Tríptico para un amor incrédulo
I. El Beato
Al fin aparecerá el santo.
Emergerá su figura famélica
sobre las sobras blancas de un lunes cualquiera.
Me dará su bendición,
su rezo antiguo en el oído izquierdo
y me pedirá que selle mi fe
con una ronda de veladoras.
De ese lunes cualquiera
me convertiré
hasta el último viernes de botellas
y diablillos empotrados en las paredes.
Besaré y versaré sobre tu frente húmeda
para que el sábado me llueva
el milagro de tu amor.
Y al domingo de escapularios
le entregaré la promesa
escrita en pergaminos de salvación.
II. El Beodo
Aparecerá el santo.
Famélico, sobre las sobras de un lunes.
Me soplará un rezo viejo en la misma oreja
y me cobrará la fe en veladoras.
De lunes a viernes me volveré botella
con diablillos empotrados.
El sábado te besaré la frente húmeda
a ver si llueve tu milagro.
El domingo le firmaré al escapulario
mi promesa en pergamino.
III. El Tanatólogo
Mujer...
y si por ociosidad me preguntas
para qué sirve el formaldehído,
te diré:
para besarte, besarte y besarte
desde la punta de tus pies
hasta la coronilla despistada
de tu adornada testa.
Besarte, besarte, besarte... al fin.
¡Oh, mujer!
Hasta que brille en la memoria
la más perfecta taxidermia del deseo.
Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos
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Autor:
Racsonando (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de agosto de 2026 a las 19:51
- Comentario del autor sobre el poema: Hay amores que se confían a la fe. Otros buscan refugio en la embriaguez. Y existen aquellos que, derrotados por el tiempo, intentan sobrevivir únicamente en la memoria. "Tríptico para un amor incrédulo" reúne esas tres estaciones del deseo en una composición donde el humor, la ironía y la intensidad poética conviven con sorprendente naturalidad. En El Beato, el amor se convierte en rito: santos, veladoras, escapularios y pergaminos levantan una liturgia íntima donde el milagro esperado tiene un solo nombre: la mujer amada. La devoción religiosa se desplaza hacia la devoción amorosa, revelando que, en el fondo, toda esperanza es una forma de oración. El Beodo ofrece el reverso de esa misma escena. La solemnidad cede el paso a una voz más sobria precisamente porque ha aprendido a reírse de sus propias ceremonias. El poema se despoja de adornos para descubrir que, aun entre botellas y viejos rezos, el deseo continúa buscando el mismo milagro imposible. Finalmente, El Tanatólogo lleva la metáfora hasta su límite más inquietante y hermoso. El formaldehído deja de pertenecer al lenguaje de la ciencia para convertirse en símbolo de la memoria obstinada. Allí el beso ya no intenta vencer el rechazo ni el olvido, sino preservar aquello que el tiempo inevitablemente amenaza con borrar. La imagen final —"la más perfecta taxidermia del deseo"— condensa con extraordinaria fuerza la esencia del tríptico: el amor como una lucha permanente contra la desaparición. Con su exploración simbólica, este poema transita entre lo sagrado, lo profano y lo mortuorio para recordarnos que el amor adopta innumerables máscaras, pero siempre persigue la misma aspiración: desafiar el tiempo y permanecer, aunque sea únicamente en la memoria. Porque quizás amar sea eso: inventar ceremonias, brindar con las derrotas y, finalmente, conservar intacto aquello que la vida insiste en volver ausencia.
- Categoría: Gótico
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Antonio_cuello, WandaAngel, MISHA lg, alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, Una voz, Tommy Duque, Anita del Perú., Alek Hine, Éusoj Nidlaj, Lualpri, Antonio Pais, ElidethAbreu
- En colecciones: ¡Arquitectura de la memoria y el asombro!.

Offline)
Comentarios2
Ah yo diría que el primero es santurrón, el otro el chamán medio eclesiastico, y el último el necrofílico. Un poco de humor ácido. Buen poema.
Saludos poeta Dios le bendiga.
Gracias querido poeta.
Hay cada tipo de amor que bien enuncias en este poema.
Agradecida de leerlo.
Un fraternal abrazo.
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