo al escribir; sin pensar en la impresión o no que causará nuestra historia. Enfocándonos únicamente en ese pequeño universo donde se desenvuelven nuestros personajes. Porque de este modo, podremos dotar al cuento de lo más imprescindible: la vida.

Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

El silencio es animador

Quiroga era un verdadero devoto del silencio. Por algo se alejó de la vida rutinaria de la ciudad, para emprender una supervivencia en medio de la selva. Pese a ello, parecía necesitar de la comunicación y esto es posiblemente lo que lo llevó a escribir decenas de consejos para los que iniciaran sus pasos en el mundo de la literatura.

Decía que, al poner en palabra sus consejos, animado por el silencio siempre animador de la literatura, tenía la leve ilusión de que detrás de uno de esos trucos para los aspirantes al arte de escribir, se gestara en las sombras un cuento revelador.

En este segundo artículo, Quiroga habla de la vulnerabilidad al escribir. De esa necesidad de sentirnos desnudos para poder escribir sobre aquello que ignoramos.

Esta forma de entender la escritura me ha recordado algo que le escuché decir a Rosa Montero y con lo que estoy completamente de acuerdo. Decía que escribimos de lo que no sabemos, porque la literatura es una de las formas que algunos encontramos de preguntarnos acerca de la vida y de las experiencias. Y en este sentido, cabe agregar que algunas personas escribimos porque solo concebimos el sentido del sinsentido de la vida detrás de las palabras. De ahí que me haya resultado útil este consejo de Quiroga. Creo que despojarnos de lo que sabemos para encarar la escritura, es una de las mejores actitudes que podemos tomar al escribir.

No es necesario crear una forma de reentender los viejos cánones establecidos en torno este oficio. Desde hace siglos, desde la literatura de los primeros balbuceos de la civilización, ya se entendía absolutamente de qué iba el cuento. Era ni más ni menos que el relato de una historia lo suficientemente breve como para captar la atención de los oyentes. Hoy lo concebimos (o deberíamos) de igual manera.

Sin embargo, algo ha cambiado. Y es la forma que le damos a dicho relato, las exigencias que de él se tienen. Ya que hoy, una escena trunca, un incidente, una simple situación sentimental, moral o espiritual, cuenta con los elementos suficientes como para que en base a ellas se construya un cuento.

Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

El cuento a lo largo de los siglos

Pero la creación narrativa en torno al cuento no ha variado tanto. Continúan exigiéndose de ella dos cosas fundamentales: que el autor sea capaz de transmitir de forma viva y sin demasiadas vueltas sus impresiones; y que la historia cuente con la soltura, la energía y la brevedad capaces de cautivar a los lectores. Esa brevedad que ha definido al cuento desde sus orígenes.

El resto de los géneros narrativos ha ido cambiando su estructura en torno a las modas de cada momento y a un conjunto de otras variables, pero el cuento ha permanecido firme en su esencia integral. Siendo requisitos de su forma el ser natural, normal e irreemplazable de contar.

Para terminar, me quedo con la frase con la que Horacio concluye su artículo. Dice así:

Horacio Quiroga, acerca del cuento y su retórica

Comentarios1

  • macridi

    Muchas gracias por este interesante artículo sobre el gran narrador Horacio Quiroga, y su decálogo sobre el perfecto cuentista. Lo he leído durante toda mi vida; como niña, adolescente, como madre y abuela. Hoy, algunos amigos que han leído algo de mi escasa obra literaria, le atribuyen alguna de sus características. Lo cierto es que he leído a muchos grandes escritores de la literatura universal, entre ellos a Chejov, al que ahora sé que admiraba. Mi saludo y agradecimiento por la oportunidad de saber algo más sobre los grandes autores. Cristina Díaz :macridi



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