La escritura consecuente

Joaquim Manuel Magalhães Si la percepción en España de nuestra propia literatura está, entre otros factores, coartada por su presencia en los mass media y la lógica comercial de la difusión, en mayor grado así ocurre con la elaborada en otras lenguas, hasta el punto de inducirnos a tomar por realidad lo que apenas es fragmento cuando, claro es, una serie de icebergs distan mucho de ser la Antártida.
La poesía portuguesa actual, pese a su cercanía o acaso por ella, no es una excepción a esta regla devoradora, tan paradójica en nuestra cacareada era de la información y la “globalización”. Sirvan como ejemplo de esto último dos de las páginas web más importantes, por su caudal informativo y sus numerosos enlaces, sobre literatura portuguesa: Projecto Vercial y Jornal de Poesia. En ninguna de ambas figuraban poetas como João Miguel Fernandes Jorge, Fátima Maldonado o Joaquim Manuel Magalhães quienes, junto con otros como Sophia de Mello Breyner Andresen, Eugénio de Andrade, Jorge de Sena o Herberto Helder, se me antojan más que necesarios para comprender la poesía portuguesa actual.
Para complicar las cosas, la necesidad de las traducciones; esa puerta, para tantos, indispensable para acceder a lo escrito en otro idioma. De momento, y en el caso de Joaquim Manuel Magalhães, sólo disponemos, que sepa, de Consecuencia del lugar (Signos. Huerga y Fierro Editores. Madrid, 1998), cuidada antología bilingüe a cargo de José Ángel Cilleruelo. Demasiado poco para alguien que, además de su labor creadora, destaca por una especialísima preocupación por la poesía española y su traducción: Poesia Espanhola de Agora (Relógio d’Água. Lisboa, 1997), Trípticos Espanhóis 1º (Relógio d’Água. Lisboa, 1998), donde traduce a José Luis García Martín, Abelardo Linares y Julio Martínez Mesanza; Trípticos Espanhóis 2º (Relógio d’Água. Lisboa, 2000), con José Ángel Cilleruelo, Vicente Valero y Diego Doncel; Poesia Espanhola. Anos 90 (Relógio d’Água. Lisboa, 2000).
Alta noite em alta fraga de Joaquim Manuel Magalhães (Peso de Régua, 1945), editada ya hace un lustro (Ed. Relógio d’Água. Lisboa, 2001), es el último poemario de un autor consecuente ante todo consigo mismo. Un poemario que sucede a Os dias, pequenos charcos (Presença. Lisboa, 1981); Segredos, sebes, aluviões (Presença, 1985), Alguns livros reunidos (Contexto. Lisboa, 1987) compilador de su obra inicial desde 1974; Uma luz com um toldo vermelho (Presença, 1990) y A poeira levada pelo vento (Presença, 1993). También al magnífico libro de viajes por las Azores, mixtura de fotografía, prosa y poesía, Do Corvo a Santa Maria (Relógio d’Água, 1993).
En Alta noite em alta fraga la poesía es concebida como un guiño de seducción, tanto para el lector habitual de este género como para el menos acostumbrado: “Mejor sería que jamás me leyesen / los que habitúan leer poesía. / Más que a ellos conseguir hablar / a quien llega a casa y prefiere el alcohol… / No ser leído por quien lee. Solamente / por quienes buscan cualquier cosa / rugosa y rápida… / Que un poema mío les pudiese donar, / además de muerte, / un alivio semejante al quitarse los zapatos / que tanto aprietan los pies descaminados.”, escribe en el poema Sangramento (discúlpeseme la traducción, así como las siguientes). Toda una declaración coherente con el repudio de aquella parte de la poesía contemporánea que ha pretendido minoritizar la poesía, hacerla reducto de iniciados, secta. Con un tono coloquial (bien que en desuso pues, como él mismo me dijo, las personas y las cosas ya han perdido esos nombres), Joaquim Manuel Magalhães nos habla de circunstancias y paisajes, de lo ganado y lo perdido, de la madurez y de la infancia, de relaciones sociales y sentimentales, de la ilusión y el desencanto. Y lo hace, sabedor de que, como nos dice un verso de Herberto Helder, “el poema se hace contra la carne y el tiempo”, mediante una ligazón asociativa entre la interioridad y lo externo. Valgan, por clarificadoras, las siguientes palabras de José Ángel Cilleruelo en el prólogo de Consecuencia del lugar: “El atractivo que presenta para el lector la poesía de Joaquim Manuel Magalhães no se desvela mediante la enumeración de estas u otros características, sino en la sorprendente conjunción de todas ellas: lo subjetivo con lo narrativo, lo sentimental con lo descriptivo. Es la suya una poesía arraigada al mismo tiempo en la realidad –-a la que apunta obsesivamente su escritura mediante la narración y la descripción–- y en la percepción subjetiva –-de donde parte el foco que ilumina cuanto merece escribirse y el valor metafórico que posee–-.”
La poesía de Alta noite em alta fraga es, además, y que nadie se asuste, una poesía social, pero no en el sentido estrecho en que ha sido normalmente empleado el término (correspondiendo con lo que en Portugal se denominó “poesía neorrealista”), sino en su sentido más completo y noble: todo cuanto atañe al ser humano es social por naturaleza, como puede apreciarse en poemas como Valvulina, Um pano turvo, Páramo o Laminagem (“Y muchos han de ser siempre las víctimas / de la libertad que consiente la violencia, / de la violencia no consiente la libertad. / Un asesino el país. Con sus leyes / inútiles, su orden por cumplir./ ¿Sólo nos queda entonces morir?”). Una poesía que, pese a la desazón que a menudo transpiran los versos (“A veces sentimos que fecundamos a alguien / con lo contrario de la vida”, “sabemos que para ningún dios / valen las preces, que todo acaba aquí”, “defiéndete de la traición de la palabra feliz”…), propende a la rebeldía. ¿Y qué mayor rebeldía que el amor?, ¿del amor tan vívido en poemas como Mãe-da-luna, Arqueiro o Adiafa?
Pero en este último libro de Joaquim Manuel Magalhães, unas veces de modo explícito, subliminal otras, hay también un constante diálogo con el lector (“Escribo estos versos de memorias / alejado ya. / Cada palabra se mezcla con todas. / Mas recuerda que pensé siempre, / lector, jardín abierto, / de algún modo en ti.”) y una reflexión sobre la poesía. No en vano la labor creativa del autor se complementa con la crítica y la docencia literarias (Os dois crepúsculos, 1981; Dylan Thomas, 1982; Um pouco da morte, 1989; Rima pobre, 1999). El bellísimo poema Arqueiro constituye una verdadera autopoética: “Y todo en los poemas es supuesto / salvo quien los escribe. / Aunque dentro de las palabras / yo recibiese en encantamiento, / en un mundo límpido, el fraude, / la herrumbre, el hollín, la agresión (…) / Mas nunca, eso no, / lo abstracto de la autorreferencialidad, / como retardados teóricos / aún hoy manejan.”
En esto, como en lo demás, hay un compromiso ético individual, una coherencia discursiva que no se desenvuelve ajena a los valores prosódicos. Alta noite em alta fraga es un poemario que no debiera quedar inédito en nuestra lengua. ¿Alguien se dará por avisado? Y, apropiándome de sus palabras, “con esto, ya ves, quería seducirte, / lector que siempre desconoceré”.

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Comentarios1

  • martin

    hola como estas amigo, me gusta bastante tu lectura



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