Antes de sentarte a escribir tu primera novela es importante que tengas claro de qué género será. Debes tener en cuenta qué estilo se te da bien, porque no todos valemos para cualquier estilo literario, se trata de encontrar nuestro lugar en el mundillo.

Es importante que siempre tengas presente los obstáculos del camino y que busques maneras de sobre ponerte a ellos, no permitas que el agobio, el aburrimiento, o las sensaciones de frustración interfieran en tu afán de escribir, y continúa hasta conseguir exponer la idea que tienes. No permitas que el paso del tiempo te desgaste y te haga abandonar el camino.

 

¿Por qué escribes?

Una de las cuestiones primeras para convertirse en escritor es tener claro para qué se quiere escribir. Hay personas que lo hacen porque simplemente no conciben la vida de otro modo, porque no pueden pensarse sin un boli en la mano, otras porque buscan fama y aprovechan ciertas condiciones naturales de expresividad escrita para conseguirlo. Debes preguntarte: ¿por qué quiero escribir?, ¿Quiero ser conocido, vender una novela o simplemente ser feliz con las letras?.

Con los objetivos claros, será mucho más sencillo sentarte a escribir, entonces debes planificar tu primer proyecto y una vez que tengas todo organizado, comenzar a escribir tu obra.

Planifícate el tiempo que dedicarás a escribir, intenta plantearte un objetivo mínimo que estés seguro que puedas cumplir, por ejemplo si son 20 minutos, comprométete con que ese tiempo sólo te dedicaras a tu novela. Además, decide cuánto tiempo te llevará escribirla, pero intenta extender un poco más las expectativas que lo que en realidad crees que tardarás, para no frustrarte si no consigues los objetivos.

 

 

La importancia de ser claro

Recuerda siempre que, pese a que en la vida real los acontecimientos suelen hallarse desordenados y causar cierto caos a nuestro alrededor, en una novela debe haber un orden; de lo contrario, no conseguirás una obra homogénea y los lectores se cansarán fácilmente, eso si tienes la suerte de que alguien opte publicarte.

Para armar la estructura de una novela debes tener en cuenta: escenarios, tiempos en los que se desarrollará la acción, personajes principales y secundarios, y todo lo que incluirás en ella. Puede servirte de mucha ayuda escribir en una hoja una breve sinópsis de la novela y armar un mapa de los personajes, donde utilizando flechas estableces las relaciones que existen entre cada uno de ellos. En cuanto al argumento, debes tener claro qué contarás y mínimamente las acciones más importantes que se desarrollarán durante la historia; puede servirte también realizar un cuadro con la distribución de capítulos y lo que ocurrirá en cada uno, a fin de tener todo más claro y ya ponerte a escribir sabiendo qué cosas son las que quieres contar en cada momento de la obra.

Recuerda que una novela es una historia que debe ocurrir frente a los ojos del lector, y depende de tu ingenio y tu capacidad de redacción que éste se sienta atrapado y tenga ganas de continuar leyendo. Debes intentar que el lector pueda ver, oír y sentir lo que ocurre en la obra. Lo ideal es buscar una escritura adecuada al género del que se trate, las descripciones pueden ser fundamentales en una novela de ciencia ficción, pero si se trata de una obra de acción, el exceso de descripciones detalladas puede resultar molesto, por eso es importante encontrar un equilibrio.

 

 

Las partes de una novela

No hay una forma única para comenzar la novela, se trata de dejarse llevar por la intuición y saber buscar el comienzo más atractivo, a fin de que el lector no se quiera despegar de las páginas. Piensa que el comienzo de una historia es uno de los pilares en los que se desarrollará el resto, entonces es muy importante comenzar con el pie derecho, enfocarse en lo que importa y presentar una obra que interese desde el primer momento.

Puede ser un buen comienzo tanto una descripción detallada de un espacio o de las sensaciones de un personaje, como una acción violenta o intrigante, depende de qué historia quieras contar y de qué vendrá después de ese comienzo.

Pese a lo antes dicho, hay una regla que sí puede servirte para el comienzo, es muy importante que al presentar la obra dejes abiertas ciertas puertas, que el lector se pregunte determinadas cosas acerca del personaje o lo que acabas de enumerar, de este modo interesas al lector y continuará la lectura.

Una vez tienes la primera parte de la historia, debes cuidar el ritmo, no te pierdas en páginas y páginas que no aporten nada al lector, todo debe ofrecerle algo. Evita las descripciones redundantes, sé conciso si puedes serlo y descriptivo siempre que sea necesario.

El ritmo de una novela es tan importante como el orden, por eso presta atención; relee varias veces cada capítulo y trata de ponerte en el lugar del que lo leerá, intenta ofrecer una historia que juegue con la tensión entre los personajes y las acciones, que tenga un climax notable y que su desenlace deje una buena sensación en el lector. No seas previsible, eso no gusta, intenta sorprender pero capturando los deseos del lector a fin de que tu obra guste de verdad.

Por último, trabaja mucho el desenlace de la historia. Si quieres ser sorpresivo, intenta no caer en lo típico: sorpresas rotundas que decepcionan al lector o finales demasiado trágicos que dejan un nudo en el pecho y en verdad no convencen. Tu desenlace debe ser interesante, debe conseguir que el lector termine la lectura y desee releer sino todo el libro, partes del mismo.

Es de vital importancia que una vez se sabe cómo acabará la historia, el autor lleve el desarrollo de las acciones a fin de que todas apunten a iluminar ese final. La sorpresa está muy bien, pero debe ser creíble, y la forma de conseguirlo es presentando acciones que la vuelvan verosímil, puedes hacerlo de forma escueta, inadvertida, pero lógica, entonces al terminar la historia el lector podrá decir: ¡Ah, claro, por eso pasó esto o tal dijo aquello!

Busca que el desenlace de tu historia consiga que todo en ella cobre sentido; y por sobre todo evita presentar personajes nuevos sobre el final que no aportarán nada al desenvolvimiento de los hechos. Y ahora volvemos a lo del principio: intenta por sobre todo ser coherente, creíble y atractivo.