Franco Zafir

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El Muro de Franco Zafir55

  • Franco Zafir

    https://www.youtube.com/watch?v=FYBwNcTeY7M

    Like countless other well-educated German lads, Friedrich Nietzsche took up the piano as a child, and immersed himself in the world of Beethoven and Schumann. But unlike most of them, he pursued music with a single-minded devotion which would later distinguish his philosophical writings. During his teenage years he composed fugues, sonatas and fantasies, as well as more ambitious works such as a Mass, a Miserere, even a Christmas Oratorio: a sublime irony coming from one whose most infamous pronouncement would be that ‘God is dead. We have killed him.’

    University studies in Basel put paid both to his Christianity, but when he returned to composition he wrote songs which are now the best-known part of his own music, and have received several recordings. Having composed the Hymn to Friendship in 1874, at the ripe age of 24, he gave up writing music for several years but returned to itlater in life, and he could still play Beethoven sonatas by heart once afflicted by the ravages of syphilis.

    Composer : Friedrich Nietzsche
    Artist : Jeroen van Veen, piano

    • Franco Zafir

      Hammock,
      "Cold Front" (Departure Songs) HQ

      https://www.youtube.com/watch?v=GHfWvCiIizc&index=24&list=RDNsnmK1ibPSA

      • Franco Zafir

        Chopin: Piano Concerto No. 1 in E minor, Op. 11 (2010)

        Jacek Kaspszyk, conductor
        Martha Argerich, piano
        Sinfonia Varsovia Orchestra

        https://www.youtube.com/watch?v=MkrwU5Pd93c

        • Franco Zafir

          Chopin
          Sonata No. 2, Opus 35
          Khatia Buniatishvili, piano

          https://www.youtube.com/watch?v=to8yJRPq6H4

          • Franco Zafir

            ATTUNEMENT
            Constance Demby
            1 -10 (full album)

            https://www.youtube.com/watch?v=EZdLGyhAlII&list=PLTLRVu-gabnj7K1wugRi266pTQJVBoSyk

            • Franco Zafir

              Relaxing Armenian music with duduk.
              https://www.youtube.com/watch?v=y5tcbD5in7k

              • Franco Zafir

                Hay estridencias adictivas.

                https://www.youtube.com/watch?v=u2Rtd4tnFwU

                • Franco Zafir

                  https://www.youtube.com/watch?v=ED5-QGuxJs8

                  Shostakovich: Symphony No. 11 in G minor, "The Year 1905"

                  Maestro Hugh Wolff conducts New England Conservatory's Philharmonia in a performance of Dmitri Shostakovich's Symphony No. 11 in G minor, "The Year 1905." This performance took place at Symphony Hall, Boston, on 23 April 2014.

                  About New England Conservatory

                  A cultural icon that will mark its 150th anniversary in 2017, New England Conservatory (NEC) is recognized worldwide as a leader among music schools. Located in Boston, Massachusetts, NEC offers rigorous training in an intimate, nurturing community to undergraduate, graduate, and post-graduate music students from around the world.

                  The only conservatory in the United States designated a National Historic Landmark, NEC presents more than 1000 free concerts each year. Many of these take place in Jordan Hall (which shares National Historic Landmark status with the school), world-renowned for its superb acoustics and beautifully restored interior.

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                  • Franco Zafir

                    Mientras nos instalábamos en el coche para emprender el largo
                    recorrido, con los limpiaparabrisas funcionando rítmicamente, me dijo que se alegraba de que yo fuera «el científico aquel» porque tenía muchas preguntas sobre ciencia. ¿Me molestaba?
                    No, no me molestaba.

                    Y nos pusimos a hablar. Pero no de ciencia. Él quería hablar de los
                    extraterrestres congelados que languidecían en una base de las Fuerzas
                    Aéreas cerca de San Antonio, de «canalización» (una manera de oír lo que hay en la mente de los muertos... que no es mucho, por lo visto), de cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín... Presentaba cada uno de estos portentosos temas con un entusiasmo lleno de optimismo. Yo me veía obligado a decepcionarle cada vez.

                    —La prueba es insostenible —le repetía una y otra vez—. Hay una
                    explicación mucho más sencilla.

                    En cierto modo era un hombre bastante leído. Conocía los distintos
                    matices especulativos, por ejemplo, sobre los «continentes hundidos» de la Atlántida y Lemuria. Se sabía al dedillo cuáles eran las expediciones
                    submarinas previstas para encontrar las columnas caídas y los minaretes rotos de una civilización antiguamente grande cuyos restos ahora sólo eran visitados por peces luminiscentes de alta mar y calamares gigantes. Sólo que... aunque el océano guarda muchos secretos, yo sabía que no hay la más mínima base oceanográfica o geofísica para deducir la existencia de la Atlántida y Lemuria. Por lo que sabe la ciencia hasta este momento, no existieron jamás. A estas alturas, se lo dije de mala gana.

                    Mientras viajábamos bajo la lluvia me di cuenta de que el hombre
                    estaba cada vez más taciturno. Con lo que yo le decía no sólo descartaba una doctrina falsa, sino que eliminaba una faceta preciosa de su vida interior.

                    Y, sin embargo, hay tantas cosas en la ciencia real, igualmente
                    excitantes y más misteriosas, que presentan un desafío intelectual mayor... además de estar mucho más cerca de la verdad. ¿Sabía algo de las moléculas de la vida que se encuentran en el frío y tenue gas entre las estrellas? ¿Había oído hablar de las huellas de nuestros antepasados encontradas en ceniza volcánica de cuatro millones de años de antigüedad? ¿Y de la elevación del Himalaya cuando la India chocó con Asia? ¿O de cómo los virus, construidos como jeringas hipodérmicas, deslizan su ADN más allá de las defensas del organismo del anfitrión y subvierten la maquinaria reproductora de las células; o de la búsqueda por radio de inteligencia extraterrestre; o de la recién descubierta civilización de Ebla, que anunciaba las virtudes de la
                    cerveza de Ebla? No, no había oído nada de todo aquello. Tampoco sabía nada, ni siquiera vagamente, de la indeterminación cuántica, y sólo reconocía el ADN como tres letras mayúsculas que aparecían juntas con frecuencia.

                    El señor «Buckiey» —que sabía hablar, era inteligente y curioso— no había oído prácticamente nada de ciencia moderna. Tenía un interés
                    natural en las maravillas del universo.
                    Quería saber de ciencia, pero toda la ciencia había sido expurgada antes de llegar a él. A este hombre le habían fallado nuestros recursos culturales, nuestro sistema educativo, nuestros medios de comunicación. Lo que la sociedad permitía que se filtrara eran principalmente apariencias y confusión. Nunca le habían enseñado a distinguir la ciencia real de la burda imitación. No sabía nada del funcionamiento de la ciencia.

                    CARL SAGAN, El mundo y sus demonios.

                    • Franco Zafir

                      CRASO ERROR

                      Un Gran Diseñador
                      del mundo y la vital naturaleza
                      es llano y craso error,
                      un vuelco en la cabeza,
                      hipótesis vacía de certeza.

                      Franco Zafir




                      T. H. Huxley, el defensor y popularizador más efectivo de la evolución en el siglo diecinueve, escribió que las publicaciones de Darwin y de Wallace fueron como “un rayo de luz, que a un hombre que se ha perdido en una noche oscura revela de repente un camino que tanto si le lleva directamente a casa como si no, es indudable que va en su dirección... Cuando dominé por primera vez la idea central de 'El origen de las especies' mi reflexión fue: ¡Qué increíblemente
                      estúpido por mi parte no haber pensado en esto! Supongo que los compañeros de Colón dijeron más o menos lo mismo... Los hechos de la variabilidad, de la lucha por la existencia, de la adaptación a las condiciones eran del dominio de todos; pero ninguno de nosotros sospechó que el camino hacia el centro mismo del problema de las especies pasaba entre ellos, hasta que Darwin y Wallace eliminaron las tinieblas”.

                      Muchas personas quedaron escandalizadas, algunas todavía lo están, ante ambas ideas: la evolución y la selección natural. Nuestros antepasados observaron la elegancia de la vida en la Tierra, lo apropiadas que eran las estructuras de los organismos a sus funciones, y consideraron esto como prueba de la existencia de un Gran Diseñador. El organismo unicelular más simple es una máquina mucho más compleja que el mejor reloj de bolsillo. Y sin embargo los relojes de bolsillo no se montan espontáneamente a sí mismos, ni evolucionan por lentas etapas e impulsados por sí mismos, a partir por ejemplo de relojes abuelos. Un reloj presupone un relojero. Parecía fuera de lugar que los átomos y las moléculas pudiesen reunirse espontáneamente de algún modo para crear organismos de una complejidad tan asombrosa y de un funcionamiento tan sutil como los que adornan todas las regiones de la Tierra. El hecho de que cada ser vivo estuviera especialmente diseñado, de que una especie no se convirtiera en otra especie, era una noción perfectamente consistente con lo que nuestros antepasados, provistos de una limitada documentación histórica, sabían de la vida.
                      La idea de que cada organismo hubiese sido construido meticulosamente por un Gran Diseñador proporcionaba a la naturaleza significado y orden, y a los seres humanos una importancia que todavía anhelamos. Un Diseñador constituye una explicación natural, atractiva y muy humana del mundo biológico. Pero, como demostraron Darwin y Wallace, hay otra explicación igualmente atractiva, igualmente humana y mucho más convincente: la selección natural, que hace la música de la vida más bella a medida que pasan los eones.

                      La evidencia fósil podría ser consistente con la idea de un Gran Diseñador; quizás algunas especies quedan destruidas cuando el Diseñador está descontento con ellas e intenta nuevos experimentos con diseños mejorados. Pero esta idea es algo desconcertante. Cada planta y cada animal está construido de un modo exquisito; ¿no debería haber sido capaz un Diseñador de suprema competencia de
                      hacer desde el principio la variedad deseada? Los restos fósiles presuponen un proceso de tanteo, una incapacidad de anticipar el futuro, lo cual no concuerda con un Gran Diseñador eficiente (aunque sí con un Diseñador de un temperamento más distante e indirecto).


                      (Cosmos, por Carl Sagan, 1980, pp. 28, 29.)

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