Buena compañiaAh…, yo no sé qué pensar. Hay dolores que matan. Hay oscuridades dentro del alma que lo llevan a uno a tener malos pensamientos.
Cómo el ambiente va subiendo por el ánimo de la gente cual si fuera hiedra que se afana por el muro.
Y tú escuchas a la gente murmurar, hablar de los demás, contar, sacar a la luz sus pobrezas espirituales, como si estuviera libre de pecados.
Ah …, la gente que esparce habladurías, porque es así, yendo contra su prójimo, como se siente bien. ¡Quién diría!
Y tú sabes que a veces estás solo, porque las personas que te rodean, no son sino fantoches, seres con máscaras que nunca te tenderían una mano pues en el fondo abrigan la esperanza de que todo te vaya sinceramente mal.
Y es por eso, porque la gente mala es una de las causas de tu tristeza, que debes buscar la compañía de aquellos seres que intentan, al menos, ser justos.
Sobre todo, escoge la compañía de quienes ven más allá de tus ojos, y te hacen ligera la tarde con una conversación animada por los chistes.
Ah…, que vivan los graciosos.
Que viva aquella gente casi inocente, cuya sola intención es hacer reír a los demás.
Que viva, pues, el chiste.
Cuánta alegría sube a sus rostros cuando tú celebras su gracia, su talento natural para saber contar los chistes que otros no saben.
Un poco más, y te hacen olvidar aquellas cosas…
Cuesta llevar el fardo de la mala fe de los otros, los intolerantes, los ofuscados, los que están siempre en el borde de la cólera. Y es pesada la carga de los chismosos que hablan de tu vida porque su pasión es contar, murmurar a tus espaldas, añadir más fósforos encendidos a la circunstancia aquella que hizo rodar tu nombre de boca en boca.
Y es tan fácil andar en compañía de los sencillos, de los que te abren su corazón sin que tú les digas nada, y te dicen que sí, que ellos también tienen sus días malos, aunque le dan pelea a la tristeza, porque a ella hay que pelearla duramente.
De manera que ya sabes.
Hay gente mala. Y a esa gente mala, que vino al mundo para que se cumpliera lo que estaba escrito en tu diario personal, digamos, debes rehuir.
Busca parecerte a la gente buena.
La bondad te hará mucho bien.
Pero te hará más bien buscar la compañía de los justos, pues de ellos aprenderás infinidad de verdades.
A veces pasas noches sin dormir, y eso que arrastras un cuerpo cansado de tanta faena.
A veces la angustia te come los huesos.
Y nadie te socorre.
Es que te equivocaste de gente.
Apártate de los frívolos.
Huye de los mentirosos y de los fatuos.
Busca la compañía de los humildes, de los sanos de conducta.
No sea que la tristeza te borre el rostro.
El mundo está dividido en dos.
Deja la otra mitad para quienes sólo saben vivir con el odio en el corazón.
Por lo demás, mañana es otro día.